Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Una nueva educación

Teoría del Chorizo


Todo chorizo tiene un origen mágico
en tanto que trata de normalizar a la realidad

Todo chorizo se distingue por querer entender
al todo mediante una o algunas de sus partes

  1. Si puede ser dicho o si puede escribirse, entonces es chorizo eso que se dice y eso que se escribe. Por tanto, todo lo que se dice y todo lo que se escribe es chorizo.
  2. Si todo lo que se dice y todo lo que escribe es chorizo, entonces esto que escribo también es chorizo. Si esto que escribo es chorizo, y todo lo que se dice o escribe es chorizo, entonces cabe la posibilidad de que haya algo de lo que se dice o escribe que no sea chorizo. En efecto, no es chorizo aquello que se dice pero que pertenece al dominio del habla, como son los gestos, las guturaciones, lo que no se puede entender sin entonaciones o movimientos corporales. Es decir, no es chorizo, aquello que nace del corazón, del centro de la intuición y de lo cual apenas existen palabras para decirlo. Tampoco es chorizo lo que se escribe del mismo modo. Es decir, lo que no pretende ser verdad alguna, lo que se escribe por que sí, porque se quería revestir algún gemido que no podía retenerse, las interjecciones, los poemas y en general lo que se escribe pero que se sabe infundado, sin sustancia y sin esencia, salvo la que cada lector le quiera dar.
    No obstante, como todo es chorizo, de acuerdo al punto uno, entonces lo escrito en el párrafo anterior también lo es, de donde se desprende que debe tenerse mucho cuidado de lo que se dice o escribe, aunque no parezca chorizo, ya que este lo permea todo, se camufla, se esconde en las palabras, en los dichos y suele ser difícil detectarlo. Esto es así porque el chorizo utiliza medias verdades, refiere hechos como si ellos hablaran o fueran capaces de escribir, suele ser determinista y pretencioso y en general pretende ser más, mucho más de lo que dice o escribe: pretende ser trascendente.
  3. Los hechos, los actos son los que “hablan”, el chorizo solamente los acompaña para darles algún sabor, algún matiz, pero nunca debe sustituirlos salvo cuando lo que se desea es precisamente “echarse un chorizo”.
  4. El chorizo no sustituye a la existencia, pero le da algún sabor; de esa manera se hace física con chorizo, química con chorizo o como en el caso de la filosofía: chorizo con chorizo.
  5. El chorizo no es otra cosa que “verdades” pretendidamente fundadas en hechos, de los cuales suelen salir otras “verdades” incluso contradictorias. El chorizo son mentiras evidentes o camufladas, son verdades a medias como toda la teoría científica, la cual pretende validar sus teorías con referencias culturalmente coherentes y, por tanto, válidas solo en la mítica que las enuncia. El chorizo es determinista, no admite que las cosas son de muchas formas, pretende definir a la vida y no que la misma corra por donde puede, debe o quiere. Y en fin, el chorizo es todo aquello que se dice o que se escribe y que su solo dicho no deja lugar para lo otro, lo distinto.
  6. Toda la filosofía occidental es puro chorizo en tanto que el grueso de los filósofos occidentales ni iniciaron ni concluyeron sus trabajos aclarando que lo que habían dicho era puro chorizo que, si bien podría servir para salpimentar algo, no dejaba de ser eso: puro chorizo.
  7. ¿De dónde le viene pues al chorizo su prestigio y su amplia y validada utilización? Del poder tutelar. El poder instaura el chorizo como forma de conducta obligada, crea escuelas y universidades para el cultivo, producción y ejercicio del chorizo. La vida y todo se circunscribe al chorizo. El chorizo es la receta para la producción, para la política, para la religión, para la ciencia, etc. en donde un “te amo” pretende sustituir al amor. Las leyes del movimiento pretenden sustituir al mismo, terminando el concepto por sustituir a la vida misma, siempre bajo la égida del poder tutelar.
  8. El chorizo es tan pretencioso que hasta pretende escribir música. Por suerte esta resultó indomable y cada quien la ejecuta y capta como puede, siente o como le da la gana.

Teoría del chorizo en bucle
Si se puede decir o escribir es chorizo
Eso también es chorizo
Por tanto hay algo que no es chorizo
No es chorizo lo que sale del corazón
Pero eso también es chorizo
Por tanto hay que cuidarse de lo que se dice o escribe

Jorge Luis Muñoz
Abril 2012

ANEXO
El chorizo es chorizo y la teoría es chorizo, sin embargo, no lo parece porque desarrolla tres características:

  1. Suele ser creíble (míticamente creíble)
  2. Puede ser utilizable
  3. Alimenta a otros chorizos

El numeral uno es el sello del chorizo en tanto que un chorizo, para serlo, debe montarse en lo que la gente acepte como cierto o como válido en un campo social general de significaciones. Como se sabe, ese campo de significaciones es la mítica que funda una cultura, una estructura social o una cosmogonía y esto es fundamentalmente mítico. No obstante su carácter mítico, ese campo general de significaciones aporta los tabiques con la que cada pueblo construye su “realidad” a la cual llama simplemente REALIDAD. La principal característica de esa realidad es que aparece como cierta, verdadera, válida, lo cual hace desaparecer (encubre) todo rastro de fantasía, misticismo, o irrealidad. Pero tal campo general de significaciones no surge sino en el seno del poder tutelar, ya que en el ámbito personal, íntimo, tales significaciones desaparecen, se minimizan o subordinan al entendimiento particular de los individuos insertos en cierta intimidad o familiaridad.
En el campo íntimo no hace falta el chorizo, a lo más llega a utilizarse para afinar la comunicación surgida del habla. Un ejemplo típico de ello es el acto sexual, en el que apenas se necesita hablar para realizarlo. Pero cualquier acto de la vida cotidiana nos lo ilustra, un llamado a comer no requiere de otra cosa para que la comida se lleve a efecto y así en cualquier ámbito de la vida.
En la intimidad el chorizo del campo general de significaciones se contradice de cotidiano o se adapta a las particulares circunstancias de cada individuo o grupo. Llega a operar como campo de referencia, en tal caso llega a dejar la impresión de cobertura general. Es por esa vía que también se alimenta la ilusión de la validez general del chorizo (teorías, leyes, etc.), aunque en realidad lo que ocurre es una presencia forzada del chorizo en el campo social como parte del poder tutelar, más no como requerimiento de los campos de significación particular.
Por otra parte, todo mundo sabe o intuye que la teoría es chorizo, pero como puede ser utilizable, poco importa su credibilidad o su certeza. Además, el chorizo tiene la virtud de ser generatriz, paradigmático, ya que da pie a otros chorizos, alimenta la fantasía e incluso la imaginación. Como se aprecia, el chorizo está bien fundado, puede que sea un conjunto de desatinos, medias verdades o pretensiones vagas, cuando no de verdaderas mentiras. Sin embargo su utilitarismo lo respalda al igual que su carácter paradigmático.
No obstante la credibilidad no es un soporte muy sólido para el chorizo, ya que el hecho puede sostenerse sin chorizo alguno. Por ejemplo, la limpia con huevo, con hierbas, con chiles o con flores es un hecho de eficiencia probada, sin embargo no tiene sustento científico alguno, no hay chorizo científico que lo soporte, lo que no le ha restado eficacia, ni fama, ni popularidad.
Muchos hechos suelen descubrirse como secuela imaginativa de un chorizo, lo cual suele interpretarse como prueba de la veracidad del chorizo. En realidad ocurre que al definirse un campo de experiencia solemos dar, tarde que temprano, con múltiples relaciones de ese campo experiencial. O sea, una experiencia nos lleva a otra con o sin intermediación del chorizo. En muchos de esos casos la experiencia engendra a la experiencia misma como en el caso del aprendizaje de los oficios, en los que el chorizo es prácticamente nulo. No obstante, en esos casos el chorizo llega a aparecer no como un evento inspirador dentro de un contexto, sino como verdad inobjetable al margen de su contexto.
Desde una perspectiva neurocientífica el chorizo jugaría el papel de intermediación entre lo percibido y lo captado y, desde esa perspectiva, como un alimento de la imaginación que eventualmente se proyecta en recetas (tal cual son las teorías científicas y sus leyes). Si esto es así, el cultivo del chorizo puede ser un ejercicio sano siempre y cuando se ejerza al margen del poder tutelar. Pero quizá ahí ya se estaría más allá del chorizo, ya no sería chorizo. En tanto eso ocurra y se pueda minimizar la producción de verdades (chorizos) desde el poder tutelar el chorizo estará ahí pretendiendo sustituir a la experiencia con el condón de las leyes y las teorías.
En ese papel de intermediación entre lo percibido y lo captado, el chorizo aparece como un proceso neural, integrado a la experiencia neural básica. O sea, la producción de chorizo es natural, al menos para el ser humano, por las entradas y reentradas que necesariamente ocurren durante la interacción del individuo con el medio o como parte del medio. Por otro lado el chorizo cumple la función de coherentizar lo que se percibe con lo que se capta para, por ese medio, ubicar al individuo en su realidad; que de otra forma resultaría fatalmente inconveniente al afectarse la capacidad predictiva individual y con ello sus posibilidades de reacción y de existencia.
Así pues, el chorizo no solo es indispensable, sino ineludible, lo que no debe confundirnos, en tanto que el chorizo es chorizo. Hay muchas formas de soldar, coherentizar lo que se percibe con lo que se capta, por ello el chorizo es chorizo y de ninguna manera es verdad general alguna ni tiene más validez que la que el individuo o grupo le otorgan, de acuerdo a lo que dan por válido, útil o verdadero.

Jorge Luis Muñoz
7 de junio de 2012