Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Construir nuestro propio mundo

Ganarle al Dinosaurio

Esa noche me dormí un poco tarde, no tanto como llego a hacerlo, pero ya era tarde. Luego me pierdo siguiendo links de algún libro, o jugando araknoids. A veces me entretengo bajando películas pero esa noche andaba buscando precios para una compu. Conforme avanzaba en mi búsqueda más me decepcionaba, las compus nuevas tenían procesadores viejos y las que los traían nuevos estaban carísimas.
Poco a poco me fue quedando claro que no valía la pena regalarle a Jonás una compu con un procesador viejo, que habría que hacerle la lucha por conseguir algo mejor. Saqué mi cuenta y llegué a la conclusión de que algo más o menos nuevo como un i3 me salía en unos  3,600 pesos sin contar, memoria ni tarjeta de video. Pero me dije que Jonás podía ir juntando para que se compre el quemador, la tarjeta de video y lo que le faltara que es bien poco.
Con esa idea me fui a dormir. Cuando llegué a la cama Chela estaba despierta y de inmediato le platique el plan que mastique mientras veía precios. Pero al estarle platicando se me ocurrió otro plan. Era simple, por cuestiones de economía le pasaría yo mi compu a Jonás y actualizaba una con el gabinete que conservaba de aluminio. Le expliqué a Chela que había que empeñar algo para financiar la idea, al fin y al cabo ya venía el aguinaldo y ahí nos reponíamos.
Yo quería regalarle algo al Jony porque a todos les he dado algo menos a él y bien que se la raja conmigo. Cuando construimos el cuartito para que ensayaran los muchachos (y para que el Pelón dejara nuestra cama, en la que se apoltrona todas las tardes-noches sin dejar que Chela o yo nos acostemos, hasta que se le ocurre irse a su casa), incluido él, fue el Jony el que sacó la mayor parte de la tierra para abrir el hueco, Lo hizo a pura pala. Él subió casi toda la piedra que salió del cuartito y apenas ayer andaba cortando el pasto a pura tijera. Por eso pensé en ayudarle a comprar una compu nueva porque la que tiene ya no reconoce discos de un tera.
Yo le regalé un disco que empezó a fallar cuando se lo di, pero él le encontró el modo y le arregló el sistema de particiones que era la falla. Ya tenía disco pero no compu, así que me decidí a apoyarlo para comprar una.
Chela estuvo de acuerdo y quedamos de platicarle el plan en cuanto llegara del trabajo. Así lo hicimos a la mañana siguiente. Algo me falló porque el Joni empezó a bostezar. Era pura vergüenza o bochorno por lo que le estaba proponiendo, que era ni más ni menos de pasarle mi máquina enterita para que pudiera jugar los juegos que se baja y que comen mucho video.
Traté de apoyarme en su esposa (mi hija), pero mostro un bochorno poco disimulado. Yo ya no hallaba que decirle pero seguí hablando del plan financiero y de cómo iba a diferir gastos hasta el aguinaldo. Cada vez titubeaba más pero insistí hasta que quedamos en un bochornoso acuerdo de llevar adelante el plan.
Para esto, Daniela, la entenada del Chino (mi hijo) se había ido de la casa, la fueron a buscar y apareció con su papá. Yo sugería que si se quería ir que se fuera, pero Chela indignada dijo algo así como que eso eran chigaderas, que si fuera su hija se la traería de inmediato. Así se lo dijo a Magos y al Chino, los sensibilizó a tal grado que fueron de inmediato por la Daniela que con sus trece años solo atinó a quedarse esa noche con su papá. Después de eso, a la mañana siguiente apareció la Dani y rápidamente se formó una camarilla entre la Dani, Luvina, Albia y por delante Chela. Medio gimotearon, le dieron consejos a Dani pero sobre todo, pusieron sobre el tapete que le ofrecían solidaridad de mujer.
Para el día siguiente a esos hechos, me entero que Chela le había prometido a Dani llevarla al “Dolores Olmedo”, quesque porque la chiquilla casi no salía. Desde luego, yo era el chofer designado. No me cayó nada el nombramiento porque estaba pegado a la máquina tratando de ponerme al corriente con la organización de mis cursos y los trabajos pendientes de la casa. Medio metimos el drenaje al cuartito por si algún día se nos ocurría meter un baño y no me dejaban estar los pendientes. Pero al final di mi brazo a torcer y los llevé al museo.
Chela quiso cargar con el Toño y Orel, pero los chiquillos se negaron por estar jugando Xbox. Albia no quería ir pero finalmente fue refunfuñando. Yo los espere afuera del museo oyendo música y dormitando. No entré porque, aunque era gratis, ya lo había visitado varias veces.
Cuando llegamos a la casa le dije a Albia: “tu no ayudas, yo le quiero dar la máquina a Jonás porque les he dado algo a todos menos a él”. Se apenó un poco y parece que al fin entendió algo de lo que me motivaba.
Jonás batallaba mucho con su máquina, de hecho casi siempre estaba metido en la de Albia y ya no hallaba en donde meter sus archivos. Eso lo agüitaba, pero sobre todo, sentía yo que le pegaba en su autoestima. Chela y yo siempre hemos procurado que los muchachos no pierdan su autoestima, por eso de tiempo en tiempo procuramos erradicar de la casa la sensación de “jodidos”. Procuramos dejar claro que el hecho de no tener mucho dinero no quiere decir que somos pobres.
Hoy precisamente estábamos platicando de J, un cuate que era de la liga 23 de septiembre pero que acabó de burócrata y gato de cuello blanco en la UNAM. Por ahí anda, dócil con los jefes, servicial hasta decir basta y encamándose a algunas nenas de no malos bigotes. Le divierte meter a su familia a trabajar en la UNAM para que sus hijos traigan carros del año. Pero el tipo siempre anda malo del estómago, la presión lo mata. Pero ya se acostumbró, es consciente de que es gato, de que siempre lo va a ser porque no pertenece a la familia feliz. Se contenta con su pequeño coto de poder y de algunos placeres que se pueden tener siendo un buen sirviente.
Siempre les ponemos de ejemplo a J cuando les gana el estrés por falta de dinero; pero hasta ahora ha ganado el sistema. Ni Albia ni Jonás tenían por qué incomodarse. Chela y yo ya estamos viejos y sabemos en donde apoyarlos para que crezcan, no para que tengan más, sino para estimularlos. No siempre funciona en el sentido que queremos, pero sí hemos logrado mantener una moral más o menos alta en la familia, sin llegar a que se sientan privilegiados o mejor que los demás.
El individualismo base del sistema capitalista es incapaz de vislumbrar que cuando estamos jodidos conviene agruparnos. No necesariamente formar comunidades pero si cooperar para sacar adelante lo que se quiere. Chela y yo así nos hemos apoyado desde siempre, con mi hermana Diana y mi mamá cuando vivía, con mis hermanos. Con todos mis hermanos compartimos casa y cosas hasta que cada quien jaló por su lado.
Como organizadores de comunidades familiares somos un fracaso, pero ya se nos hizo costumbre procurar cierta unidad, la que hemos financiado con mi sueldo y con lo que he sacado de mi trabajo profesional. Nos queda la impresión, a Chela y a mí, que nuestros propios hijos no entienden del todo lo que es trabajar en comunidad, cooperar para salir adelante (como nunca lo entendieron ni mis hermanos ni cuñadas). Pesa el sistema demasiado.
El sistema tiene muchas soluciones para encontrar empleo, para poner un negocio o para conseguir dinero (que nada de eso garantiza); pero casi no tiene nada para que la gente se haga independiente, para trabajar en colectivo, o para producir en su propio provecho. Las semicolectividades, como la nuestra que es familiar, se sostienen porque alguien se empecina en sostenerlas. No hay ambiente ni económico ni social ni cultural propicio para trabajar en colectivo. Continuamente se estimula el egoísmo del dinosaurio y este siempre gana.
Pero hay muchas maneras de estimular al dinosaurio sin que tengamos que reproducir al sistema capitalista, de eso se trata a la hora de construir autonomías. Ahora que el sistema falla, que la mayoría de los trabajadores (según el INEGI) son informales, es cuando se abre alguna posibilidad de construir autonomías. No como doctrina o propuesta revolucionaria; no como utopía o por lograr democracia, justicia y libertad. No, no por eso, sino a lo mejor por eso y principalmente porque la sobrevivencia colectiva se ha vuelto un imperativo. La gente crea redes, aunque sea de corta vida pero las crea porque no le queda de otra. El individualismo capitalista ya no es viable en nuestro país ni parece serlo en el mundo. Simplemente en el país más rico del mundo. EU, casi un sexto de la población vive en condiciones de pobreza.
Agruparse por necesidad no por doctrina o ismo. Agruparse puede ser una buena salida del capitalismo. Agruparse para crear poderes comunitarios y economías alternativas favorables para la vida de la gente y no para unos cuantos.

Julio de 2013
Jorge Luis Muñoz