Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

colectiva

Manejo del Gregarismo Bajo el Capital

Jorge Luis Muñoz

En otro lado ya he visto cómo se maneja el impulso vital egoísta bajo el capitalismo, manejo que queda resumido en el consumismo que dota de expectativas de satisfactores a los impulsos básicos humanos, independientemente de la manera en que se cumplan tales expectativas.
Ahora veré cómo se maneja otro impulso vital básico, el cual también se encuentra detrás de la mayoría de nuestras acciones, pensamientos e ideas. Hablo del gregarismo, esa tendencia a actuar en grupo y a tenerlo como referente para la satisfacción de nuestros impulsos básicos.
El gregarismo bajo el capital en general se maneja mediante la conformación de grupos inconexos y de acciones grupales igualmente inconexas. Es decir, grupos que aíslan sus potenciales de potenciales comunitarios y sus acciones de otras acciones que los podrían potenciar el ejercicio comunitario. Ejemplo típico de lo anterior son las universidades, las cuales, en vez de servir a proyectos comunitarios, difunde un conocimiento abstracto. La parte práctica de sus conocimientos se destina a satisfacer las necesidades de capital
El gregarismo al igual que los impulsos egoístas o sexuales no se pueden evitar sino solo desviar, hacer que se realicen o seudorealicen mediante actos simulados del tipo de la orquídea y la avispa o mediante actos inconexos que redirigen esos impulsos hacia fines que llegan incluso, a ser contrarios a las finalidades de esos impulsos. Ejemplo típico de esto último es la castidad cristiana
Es tan común el tratamiento de los impulsos vitales que debiera parar este escrito aquí y ser suficiente con lo ya dicho. Sin embargo, es posible que haya que echar un poco más de chorizo para satisfacer alguna mirada impaciente. Seguramente entre los psicólogos, sociólogos y filósofos ya ha sido tratado este tema, pero en vez de recurrir al discurso clásico partiendo de los griegos y lo ya impreso en papel, prefiero el recurso inmediato que intenta trasmitir emociones e ideas directas antes que prejuicios hechos en otros tiempos, situaciones y significados que ya no encajan en el hoy salvo por reglas académicas o de poder. Quizá basten algunos ejemplos para dejar extendido y aclarado el tema.

Las elecciones.
Es común en estos tiempos que durante un proceso electoral se monte todo un circo imposible de ignorar porque además de todo el ruido que se genera, se involucra a mucha gente. Todo ese ruido, propaganda y presencia humana produce nuevas conexiones neurales que asocian al proceso electoral con conexiones neurales básicas y de todo tipo, que son indispensables para la vida. De esa manera todo proceso electoral crea carne y se enquista en cada individuo forzando su atención en dicho proceso. Se puede estar a favor o en contra del proceso, pero no se puede ignorarlo.
Una vez incrustadas las redes neurales “electorales”, se tiene capturada la atención hacia el proceso y este se centra en propagar afinidades hacia grupos, sean estos partidos, asociaciones, pueblos o naciones. Es decir, neuronalmente se imprime la noción de un juego de grupos, dentro delos cuales hay que elegir. Esto es veneno puro para el cerebro el cual está siempre alerta para la detección de afinidades, tabiques esenciales para la gregarización.
Las elecciones crean de esa manera un sentido temporal de pertenencia, el cual se aviva de tiempo en tiempo dando al gregarismo una vida que no tiene. Es decir, las elecciones crean una seudoexistencia gregaria, a la que la propaganda y los propios procesos electorales cíclicamente dan seudovida.
La acción suprema de acción gregaria durante procesos electorales es el voto. Votar como lo hacen todos los afines es el acto gregario representativo. De esa manera se satisface un impulso vital humano y se evita una cohesión que rompería el individualismo egoísta típico del capital. La ilusión gregaria se mantiene mediante el discurso de la representatividad pese a que esta llegue a ser contraria a los que dice representar. El representante nunca deja de representar, aunque sea un traidor. Cada diputado, cada presidente o político es un representante negativo o positivo, pero nunca deja de representar, nunca abandona las filas del gregarismo o, mejor dicho, del seudogregarismo.

El fan
El fan es el caso extremo del club, es el caso en que las personas ya no mantienen ni siquiera un contacto directo como en el club. El fan ya solo tiene un ideal de identidad que lo hace sentir que pertenece a un grupo.
Hoy está de moda ser fan de algo, de un equipo deportivo, de algún atleta, de algún artista, de algún deporte o actividad. Ser fan da identidad, pero no compromete. Al igual que en las elecciones, el fan mantiene un seudogregarismo que se concreta en la asistencia al partido de futbol, al evento artístico, a la carrera o evento del fan. Hay una suerte de identidad producto de un seudogregarismo.
Esa identidad engaña al cerebro y muy posiblemente solo al cerebro consciente, porque al parecer, al subconsciente no se le logra engañar del todo, de ahí el moderno estrés, el resentimiento inagotable y el malestar continuo de nuestras sociedades. Desde luego, el seudogregarismo no es la única fuente de esos malestares, también lo es el impulso vital egoísta redirigido hacia un individualismo consumista o el impulso sexual manejado mediante la pornografía y el control estético.

El club
Fuera de las elecciones el club es el otro gran mecanismo de manejo del seudogregarismo. El club concentra una actividad, pero generalmente se conforma con elementos dispersos, razón que dispersa sus actividades fuera del club y les esta fuerza. Si el gregarismo nace de aglutinar fuerzas para facilitar logros para la sobrevivencia, en el club se logra la aglutinación de fuerzas pero conformadas por elementos dispares con tendencias egoístas diversas. El impulso vital egoísta acaba imponiéndose a la fuerza aglutinada en el club que se desgasta en un proceso interminable de reaglutinamiento y de continua redirección y acotamiento en las finalidades. Si se es un club de futbol o si se es un club de afinidades o amigos, el impulso egoísta lleva a continuos choques o desacuerdos, por ello un club se ve constreñido a limitar sus actividades y sus alcances, manteniéndose aislado y con poca fuerza, lo cual no favorece a su potencial gregario.
Bajo el dominio del capital al club se abandona a sus propias fuerzas y solo se le da un mínimo apoyo como factor de entretenimiento. De esa manera se le dan espacios deportivos y se le destina algún presupuesto buscando fortalecer la mano de obra que el capital necesita. Por su naturaleza de integración, el club moderno nace disperso y permanece disperso como factor de entretenimiento necesario para la restitución de la fuerza de trabajo.
Dentro de esta categoría caben las de la escuela, la iglesia, la empresa y otras instituciones que se manejan como entidades de pertenencia; como “alma mater” de quienes pasaron por ellas. Hay cierta razón en ese reclamo de pertenencia, ya que las instituciones generalmente suelen incardinar en el cerebro humano influyendo en comportamientos y actitudes humanas, además de ser fuentes de información y conocimientos que justifican conductas, actitudes y tendencia individuales y grupales. Pese a esto, las instituciones no son entidades gregarias como puede llegar a serlo una autonomía o una comunidad ya que no hay una interdependencia directa en torno a la vida. En las instituciones la interdependencia es indirecta, generalmente pasa por un jefe que es el que la regula y controla. No estamos aquí ante liderazgos “naturales” sino ante dependencias de poderes pastorales que son los verdaderos creadores e inspiradores de las instituciones. Tal cual es el caso de la familia como institución.

La marca
La marca sirve como gran generadora de seudoidentidad y pertenencia a un cierto grupo de usuarios. La marca satisface de manera sumamente artificial al impulso gregario humano. Su poder sustituto del gregarismo real radica en sentimientos anexos. La marca crea la ilusión de pertenencia a grupos exclusivos e incluso poderosos.
La marca sustrae de la miseria material o espiritual e instala la vida exclusivamente en el cerebro del usuario, el cual debe recurrir continuamente a reforzar su mundo fantasioso para poder seguir viviendo. De ahí la tendencia a las drogas entre las filas arribistas y entre todos los que ya no pueden obtener dopamina por los medios naturales a su alcance.
No hay mucho más que decir de la marca, prácticamente ya se ha dicho todo de la marca fuera de este artículo, solo vale remarcarla como uno de los instrumentos actuales más poderosos para desviar los impulsos gregaristas en beneficio del capital

La familia
Con todo, la familia junto con los cuates son el último reducto de un real gregarismo. Hay identidad y cierta acción coordinada e interdependiente. La familia suele ser difícil de controlar, pero se logra mediante el empleo mal pagado que obliga al mantenimiento de la familia como posibilidad de sobrevivencia. El empleo capitalista dispersa a la familia y hace depender a cada uno de sus miembros del salario. El salario bajo es reforzado por la familia y solo así significa posibilidades de sobrevivencia.
No obstante, la miseria que implica el salario capitalista, él mismo encierra posibilidades de subsistencia si se recurre a una lógica franciscana. Pero eso implica vivir fuera de la lógica capitalista y eso no se puede permitir. Por ello la familia ha de ser ensalzada, apoyada y permanentemente publicitada como deseable, aunque ya resulte un infierno para sus miembros. La familia le resulta indispensable al capitalismo, no solo como reproductora de la fuerza de trabajo, sino como financiera de los medios que el salario capitalista no aporta.
En países en que el salario es más o menos seguro o por existir formas de sobrevivencia fuera de la familia, ésta es sumamente dispersa y débil. En esos países la familia es un apéndice que subvenciona al capital creando la mano de obra que ocupa. El individualismo consumista rápidamente aniquila a la familia, por ello la familia es promocionada poniéndola en el pedestal de lo deseable.
En países pobres la familia sobrevive en una tensión continua, provocada por el cultivo real del gragarismo como garante de la existencia individual y la dispersión que induce el empleo capitalista. La vida depende de dos polos con finalidades opuestas. El capital requiere de individuos aislados, pero el salario es insuficiente para satisfacer los impulsos vitales básicos y los que crea el propio capitalismo con su fomento del consumismo. De esa suerte la familia le resulta indispensable al capital.
Para el capitalismo, el empleo mal pagado es el garante que mantiene a la familia en un estado de histeria próximo al estallamiento, el cual ocurre de tiempo en tiempo en un proceso interminable de descomposición-recomposición. De esa manera se esteriliza a la familia y se le convierte en un apéndice del capital.
En una autonomía la familia debería ser de las principales fuentes que satisfagan el natural y vital impulso gregarista.

Los cuates
Los cuates son un grupo como el club. Lo que los hace especiales es que estos se juntan atendiendo a afinidades diversas y no un solo fin. Afinidades en gustos, ideas, actividades u orientaciones cosmogónicas hacen que el grupo de cuates sea muy unido practicando un verdadero gregarismo. Pero los grupos de cuates rápidamente son cooptados por el sistema capitalista mediante la oferta de poder o riqueza. Por desgracia el cerebro humano es muy sensible a tales ofertas por representar modelos garantes de la sobrevivencia.
Para ser eficientes los grupos de cuates deben operar de acuerdo a la normativa general en que se mueven, por ello el capitalismo fácilmente los coopta. Muy posiblemente un ambiente autonómico norme también las tendencias de los grupos que se formen en su interior.
Finalmente debemos tener en cuenta que cada época maneja y desvía en el sentido dominante a todos los impulsos vitales. Nunca debe de perderse de vista que siempre estamos ante uno o una combinación de impulsos vitales y que lo interesante es descubrir la ropa con que los visten y en qué medida esa ropa favorece cierta dominación o ciertas libertades.

Julio de 2016