Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Construir nuestro propio mundo

La Autonomía Como Deriva Social

La autonomía no es una forma de gobierno, la autonomía se construye y el conjunto de autonomías creadas define su forma de gobierno si deciden que lo necesitan.
La autonomía no es para sacar de la pobreza a los pobres, ya que estos se definen hasta la fecha por el modelo de sociedad dominante. Cada sociedad define a sus pobres acorde a un modelo ideal que se funda en lo que la propia sociedad considera deseable o indispensable. Reivindicar a los pobres de una sociedad es reivindicar el arreglo de los valores sociales que los producen, o sea, es perpetuarlos. La autonomía es para dotar a la gente, cualquiera que sea la condición social en que participa, de condiciones materiales de existencia que posibiliten la vida y la creatividad. Cada grupo o comunidad autónoma decidirá sobre sus condiciones de vida, acorde con sus relaciones con el resto de las autonomías y fuerzas sociales.
La reivindicación de los pobres es un argumento regularmente utilizado para imponer nuevas o renovadas visiones de poder que naturalmente intentan imponer su visión del mundo, su ética, su organización, su sensibilidad, su ciencia, su arte y las variantes que de ello desprenden. Al ser natural no puede verse con malos ojos, solo que ocurre que se pretende universalizar esa mirada y de opción particularísima pasa a ser válida, verdadera y por tanto obligatoria.
El poder tutelar indefectiblemente se funda en visiones provincianas que se pretenden universales (tal es el caso de Occidente y muchos otros pueblos), dichas visiones pueden ser más o menos aceptadas, más o menos productivas para ella misma (cuando es capaz de autosostenerse y perpetuarse) y más o menos progresista (capaz de descubrir e incorporar nuevos elementos que la proyectan y ubican en el cambio). Sin embargo, el poder tutelar es un lastre aún para la más progresista de esas visiones, en tanto que es por naturaleza reductivo, limitante, represivo y controlador.
Las sociedades china y norteamericana son grandes ejemplos al respecto. La sociedad china con milenios gobernándose por sabios, fue incapaz de desarrollar nada que contuviera la agresión inglesa. El desarrollo milenario chino fue incapaz de contener al incipiente desarrollo inglés. La sociedad norteamericana regida desde los medios de comunicación, pese a su meritocracia ha constituido grandes condones en torno a la tecnología de punta, lo que hace que todo dependa de los grandes monopolios. La dependencia tecnológica en torno a los EU, impide el desarrollo de áreas como la medicina alternativa, el arte, el diseño social o la creatividad general. Todo debe someterse a cánones regidos por los intereses del capitalismo.
Los genios, los que escriben algo (como esto) o los que proponen cosas son variedades de idiotas. Clavados en su mundo difícilmente ven más allá de su nariz, de hecho no pueden ir más allá, de otro modo no podrían ser sabios. Crear algo, lo más insignificante, consume tanta atención, concentración y recursos alimenticios del cuerpo que no es posible ver mucho más allá de las idioteces en que se ocupan mente y cuerpo. Al genio musical no le cabe un mundo mayor al de la música, lo mismo al pintor, al escultor o a cualquier otro artista. Son idiotas por naturaleza. Podría pensarse que gente como Francisco Toledo (quien tiene toda mi admiración), escapan al canon de idiotas por su gran activismo político, pero ¿A dónde lleva su activismo en medio de la mirada del gran hermano que todo lo puede? A perder el tiempo y en el mejor de los casos a cumplir con la regla del sistema que incluye la responsabilidad social acorde al capitalismo. A dónde llevo la sabiduría leninista: al infierno de los gulags. El genio de Einstein y los físicos norteamericanos involucrados con la bomba atómica solo condujeron al genocidio en Hiroshima y Nagasaki. La lista de los idiotas y las atrocidades que cometieron o de las que fueron cómplices es muy larga, tan larga como la historia que las rememora. ¿Cuántos de ellos cayeron en la cuenta que lo que pregonaban o descubrieron era tan solo una mirada provinciana al servicio de alguna visión del mundo o algún poderoso? ¿Cuántos de ellos fueron capaces de sustraerse al poder que los estimulaba, alimentaba y protegía? Los más se contentaron con exclamar ¡Dios mío, qué hemos hecho! El sabio es pues, una variedad de idiota parido por su tiempo.
En una autonomía cada sabio debe ser controlado por su comunidad, pero debe dejársele en plena libertad creativa para que sus idioteces puedan ser utilizadas por su comunidad para lo que mejor le convenga. Es más, toda idiotez producida por quién sea, aunque no sea graduado de sabio, debería circular libremente, para que cualquier comunidad la pudiese aprovechar. A toda costa debería combatirse el secreto capaz de perjudicar a la sociedad. Pero sabios o idiotas deben dormir tranquilos. Un idiota como García Márquez nace así y solo una gran voluntad, que consumiría toda su vida, lo apartaría de las idioteces que creó.
Cada comunidad autonomista, cada grupo debe ser un jardín en el que florezcan destinos colectivos e idiotas en un gran concierto. Jamás debe caerse en la tentación de regular lo que se considere conocimiento, sabiduría, ciencia, tecnología o técnica. Si a una comunidad no le sirve o gusta algo de lo producido hay o habrá otras comunidades o grupos que las consideren útiles, atractivas o deseables.
El poder tutelar anida en el cerebro de dinosaurio y pasarán aún milenios antes de que se logre domesticarlo y no porque sea muy fiero, sino porque el mismo es motivo de vida. En tanto, habrá que aprender a convivir con él. El dinosaurio moderno se llama empresa privada y tiene su razón de ser en la razón que sustenta la sociedad capitalista. En tanto discurren los milenios necesarios para que emerja una nueva humanidad, las autonomías deberán lidiar con los engendros del poder tutelar, solo así sobrevivirán sin que empiecen a arrancarse la piel mutuamente. Las autonomías no son el modelo social deseable, son lo único que se puede mirar estando dentro de la selva capitalista. La teoría autonomista es platicar, es un decir, es un chorizo. La autonomía es cosa de un suceso colectivo, no es una mirada individual ni una propuesta genial: es una idiotez cualquiera, es una cosa para hacerse.

Jorge Luis Muñoz
Julio de 2013