Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Una nueva educación

Sobre el Pensamiento Complejo de Morin

Con su propuesta de pensamiento complejo, Morin amplia la noción de síntesis que ya maneja la ciencia, introduciendo interesantes puntualizaciones que exceden al estudio de un fenómeno aislado. La ciencia llama síntesis a la conjunción de datos y fenómenos que se orientan a una solución simplificada y rara vez contempla la complejidad que Morin sostiene. De hecho, muchas veces la famosa síntesis no es sino una suma aritmética de cualidades y fenómenos; por más que se acotara que tal suma lo era dialéctica. Sin embargo, la propia noción de síntesis comprende la conjunción de un conjunto de elementos, si bien no precisa si estos corresponden a entornos totales (totalidades parciales) y en mutua interacción.

Morin nos ofrece una vívida descripción de cómo los distintos ámbitos de la existencia interactúan y como se entreveran en la comprensión, pese a que no va más allá de la suma aritmética dialectizada de lo que nos habla. De hecho no podía ir más allá en virtud de la herramienta que utiliza. Para exceder los bordes en los que se mueve Morin había que recurrir a la metáfora y a todas las figuras de las que se vale la literatura. No obstante, habría que reconocer que en su obra "El Método” dibuja un plano literario que mirado en conjunto logra acercarnos a esas otras funciones cerebrales que exceden al pensamiento. Su tratamiento exhaustivo de los aspectos de la vida, las ideas, la naturaleza y la sociedad fuerzan una imagen representativa que se resiste a la consciencia pero que deja el sabor de haber llegado a algo impensable. La manía de llevarlo todo a la consciencia (es decir a la función pensamiento) genera ese malestar típico de cuando nos hemos acercado a algo que no concuerda con la herramienta que queremos utilizar.

Pero Morin no solo logra atisbos de representación en su obra, sino que también linda con la intuición al reunir una gran cantidad de datos que llegan a apuntar a soluciones claras y precisas como la del pensamiento complejo. De su obra queda la sensación de saber de qué se trata el pensamiento complejo si bien resulta inasible ese saber.

Morin se mueve en la inteligencia, eso es claro. También es claro que no rebasa la función pensamiento, pero así como linda con la intuición y la representación traza una prospectiva del conocimiento a partir del pensamiento complejo: apunta a la premonición. Por último, su trabajo de invención sobre el conocimiento necesariamente lo ubica en el campo de la ideación. Es decir, su obra nos acerca a otras funciones cerebrales tan nominadas como inasibles desde la inteligencia.

Ciertamente puede decirse que Morin fracasa a la hora de exponer su intuición del Pensamiento Complejo, y ocurre precisamente eso porque no se puede explicar algo que pertenece al ámbito de la intuición. No puede utilizarse el estado mental del pensamiento para explicar lo que corresponde al ámbito mental de la intuición, del mismo modo que este texto necesariamente fracasa al pretender hablar de estados a los cuales se puede acceder solamente por su propia puerta.

Cuando se quiere captar lo complejo, el estado mental propicio es la intuición o alguna variedad de estado mental capaz de acceder a eso que llamamos “todo”. La intuición es lo propio para el conocimiento complejo de lo puntual. Si se quiere “entender” cierta totalidad, ya no puntual sino extensa, entonces el estado mental a modo es la representación. De igual modo, si queremos asimilar lo que nos topamos por primera vez, el estado mental propicio es la ideación. A su vez, si buscamos una prospectiva de una situación compleja, el estado apropiado es la premonición.

El pensamiento sirve para interactuar con lo simple. Es el estado mental apropiado para tratar con lo simple-simple (por ejemplo: las leyes físicas) o lo simple-arbóreo (por ejemplo un sistema). En nuestra sociedad predomina lo simple por influencia de la forma de organizarnos en torno a la generación de ganancia, de ahí que la forma privilegiada para explicar o entender todo es el pensamiento y sus formas de expresión como son la inteligencia y la ciencia.

El pensamiento se vale de arreglos arbitrarios de ideas, premoniciones, representaciones, intuiciones y de todos aquellos estados mentales que puede echar mano (o invoca) en un arreglo parcial: lineal o arbóreo. Podría decirse que el pensamiento es la expresión mínima de la intuición, así como la imagen plana lo es de la representación.

Se confunde que todo es pensamiento y que la inteligencia es la habilidad de despliegue de éste. Pero Así como la visión (ser visionario) es característica de la intuición ; la lucidez, el arrobamiento o la experiencia interior lo es de la representación ; la adivinación de la premonición y la comprensión o asimilación lo es de la ideación , la inteligencia solo es expresión del pensamiento y de nada más. Los diversos estados mentales son lo que conforman la mente, de ahí que ésta resulte demasiado huidiza e inasible.

Si yo quiero romper una roca puedo utilizar un martillo para hacerlo y obtendré algún resultado dependiendo del tamaño de la roca, de su consistencia y forma; pero si utilizo un marro ésa será la herramienta apropiada para acometer a la roca. No se pueden explicar con el pensamiento las cosas que responden mejor a la herramienta de la intuición, la representación, etc. Es decir, se obtienen resultados como los del ejemplo del martillo, que necesariamente serán magros.

En el despliegue de la existencia es necesario a cada momento pasar de la inteligencia a la intuición, de esta a la representación, etc. etc., sin embargo pretendemos que para todo sirve el pensamiento por más que la experiencia nos arroja el dato de lo poco que se usa el pensamiento en la cotidianidad y aún en la ciencia. Nos hemos anclado en el pensamiento por un mero efecto cultural, como corolario del modo de dominación imperante.

Evidentemente aquí no estamos hablando ni de la ideación ni de la representación, premonición o intuición, sino solamente del pensamiento, ya que sabido es que el lenguaje es una más de las formas de expresión del pensamiento; por tanto, aquí solamente se habla de que hay muchísimas más cosas más allá del pensamiento, “cosas” en donde la intuición resuelve, la representación mira, la ideación “agarra”, la premonición “adivina”. Habría muchos más estados mentales que utilizamos sin siquiera reparar en su existencia. Nos llegamos a parecer al ciego de nacimiento que es totalmente incapaz de acceder a cosas como la luz.

Bataille ofrece un discurso inteligente acerca de cómo acceder al máximo grado de la representación que es la lucidez. Más modestamente trabajamos con la imagen como representación de un todo. Si bien la dramatización de la vida de Bataille (como método de acceso a la lucidez), ocurre generalmente por accidente o por vicio, recurrimos usualmente a “la imagen” cotidianamente para ubicarnos en el espacio-tiempo-social, que es justamente la que nos permite vivir y circular con moderada calma, azoro o un estado apropiado a las situaciones que enfrentamos.

Bataille nos ofrece una puerta, pero no la abre ni nos muestra su contenido, camina en derredor de ella para enamorarnos, para animarnos a trasponerla, a mirar más allá de la inteligencia.

Deleuze a su vez en “el Bergsonismo ” (hijo que según él le hace a Bergson ), nos muestra otra puerta de entrada, esta vez a la intuición. Kant , Marx y otros nos habían señalado entradas similares con sus posturas críticas, pero Deleuze nos las actualiza de manera inteligente, es decir, escrita, discursiva. La crítica feroz, implacable es la puerta para la intuición, más no la intuición misma, de ella no se puede hablar ni siquiera nominar. Esto es, llamamos intuición a algo que no es pensamiento, que no es representación y que no es muchas cosas, pero que se distingue de ellas en cuanto se tiene.

De la ideación nos han quedado las nociones de “¡eureka!”, “caer el veinte”, “captar”, etc. que nos dicen que, finalmente, “abstrajimos” lo que se nos ofrecía. Aquí la puerta de entrada es más sencilla: es pararse simplemente ante lo desconocido, ante lo que no hemos visto y se nos arroja a la cara, nos lo arrojan o sin querer lo invocamos.

De la premonición poco podemos ofrecer salvo la pobre idea de la adivinación. El desprestigio la ha copado pese a que es el ejercicio de prospectiva que más utilizamos a la hora de dar nuestra opinión sobre el despliegue de las cosas, la sociedad o las diversas situaciones que enfrentamos. Habría que recurrir a los manuales de inteligencia o espionaje para merodear en torno a alguna puerta de entrada de la premonición.

Jorge Luis Muñoz
sep 04