Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

colectiva

La Rutina, el Centramiento y el Sentido de la Vida

Los seres humanos normales somos extraordinariamente ordinarios, no destacamos en nada, ni siquiera somos demasiado mediocres. Vivir es nuestra esencia, nuestra sustancia. Esa es la verdadera condición humana sin mayores vericuetos filosóficos.
El ser humano está hecho para la vida. Como animal que es, para el humano la vida es movimiento. Movimiento en su más amplio espectro: Movimiento exterior, interior y movimiento cercano. Pasear, moverse renueva la vida, pero también la renueva el pensar, porque a fin de cuentas todo ocurre como corrientes electroquímicas. Pero la vida también se refresca integrándose profundamente con el hacer propio, y la renueva porque lo cotidiano está lleno de matices, de detalles que apuntan en mil direcciones. Lo cotidiano es movimiento que solo se capta cuando se tiene una profunda relación con él. Por ello la vida continúa aún en la prisión o en la rutina de los hogares y los pueblos. De ahí quizá viene el arraigo a la tierra que el discurso del poder convirtió en patria.
Nada más aburrido que un pueblo pequeño o el encierro del hogar pero ¿cómo vive la gente ahí? ¿Vive infeliz? Todos sabemos que la gente de ahí no vive más feliz o infeliz que el resto humano, solo vive. El cerebro crea esquemas que le ahorran el consumo de nutrientes y trabaja con esos esquemas aunque lleguen a resultar aberrantes. Los sostiene mientras de ellos se desprendan, al menos, algunos mendrugos de vida. De eso se valen los poderes tutelares para arraigarse en los impulsos vitales de la gente. Por ello es tan importante que los esquemas de vida que permiten centrarse a la gente sean producto de una vida colectiva. Vale recordar que las multitudes no son colectivos, son solamente agregados humanos, muchedumbre.
Aunque no se tenga una vida rutinaria nunca cae mal un paseo ni un cambio, porque ellos significan premios como la dopamina y la estimulación corpórea que nos hace felices. Pero tales premios, aunque bienvenidos, no son condición necesaria y suficiente para la vida. Para esta, es suficiente con que ella misma ocurra. Ocurriendo la vida siempre habrá al menos un matiz que cubra la condición animal del movimiento, el resto es un regalo bienvenido pero no indispensable.
Nos reunimos gracias al instinto vital gregario, pero tal unión es inestable como se corrobora mediante el dicho: “pueblo chico, infierno grande”. Difícilmente podemos nivelar los instintos vitales (egoísta y gregario), por lo que permanecemos en la dispersión: pasamos de un gregarismo amante a un egoísmo violento a veces sin mediar atenuante alguno.
Mientras haya vida discurrimos sin ser chicha ni limonada y esto es suficiente. Los seres humanos somos como cualquier animal en donde solo los locos o los anómalos destacan. Solo la manada nos anima, ella en sí es divertida, pero la manada es inestable, responde más fácilmente a cualquier motivación que alimente sus impulsos vitales que a un plan gregario. El instinto gregario es parte del instinto humano, de la vida, pero el plan gregario no lo es.
La oridinariedad del ser humano emana de su dispersión, de su incapacidad de centrarse en algún trauma, proyecto de vida o actividad. Centrarse es raro, es más bien propio de un esqizo, de algún accidentado o traumatizado por la vida. Por ello el sistema suele ser ideal para centrarnos. Los imperios antiguos nos centraban con sus amenazas a la vida: Estábamos contra el imperio o con él, el caso era cuidar la vida. Posteriormente nos centró la religión con medidas similares. Ahora nos centra el consumo, la ley y la promesa de felicidad difícilmente lograda (que esporádicamente se alcanza con las drogas).
No obstante el grueso de los humanos logramos centrarnos, es decir, logramos conducir nuestro decir-hacer en torno a algo: la familia, algún oficio, arte o deporte o alguna actividad en la que solemos instalarnos de por vida o por periodos de tiempo. Este centramiento normalmente proviene de la cultura, la cual nos ofrece un menú de haceres, que aunque limitados, llegan a cubrir muchas expectativas de vida. En nuestro tiempo el centramiento corre a cargo del estado y su manejo de los medios masivos de comunicación, la educación y el empleo.
Cuando el centramiento proviene de la cultura, aunque no se cumplen todas las expectativas de vida, se logran vidas llevaderas, tolerables, vivibles. La presión sobre la cultura abre posibilidades culturales distintas que cubren expectativas de vida disidentes. Pero cuando el centramiento proviene de un sistema o de poderes tutelares, las posibilidades de vida que se ofrecen se empobrecen e incluso se vacían como es el caso de nuestra época. Esto quiere decir que hay poca posibilidad de innovación y de movimientos diferentes que son el alimento del cerebro. Ver una película de acción norteamericana es verlas todas, lo mismo ocurre en cada género cinematográfico. Lo único que llama es el detalle en ese “más de lo mismo” como es el caso de las telenovelas.
Los poderes tutelares procuran la diversidad estimulando la creatividad en el diseño, las artes, la tecnología, la ciencia y el esparcimiento pero lo único que logran son versiones de más de lo mismo, las cuales terminan aburriendo. Lo divertido es el hombre, pero los poderes tutelares no se pueden dar el lujo de las convivencia interhumana libre, ya que significan su muerte asegurada.
Una autonomía debe fundarse en la convivencia interhumana, en los términos que lo definan quienes en ella participen. Las posibilidades de desglose del ser humano, al igual que las de todo animal, son infinitas y eso es lo divertido, es lo que mantiene ocupado porque nunca se sabe cómo será en el siguiente instante, incluso, nuestro mejor amigo, hijo o esposa. La convivencia humana es la que garantiza el movimiento para el cual está hecha la vida.
Lograda la convivencia humana, de ahí surgirán centramientos capaces de conducir la vida de acuerdo al grupo y ya no atendiendo solo a los impulsos vitales egoístas. Egoísmo y gregarización podrán lograr un mejor equilibrio y en todo caso, el equilibrio que busca o quiere la autonomía creada.

Septiembre de 2014
Jorge Luis Muñoz