Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

colectiva

Centrarse (saber dirigir la vida y sus acciones)


Discurrimos normalmente como nómadas. Han pasado milenios y seguimos comportándonos como cuando vagábamos por ninguna parte. Parece que experimentamos un placer insustituible en la vagancia, la errabundez y la futilidad tan solo interrumpidas por placeres como el sexo, la comida, la bebida y algún estimulante. En medio de la errabundez somos estériles y propensos a que cualquier déspota de medio pelo (un político o un cura, por ejemplo) nos tutele.
Aparte de los placeres nos centra el gobierno con sus abusos, nos da motivos para vivir, para dirigir nuestra vida. Nos centra el consumo promovido por los media, nos centra el empleo y las fantasías que surgen del hacer social. Dios casi ha salido de la escena de los centramientos como también lo han hecho las fantasías medievales del valor, la amistad, la lealtad y todo aquello que ligaba con el amo.
Sin embargo, pese a la apabullante presencia de esos centradores, aún discurrimos en la futileza. Nos perdemos ante el televisor, navegando en internet, jugando al enésimo juego digital con los gráficos renovados, alcoholizándonos o en charlas fútiles o simplemente persiguiendo el consumo en calles, almacenes y establecimientos que recrean nuestras fantasías. Finalmente utilizamos los mismos propósitos centradores para errabundear.
El centramiento nos aparta de la futilidad, la errabundez y el abandono. Podemos centrarnos en provecho del poder o podemos hacerlo en provecho propio.
Pero la errabundez es una característica típica del cuerpo, toda vez que, estando hecho para la vida, el cuerpo responde ágilmente a todo lo que puede ser favorable para la misma. El cuerpo se comporta proactivo ante situaciones favorables a la vida, de esa manera la ocasión de hacer sexo, de esparcimiento, de comida o de cualquier placer rápidamente nos atrae, lo hace de la misma manera en que las ganas de orinar nos impulsan a orinar, al margen de que podamos controlar o no el impulso. Las ganas de orinar, defecar, beber, comer, etc. son proactivas, mueven a la acción. Los impulsos biológicos que nos mueven son proactivos. Como se sabe, el grueso de nuestras decisiones se toman de manera "inconsciente", es decir sin participación consciente o racional, se toman como parte de procesos que ocurren "automáticamente". Esto explica claramente porque el grueso de la humanidad vive como veleta y resulte difícilmente controlable o al menos mantenible en cierta dirección, dentro de algún proyecto o intención humana. Esto nos habla también de las dificultades que tiene el humano para centrarse, para crearse un destino o al menos para conducirse de acuerdo a sus propias conveniencias. Es decir, la dificultad humana de centramiento emana de la propia naturaleza biológica humana. Pero esto que podría verse como limitante o desgracia es en realidad una tendencia que permite la sobrevivencia de la especie, al menos por dos razones:
1. La dispersión humana no lo es en realidad, sino que es la manera del cuerpo de actuar de acuerdo con los continuos cambios del medio, tanto natural, como social y contextual. No es tanto una evolución (adaptación) sino una interacción dentro del devenir de eso que llamamos realidad. La noción de adaptación no es sino una de las maneras en que se trata de fijar al devenir de las cosas, una noción teleológica que pretende fijar (adivinar) una dirección de la realidad, del mundo, del cosmos.
2. La depauperación de la vida que hacen los sistemas, particularmente cuando se encarnan como poder, se ven ampliamente contrapesados con esa dispersión que hace imposible el control absoluto, al margen de los impresionantes logros actuales (control mediante la escuela, los mass media, el empleo y los aparatos represivos)
Postular que el devenir de la vida procede de acuerdo con situaciones favorables para la misma, es una especie de teleología; ya que se le asigna un destino a la existencia De ello se desprendería que el humano debiera conducirse de acuerdo a situaciones convenientes para la vida. Esto es más argumento para el poder que para la vida misma. Lo que sí es claro es que el devenir caótico en la existencia favorece a los pescadores más poderosos y por tanto al poder en sí. No es cómodo vivir al garete como no lo es vivir bajo la tutela de reglas y lineamientos o sistemas. Sin embargo al poder se le soporta, se tolera el despotismo, la injusticia y muchos flagelos. Eso es así porque el poder centra, el poder suele dar motivos para vivir incrustados en sistemas, creencias, tradiciones, etc.
Paradójicamente la vida al garete se compensa con el centramiento, mientras que la vida bajo el poder se compensa con la errabundez.
La forma típica de centrar del poder es el sistema. Originalmente era la amenaza de muerte lo que centraba al individuo, pero de los acosos simples el individuo se zafa más o menos fácilmente. De esa manera la amenaza de represión ha perdido eficacia por lo que tiene que acompañarse por todo un sistema de producción de placeres, saberes y situaciones evidentemente favorables para la vida (por ejemplo el empleo, la escuela, el entretenimiento, etc.), aunque finalmente resulten tuteladas por el poder mediante sistemas, estructuras y culturas.
Mediatizar es la clave para ofrecer centramientos para la existencia. El truco es ofrecer algo que se interponga entre el individuo y la vida. Algo que parezca efectivamente favorable para la vida pero que obedezca a las dinámicas de control. Ejemplo claro de esto es el empleo: ¿Se quiere sobrevivir, garantizar el mínimo de insumos para la vida? respuesta: trabaja. El discurso del calentamiento global está siendo utilizado para centrar criterios, hacerlos manipulables como en su momento lo fueron los Beatles y todas las modas pasadas y seguramente futuras (estos ejemplos, por su trascendencia, hay qu8e tocarlos aparte).
Los elementos que permiten no andar a la deriva, es decir centrarnos, no son simples, sino que constituyen todo un entramado orientador. Los sistemas de centramiento se sofisticaron ante la tendencia humana a burlarlos más o menos fácilmente. Los sistemas (asiáticos, capitalistas, medievales, mesoamericanos, etc.) utilizan impulsos de los propios individuos, el primero y más antiguo es el impulso sexual, a este se le reprime, controla o modula, de acuerdo a como la propia sociedad deriva. Si la sociedad torna un tanto liberal (como la actual), lo que suele ocurrir es la modulación sexual (vía nociones de sanidad, conveniencia, placer, etc.). Si la sociedad deriva hacia la ortodoxia, indefectiblemente procede la represión-control (como en la edad media). Si la sociedad no deriva hacia la ortodoxia o la liberalidad, entonces la sexualidad deja de tener peso y el centramiento se carga hacia otros aspectos, tal cual ocurrió en la Roma antigua en la que el centramiento individual ocurría en la elementasl conservación del ser físico.
El entretenimiento es uno de los grandes productores de placer y de centramiento, eso es más que claro en la sociedad actual por lo que no se menciona más que esto. La educación con la ciencia por delante provee de una serie de mitos encarnados en verdades y valideces que favorece el centramiento individual, toda vez que se fijan elementos inamovibles que se sostienen gracias a sus propiedades utilitarias, lo cual permite al individuo girar a su alderredor, centrándose. La verdad, lo absoluto, lo evidente, la naturaleza, Dios son otros tantos conceptos que son parte de esta mítica que utilizan los sistemas para centrar a los individuos y a las sociedades en torno a ellos y por tanto, al poder que los sostiene.
Los típicos sistemas de centramiento, dentro del sistema general actual, tanto individuales como sociales son: los sistemas de salud, de pensiones, de educación, de empleo, de entretenimiento y de represión (en que se incluye a la ley y todos los aparatos que la generan y sostienen).
Odiar al gobierno nos centra, nos da para comentar, para protestar, para sabotear o para permanecer en la impotencia sempiterna. Luchar por superar al sistema nos centra sin salir del sistema. Luchar contra el sistema (en cualquiera de sus ámbitos) nos hace girar en torno a él dándonos motivos de vida. Centrarnos y centrar a la gente es el gran truco que pocos detectamos.
Pero el centramiento no solo es individual, lo es también social. La cultura y la estructura son de los grandes centradores. La costumbre inmersa en la cultura es una de las grandes herramientas del centramiento social. Se sigue una costumbre o se es excluido. Se escribe de cierta manera o se es excluido, se piensa de determinada forma o se expulsa socialmente. La sociedad articulada en torno al centramiento, integra o excluye a sus integrantes. La sociedad solo lo es bajo el poder, fuera de él solo existe la comunidad autónoma, la que inventa su propio centramiento sin necesidad de un sistema (que es propio del poder). De hecho, un sistema lo es de centramiento ya que es dirigido desde el poder. La diferencia entre un centramiento sistémico y uno comunitario, es que el centramiento comunitario ocurre de acuerdo a la deriva de la comunidad mientras que el centramiento sistémico ocurre desde la perspectiva de la pandilla dirigente, es decir, este es ordenado y teleológico, mientras que el comunitario es rizomático y vívido. En el sistémico alguien dice que hacer y cómo hacerlo (de acuerdo a la historia, verdades, valideces o la ciencia), en el comunitario el hacer se desprende de la deriva comunitaria y del acuerdo colectivo actuando simultáneamente. En uno es la lógica teórica la que se impone, en el comunitario la lógica de los hechos, al margen de su interpretación. Por ello la lógica comunitaria suele ser lenta, mientras que la lógica sistémica o de poder suele ser ágil.
La forma más simple de centramiento individual es la meditación, pero esta tiene el inconveniente de la disciplina. Sin disciplina es imposible la meditación. El detalle de la disciplina para alcanzar la meditación ha sido utilizado por los despotismos orientales para mantener pasiva a la gente. Centrarse por vía de la meditación, requiere que ésta se vuelva proactiva, que abandonar su carácter pasivo tal cual se intenta en Tailandia, en donde se recrimina a los monjes budistas su pasividad. La meditación proactiva suele ser tan intolerante para el poder que el gobierno de los EU se vio precisado a expulsar a Osho; quien había creado una gran comunidad que practicaba la vida libre con base en la meditación. El gobierno indio acabó recluyendo a Osho en su ciudad natal.
Un tanto más complicada, es la forma de centramiento mediante la sabiduría, pero esta requiere dedicación, por lo que fácilmente deriva hacia la sabiondez, padecimiento típico de la intelectualidad tanto orgánica del sistema como de la izquierda contestataria. La sabiduría ocurre en el devenir y se procura mediante la educación, pero el sistema ha aprendido a modular a la educación como adiestramiento, con lo que le ha quitado todo su potencial.
La educación comunitaria, la educación fuera del sistema puede ayudar a centrar al individuo y a las comunidades. Hoy no es posible imaginar el devenir de la educación comunitaria. Si alguien propone algo ¡Miente! Es necesaria a la comunidad actuando en su propia deriva.
Darle un destino coherente a la vida solo puede ocurrir en la comunidad autónoma, el resto es escapismo mediante las drogas, el vicio, el suicidio, la infelicidad, la duda y la vaciedad.
Centrarse en la comunidad no es caer en el paraíso, la comunidad no es el centramiento automático. La comunidad y su potencial de centramiento es algo que se construye día a día. Esto huele a dificultad, a propaganda para el sistema. Cierto. Pero no se sabrá del potencial de centramiento comunitario hasta que no se experimente en la comunidad misma. De la comunidad no sabremos gran cosa hasta que no la experimentemos como tal. Del sistema sabemos mucho, de la comunidad solo su potencial.

Jorge Luis Muñoz
Mayo de 2013