Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

la experiencia del 2006

La Batalla de los Medios

La batalla que la izquierda ha sostenido en los medios (no por los medios) contra la derecha, está sustancialmente perdida. No totalmente perdida, sino perdida en la sustancia, aunque no en la forma. Varios son las factores que han confluido en esta derrota, aunque aquí solamente mencionaremos tres. En primer lugar, es determinante en la citada derrota la persistencia del viejo paternalismo priísta, en segundo lugar la insuperada ideología priísta y en tercer lugar el hecho de que el control de los medios lo tiene la derecha. Como puede apreciarse con solo uno de las factores citados basta para ganar la batalla en medios.
1). La casta dirigente (a la que pertenece la casta gobernante) nos ha acostumbrado a que es ella la que resuelve la vida y todos sus anexos. Si hace falta alguna gestión para la colonia o para la comunidad (agua, drenaje, alumbrado, etc.), esa tarea se delega en algún miembro de la casta dirigente, sea de la orientación política que sea (derecha, izquierda, centro, ecolocos, etc.). Cualquier tarea de tipo social o político se acostumbra que la resuelva algún miembro de la casta política (uf ya llevamos tres castas en una). Si de organización autónoma política o social de la comunidad se trata, el tema es sumamente exótico para la mentalidad paternalista. Para el paternalismo heredado del PRI, la organización colectiva corre a cargo del gobierno, de una institución, de algún partido u organización político-social. Esa mentalidad solamente admite la posibilidad de que la gente común pueda organizarse para efectuar actos pequeños, poco trascendentes tales como expos de fotos, bailes de beneficencia o algún otro acto filantrópico-cultural.
El paternalismo priísta está profundamente enraizado, es herencia de los señoríos precolombinos que se fusionaron con los despotismos importados de Europa y se perpetuaron con los hacendados porfiristas y sus sucesores: los políticos posrevolucionarios y contemporáneos. Todos nuestros políticos, en sustancia, descienden de don Porfirio (como antecedente genealógico inmediato), no solo porque porfis consideraba al pueblo inepto para gobernarse, sino porque parten de que no hay otro camino que el de la organización política asistida por el profesional de la política. Los otros caminos, las otras posibilidades (como el de la búsqueda y construcción de la autonomía comunitaria) no son viables, no sirven o de plano no existen, por lo que ni se ven ni se oyen.
Sin proponérselo AMLO ha reeditado el viejo paternalismo priísta en su propuesta de organizar al gobierno legítimo colonia por colonia, pueblo por pueblo y barrio por barrio. Andrés Manuel estableció una estrategia de cinco puntos que podía resumirse en propagandización y apoyo de las movilizaciones convocadas por él. Toda propuesta de otro tipo de organización es desoída. No se ve ni se oye nada que no sean los cinco puntos originalmente propuestos. Pareció como si AMLO o parte de su equipo asesor no confiaran en las posibilidades de organización autónoma de la gente. Acostumbrados a que la política la hacen los políticos profesionales y desde arriba, parecieron incapaces de concebir otra estrategia en la que se incluyeran cosas como la construcción de un mercado de izquierda o una economía autonomista. Mario Di Constanzo algo propuso de eso, pero al parecer no ha tenido mucho éxito ya que toda la organización lopezobradorista se orienta hacia la grilla. Si le hiciesen caso a Di Constanzo, en vez de andar el Peje recorriendo el país para echar grilla, debiera recorrerlo tratando de organizar productores para producir y para vender lo que hacen y no solamente para la grilla.
Si la gente estuviese acudiendo al llamado de AMLO  para organizarse en torno a sus cinco puntos, no podríamos decir que esa es estrategia equivocada, es solo que la gente no está acudiendo. Eso, antes que otra cosa, es lo que obliga a cambiar de táctica y a reconceptuar al movimiento y su estrategia. La gente acude a marchas y mítines, pero se está absteniendo de acudir a llamados a la organización política en la base misma del pueblo. ¿Error del pueblo? ¿Acierto del paternalismo priísta que además cuenta con los medios a su favor?
2). Por otra parte, desde la ideología política priísta que heredamos, cuando se habla de “organización desde abajo” (como la que pretende AMLO con los acreditados del Gobierno Legítimo), se entiende que tal organización solo es posible en el marco de un proyecto político. Ni por accidente entiende que la “organización desde abajo” puede ser también la organización para la producción y comercialización comunitaria ni mucho menos para la construcción de un gobierno autónomo.
El mismo Marcos, priísta de corazón (aunque de mentalidad izquierdosa), entendió que la otra campaña era para organizar a la gente en torno al proyecto político zapatista, no para la reproducción de las condiciones que posibilitan la existencia de cierta autonomía en las comunidades zapatistas. O sea, se organiza a la gente para realizar cierto proyecto político y no para que la gente llegue a estar en condiciones de plantear su propio proyecto: esa es la ideología priísta que hasta ahora es también la base y fundamento de la izquierda.
El paternalismo priísta a lo más que llega es a idear formas de “capacitación política”, como la que se concibe con la escuela de formación de cuadros que se pretende en el D. F. como parte de los cinco puntos de AMLO. Ese paternalismo impide ver que la mejor capacitación es la que la gente puede tener en la militancia de su propia existencia. De la misma manera, la ideología del PRI entiende que todo lo que hay que hacer es organizar a la gente para que proteste, para que apoye ciertas propuestas políticas y de movilización. La política priísta entiende de turbas, de masas movilizadas pero desorganizadas usufructuadas por un líder. Se entiende la organización de la gente para la grilla, no para atender las necesidades de comida, calzado, casa, etc. ya que de eso se encarga la iniciativa privada. Para nada se permite que la gente pueda tomar derroteros de organización que la aparten del mando centralizado que supone la organización grilleril.
Hay cierta razón para el recelo, la lucha es dura y más veces que las deseables la organización que la gente logra es penetrada por la derecha, dando al traste con las iniciativas comunitarias. Por ello debe entenderse que romper con la ideología priísta no es construir utopías autonomistas sino que es fomentar la diversidad, luchar contra la organización centralizada haciendo que la fuerza de la cohesión organizativa recaiga en la interdependencia para la vida. Es decir, una organización de productores necesita de al menos una organización de vendedores, ambos se complementan y son mutuamente vitales para existir.
La ideología política del PRI es utilitaria, se trabaja en la organización de la gente con miras en plazos inmediatos, generalmente determinados por el calendario político y la coyuntura. A eso si se le invierte dinero. Se puede organizar un mega-plantón en reforma y gastarse algunos miles o millones de pesos o en su caso trabajar en búsqueda de fuentes de financiamiento para hacerlo. Pero ni por asomo de equivocación se trabaja con miras históricas. La burguesía triunfante supo constituirse sobre la producción industrial a contrapelo de la existencia dependiente del agro medioeval dominado por los señores feudales. La burguesía inventó una forma de vida, la izquierda deberá hacer lo propio si es que quiere dejar de hacerle el juego a la derecha. Al parecer la izquierda debería constituirse sobre la producción micro empresarial y comunitaria que es la parece escapar un tanto a la lógica del gran capital, si bien la microempresa sigue subsumida en este. Desde luego, no hablo de la microempresa que entiende Calderón, sino de la microempresa autonomista organizada en federaciones y confederaciones de productores y comerciantes.
El actual trabajo político intenta cooptar asistentes a mítines y a marchas, intenta “cachar” votos, intenta acarrear audiencia que llene salas de conferencistas protestones, para eso todo, para la organización real y duradera del pueblo nada.
3). La posesión de los medios por parte de la derecha plantea todo un reto a la izquierda. Ese reto debiera de ser la clave que normara toda política y toda actuación izquierdista, ya que el control de los medios, en la actualidad, supone el control de la consciencia masiva. Si entendemos por consciencia a la continua actualización de la información indispensable para la sobrevivencia y el desglose de la vida cotidiana, entenderemos entonces la importancia de la radio, la TV y la prensa escrita. No puede seguirse manejando la vieja consciencia marxista que tenía que ver con la actualización de la información que ubicaba en una determinada clase e incitaba a la lucha; esa batalla está perdida: por un par de consciencias a favor de la izquierda, la derecha construye cientos de consciencias conformistas que se inclinan hacia ella.
De acuerdo con Castoriadis y otros teóricos, el capitalismo ha logrado crear al individuo que le es propio: “definido por la avidez, la frustración y el conformismo generalizado”. Los llamados a la consciencia de la izquierda no son sino voces pueriles que claman desde una batalla perdida.
Para revertir esa derrota, la izquierda requiere enquistarse entre la gente, pero no  mediante el viejo clientelismo priísta, sino bajo modalidades como las que practican los zapatistas, en las que lo importante es el papel de la comunidad en la conducción de su propio destino. Esto implica una tarea dura, ya que en vez de Gobiernos Legítimos u otras campañas, lo que hace falta es que Marcos y/o AMLO se pongan el overol y por vía del trabajo directo en comunidades construyan cabezas de playa desde las cuales se proyecten al resto de la república. Lo que debe cuidarse es que no ocurra lo que con Marcos, que teniendo ganada una cabeza de playa, salió a hacer grilla en vez de crear y/o consolidar unidades productivas y de comercialización en grupos y comunidades afines. Toda acción política que no se retrate en la sopa, el calzado, la vivienda y en todo lo que la gente considera necesario, es una política perdida. La autonomía comienza desde la construcción de sus posibilidades materiales de existencia tal cual rezaba el viejo marxismo.
La perdida batalla en los medios puede compensarse con el silencioso trabajo comunitario entre el pueblo. Rehacer la vida colectiva debería ser la pauta política de la izquierda.