Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Construir nuestro propio mundo

Fragmento mexicano

En México remover las estructuras sociales requiere de toda una revolución. El sustrato indígena de la cultura firmemente enraizado en relaciones de grupo constituye una unidad monolítica. Se espera que la cabeza cambie para que los cambios devengan. El cambio debe inspirar confianza grupal o no es bienvenido. Si el cambio no viene de las cabezas de grupo se ignora e incluso se le ataca. La confianza en planes y programas, acciones y movimientos es un asunto de grupo y la define el que encabeza al grupo el cual no necesariamente debe ser un colectivo, basta cualquier motivo de agrupamiento para que el grupo se cierre en torno a un líder.
No se actúa así por ignorancia ni por falta de iniciativa, sino porque se obedece a un impulso gregario presente en lo más profundo de la psique nacional. De hecho, una vez constituido un grupo sus integrantes son capaces de desplegar una actividad inusitada en torno a las iniciativas del líder. Todo lo que desvíe de ellas es mal visto y aún combatido.
Una vez que una persona da un sí a un grupo, virtualmente le pertenece y solamente los excesos le apartarán de él. El grupo le da identidad y sentido y le permite actuar automáticamente sabiendo que hay todo un colectivo detrás de cada acción, de cada palabra que se dice.
Los elementos de los grupos son acríticos en un sentido occidental que poco explica esa actitud. Su acriticismo nace del respaldo familiar que se tiene y de la seguridad de que se puede subsistir incluso ante las más acuciantes penurias. Un pueblo acostumbrado a la pobreza, curado de engaño y habiendo aprendido a evadir a los tiranos y a los déspotas se cubre en el grupo y en sus propias posibilidades de existencia para actuar.
Pero quizá lo que mejor funda ese acriticismo es la costumbre de actualización de la existencia antes que su intelectualización. La gente busca el cambio en el movimiento, no en la concepción del movimiento como lo hace occidente. En el movimiento lo que vale es el movimiento mismo, ante este toda interpretación puede valer, pero lo que realmente es válido es lo que el grupo valida como tal.
Existe un aparente círculo vicioso, pero en realidad pareciera que se valida el “Todo Vale” de Feyerabend o alguna construcción rizomática de Deleuze. Ni una ni otra, no estamos ante el reinado involuntario del anarquismo epistemológico ni ante el rizoma deleuziano. Estamos ante una “lógica” gregarista que en realidad ni es lógica ni sigue razones, es como el despliegue de un núcleo autoidentitario: un núcleo que se reconoce y valida a sí y que opera reconociendo la existencia de otros núcleos, de los que asume su existencia y que al igual que él, no necesitan sino su propia autovalidación y autoreconocimiento. Es decir, cada grupo convive e interactúa con otros grupos sin que ello le provoque conflictos de validez o verdad. Ninguno tiene la verdad absoluta, cada uno tiene su verdad y esta es tan válida como cualquiera siempre y cuando no se intente imponer una verdad sobre otra. Esto último rara vez se intenta, ya que la lógica gregarista excluye la competencia cuando esta significa exclusión.
Cuando un líder o grupo intenta imponerse a otros, esto provoca un cierre de los grupos “agredidos”, un enconchamiento defensivo que no necesariamente implica contestación.

 

Jorge Luis Muñoz