Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Una nueva educación

La producción de chorizo

El chorizo es la parte discursiva destinada a la suplantación de lo que se conoce como realidad (que normalmente es otro chorizo). Originalmente el chorizo surge como un nodo más que, en conjunto del resto de los nodos cerebrales (del neocortex, emotivos y reptilianos), permitían una mejor ubicación del individuo en su medio. De ese modo los nodos productores de chorizo ubicados principalmente en los centros del habla y la escritura eran parte del soporte de la vida. Con la aparición de poderes pastorales el chorizo pasa paulatinamente de ser parte del soporte de la vida a ser la vida misma. Esto ocurre fundamentalmente en nuestra época, en la que la garantía del empleo o de los soportes materiales de la vida, se han vuelto de tal manera difíciles de conseguir o conservar, que ya resultan cercanos a lo imposible.
Michel Foucault sitúa el auge del chorizo en las cortes medievales (la vida de los hombres infames) en donde los miembros de cortes se la pasaban conspirando para conseguir los favores del rey; aunque habría que reconocer que con los griegos es con quienes se funda su prestigio al ponerse el chorizo al servicio de  los poderosos (Aristóteles al servicio de Alejandro). Evidentemente que el chorizo no surge ahí, sino que su surgimiento lo podemos ubicar en el nacimiento de las comunidades agrícolas, en las cuales al no haber garantía de cosecha, debido a la variabilidad del clima, tuvo que jugar el chorizo el papel de la realidad bajo la forma de promesa de tiempos mejores que vendrían cuando la cosecha ocurriera. Eso último finalmente ocurría, aunque no exactamente como lo prometía el chorizo, lo que le daba a este un anclaje material. La promesa podía no llegar y con ello sobrevenir la catástrofe, ante lo cual se recreaban viejos chorizos provenientes de la religión.
En tal sentido podemos ubicar a la religión como la primera proveedora de chorizos. De hecho la religión traza la frontera  entre la función primigenia del chorizo (la de auxiliar en la conservación de la existencia) y la de suplantación de la “realidad”. En efecto, desde el habla y la lengua se pueden activar distintas conductas y motivar acciones que ubican al organismo ante su circunstancia en la búsqueda de la conservación de la vida. En ese sentido la religión es posibilidad de centrarse en objetivos mediante la fe, mismos que cuando pierden su plasticidad tornan en suplantaciones de la “realidad”. Centrarse en un objetivo y perseguirlo es abrir posibilidades de vida, pero al mismo tiempo es la posibilidad de perder de vista otros objetivos que también resultan igual o más favorables para la vida que lo que se persigue. De esa manera la religión torna rígida y suplantadora de la realidad.
La anterior característica de la religión es la que hace que no haya desaparecido de nuestra época y aún más, que esté cobrando nuevos bríos, ya que al dificultarse la vida surgen las ensoñaciones como las únicas posibilidades de vida soportables. Pero nunca antes como ahora la vida ha estado tan acosada y amenazada, es por ello que la producción de chorizo es incesante y desbocada.
En nuestras sociedades el chorizo se ha institucionalizado como sueño, meta o propósito y como teoría o interpretación. El chorizo se llama sueño en el espectáculo, meta o propósito para el hombre común y teoría o interpretación en la ciencia. Esas formas de nombrar al chorizo son sinónimas.
¿Qué realidad suplanta el chorizo?, suplanta a la “realidad” que vive la gente, su circunstancia concreta que nunca es igual, suplanta a la realidad del sistema que nunca es boyante y lo hace con sueños favorables a las clases dominantes, con sueños estándar producidos en los centros televisivos, cinematográficos, educativos y en toda producción de “alta” o “baja” cultura, ya sea de manera deliberada, involuntaria o subsumida (en la acepción marxista). La producción de chorizo es una riada que arrastra y subsume incluso a quienes siendo ajenos al sistema aún generan chorizo en su función primigenia. Ejemplo de esto son los movimientos revolucionarios como los zapatistas, los guerrilleros y todos los movimientos actuales; lo cual nos indica la necesidad de pasar a los actos sustentadores materiales de vida, antes que privilegiar cualquier tipo de chorizo por muy fundamental o indispensable que suene. Ésta, por supuesto que es una afirmación de frontera que solo es discernible con el despliegue de la vida misma. Pero no toda afirmación lo es de frontera, solo lo son aquellas que apuntan fuera de la mira del poder tutelar, así sea éste comunitario. Todo lo que no apunte a escapar del poder tutelar (así sea colectivo) es chorizo. Es pues tarea de las autonomías construir condiciones materiales  de existencia que devuelvan al chorizo a su función primigenia, que hagan que el chorizo sea innecesario, que permitan que los sueños sean sueños y no “realidades” imaginadas,  que las aspiraciones se muevan con nuestra vida y que las teorías sean el necesario ejercicio de la mente en la búsqueda de mejores condiciones para la vida y no el ejercicio de dogmas, lineamientos o condiciones a seguir.

agosto de 2014
Jorge Luis Muñoz