Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Una nueva educación

Educar en la inteligencia, la intuición y la meditación

El cerebro y su puesta en línea

Desde el punto de vista de la puesta en línea de las redes neurales que integran al sistema nervioso, el pensamiento aparece como la puesta en línea las redes neurales que registran situaciones favorables y desfavorables para la existencia, además de la de asignar sentidos a distintos juegos de significaciones. La asignación de sentidos ocurre como reentradas de la función vital que es la detección de situaciones que afectan la integridad física del cuerpo. De esta suerte, el qué y el por qué aparecen como una actividad espontánea que tiene que ver con la actividad filosófica e intelectual en general.

El pensamiento aparece como el activador del registro y formulación de los riesgos y conveniencias ante el contacto con la realidad. Tiene un acceso inmediato al registro de reentradas que es la consciencia, lo que le permite un estado de alerta y verificación de la realidad. Su función principal de asignar sentidos a juegos arbitrarios de significaciones le permite poner en línea a las más disímbolas redes neurales. Muy posiblemente el pensamiento opere en conjunto de la intuición y la experiencia interior para realizar la asignación de sentidos. En tal sentido el pensamiento no sería otra cosa que un proceso vigilante de la integridad del cuerpo, un ejecutante de procesos más profundos realizados mediante la intuición y la experiencia interior (y muy posiblemente de otros estados mentales) (*).

Por su parte, la intuición aparece como la capacidad de poner en línea redes neurales temáticas. Al igual que el pensamiento la intuición se activa ante situaciones favorables o desfavorables para la vida, activando emociones, reflejos y alimentando al pensamiento con juicios. Puede decirse que la intuición es la capacidad procesual de redes neurales afines. Al activarse mediante la impronta y la crítica, activa entradas y reentradas neurales que permiten la formulación de conclusiones acerca de lo que la convoca.

La experiencia interior o meditación es la capacidad de poner en línea a una gran cantidad de redes neurales, sean temáticas o disímbolas. Es la fuente de la imaginación y la creatividad. Su alcance va desde la experiencia vívida hasta la meditación pasando por la intensidad. En la experiencia vívida logramos vislumbres y acciones que resultan imposibles sin la vividez de la experiencia. Ejemplos de vividez son el trabajo que logra grandes estados de concentración, espectáculos deslumbrantes, escenas y paisajes impactantes, etc.

En la intensidad se combinan la pasión y la atención para lograr vislumbres y acciones más penetrantes que en la experiencia vívida. Son ejemplos de intensidad: momentos de la práctica de algún juego o deporte, Momentos amorosos, confrontación de desafíos, etc.
La meditación es la máxima posibilidad de poner en línea y controlar el flujo electroquímico neural, lo que posibilita la ejecución de reentradas que solo son percibidas desde la meditación misma. De múltiples modos, no siempre conscientes, alimenta tanto a la intuición como al pensamiento, conformando significados novedosos, nuevos o inimaginables y llegando incluso al control del cuerpo y el cerebro.

Convocar a nuestras facultades

La intuición se activa mediante la crítica, y en un incesante intercambio con el pensamiento logra juicios acerca de la actividad que la motiva. El pensamiento se activa mediante el registro de datos, mismos que en el trabajo conjunto con la intuición y más profundamente con la experiencia interior se transforman en juicios y decisiones.

Al invocar a un estado mental, se activan los estados mentales correlativos. Particularmente al invocar a la intuición, la meditación o al pensamiento, se activan los tres (al menos). No es posible activar un estado mental sin activar al menos a los estados mentales básicos que son el pensamiento, la intuición y la experiencia interior. Lo vemos claramente con la activación de la meditación, de la cual se es consciente, aunque no se pueda conservar esa consciencia en el pensamiento debido a su naturaleza vigilante que solo le permite el manejo ágil de las redes neurales vigilantes.

La emoción, como marcador sicosomático, es la manifestación sintética de los juicios de la intuición, mismos que pueden aflorar en el pensamiento como ideas, juicios, conclusiones espontáneas, decisiones, etc. En el resultado final el pensamiento se manifiesta como valoración de riesgos, la intuición como instancia decisiva acorde con la vividez (actualidad), la intensidad y la orientación de la existencia del ser, o sea, acorde con la experiencia interior o meditación. En suma, la participación de los distintos estados mentales en el ser es indisociable, aunque cada uno puede ser puerta de ingreso al conjunto que conforman. No obstante, en ciertas situaciones resalta la actividad de una u otra capacidad mental. De ese modo en la reflexión resalta el pensamiento si bien es cierto que la presencia de la intuición es evidente. De modo similar en la actividad deportiva resalta la experiencia interior vívida, apareciendo el pensamiento solo en chispazos. Por su parte la intuición es la compañera inseparable de los procesos automatizados como el caminar, degustar, percibir, etc.

La experiencia interior es la que gobierna el carácter del ser, lo que se es, orientándolo de ese modo en la vida. Es decir, la experiencia interior se vive a diario y no solo cuando se medita. La meditación es un estado mental y no solo una técnica de modificación y control neural. Como estado mental es capaz de acceder a todo lo que el ser es capaz de ser. Como técnica puede modificar no solo el funcionamiento cerebral sino también el carácter general del ser.

Lo normal sería captar información (pensamiento), criticarla y ponderar las emociones al respecto (intuición) en el marco del carácter del ser (experiencia interior) y del estado mental específico (si lo hay). Sin embargo no ocurre eso en la realidad, en la cual se exaltan ciertos estados mentales en detrimento de otros a la par de pertinentes. Por ejemplo es común la exaltación del estado orgiástico sin la percepción de datos que ocurren en el entorno, sin la crítica de los únicos datos que se perciben, sin una ponderación emotiva y fuera del carácter que guía al individuo. En este caso predomina el estado mental orgiástico por encima de todos los demás. Tal predominancia no ocurre producto de una hiperactividad natural de las partes más primitivas del cerebro, sino como producto de reentradas neurales, producto de la subjetividad individual regida por el sistema sociopolítico y cultural dominante.

 

Pensamiento, intuición y meditación como vías de contacto humano

La intuición es el estado cerebral que nos conecta con el afuera, mientras que la experiencia interior o meditación es el estado cerebral que armoniza el adentro, es el que nos conecta con nosotros mismos. A su vez, el pensamiento es el estado cerebral que nos conecta con la contingencia. De ahí que la inteligencia no es otra cosa que la capacidad de manejar recetas que atienden la contingencia. Por ello el pensamiento es de corto alcance, mientras que la intuición y la meditación son de mucho más largo alcance.

Si el pensamiento emerge en torno y en base a recetas, la intuición lo hace en la multiplicidad, por ello la intuición solo es auxiliar en la receta pero certera en la decisión. La intuición se mueve de acuerdo a los principios que Deleuze establece para el rizoma, que son: multiconectividad, heterogeneidad, ruptura asignificante, multiplicidad, calco y mapeo.

Cuando la intuición decide puede aparecer equivocada si se le juzga desde el pensamiento, desde la receta, pero cuando se le juzga desde ella misma, desde la intuición como referente, entonces aparece como una de las posibilidades más cercanas al “decidente” (el que decide) dentro de un despliegue de posibilidades de lo que se decide. Es decir, la intuición desde ella misma (que es la manera correcta de asumirla: no se suman peras con manzanas) solo ocurre en la multiplicidad. Si todo está conectado con todo, conservando su propia posibilidad de expresión cada cosa, entonces cualquier  posibilidad de despliegue de una cosa no hace más que mostrar la multiplicidad de la misma.

La intuición llega a ser un potente auxiliar en la confección de recetas porque ofrece posibilidades muy cercanas al esquema perceptual de quien la practica, sin embargo esa no es su mejor propiedad. Lo mejor de la intuición es su despliegue en la multilplicidad, entendida esta como la capacidad de las cosas de ser muchas cosas a la vez. En la multiplicidad no hay caminos cerrados, sino abanicos de posibilidades capaces de enfrentar múltiples objeciones y recorrer múltiples caminos conectados con lo que se persigue.

La experiencia interior es la mirada que aplicamos hacia nuestro interior, tal que construye coherencia entre las distintas redes neurales del cerebro. Desde la mística oriental la experiencia interior o meditación se percibe como el contacto de uno con el mundo, cuando en realidad no es otra cosa que la sincronía de una gran parte de las redes neurales que se tienen y muy posiblemente, en el caso de la meditación oriental, la sincronía total de todas las redes neurales. Por ello aparece como la ubicación del ser en el cosmos.

Jorge Luis Muñoz (Dic2011)


(*) Bergson afirma que “la inteligencia propone y la intuición decide” (Deleuze, El bergsonismo. Ed. crítica)