Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Construir nuestro propio mundo

Autonomía, Comunidad e Intuición

Jorge Luis Muñoz

Las notas de este sitio parecen fragmentarias y lo son. Son también francamente acientíficas y dispersas y muchas de ellas, aunque se basan en resultados del conocimiento contemporáneo, no se corresponden con la época. Es decir, les falta argumentación, apoyo bibliográfico, desarrollo y son francamente vagas.
Esto es así porque (he aquí la “razón” como concesión involuntaria) las autonomías no requieren que alguien les diga qué hacer o por dónde ir. O las autonomías desarrollan su propia teoría o chorizo o no son autonomías. Cada nota, cada palabra es solo por opinar. Yo lo hago desde mi experiencia familiar y desde mis intentos de colectivización y grilla en mi vida. Nada para investigar porque nunca fue la intención la de crear una microautonomía, solo salió así a partir de la intención de que la familia, primero, y después los hijos (y si se podía, los vecinos) viviéramos en paz y sin demasiadas angustias.

Imagen de Melissa Romero Castillo. FAD-UNAM, 2016

Siempre tuve la intuición de que no había que desarrollar teorías al respecto porque ellas, las teorías, son intentos pueriles de fijar eso que llamamos realidad. Es querer hacer de la palabra verbo. Esto suena a justificación de alguna incompetencia y lo es. No puede ser otra cosa porque partimos de una ciencia que fija, una razón que aprisiona y una teoría limitante. En la época del deber ser todo lo que no hable de lo que se debe, es necesariamente disperso, inconcluso e incluso insulso. Después de Nietzsche todo es dispersión.
Si le hacemos caso a las neurociencias todo se procesa en la intuición (tal y como lo decía Bergson), de ahí que son inútiles los esfuerzos por escribir libros y libros intentando explicar ideas o una visión del mundo. Se escribe por vicio, por compulsión, por pasar la vida o por paga. La intuición es mucho más económica para el cerebro que la conciencia. Echando a andar la intuición se gastan menos nutrientes en grandes procesos neurales que trabajando con una simpe idea mediante la conciencia.
Quizá llegue un día en que escribamos ideas para ser completadas en la intuición y en el despliegue de la vida (que no en la praxis, intuición marxista petrificada). Los exabruptos de las ideas pueden servir para una vida entretenida, elaborando los propios opiáceos, mezcalinas y demás alucinógenos y apendejantes llamados neurotransmisores. La vida mental que así se logra suele ser divertida y sobre todo muy entretenida.
Pero hay una cosa que es mejor que la vida de escribiente y soñador y esa es la vida a secas. La vida proporciona tanto placer que el grueso de la humanidad vive en ella, aunque llegue a depender de unos mendrugos o cargar en la espalda a déspotas y títeres.
Pero al margen de lo que parezca esta nota, su “razón” de ser es señalar que las autonomías deben apartarse de la razón y de la conciencia y aprender a trabajar en la intuición con toda la carga de experiencia que ello implica. Esto nos lo ejemplifica admirablemente la publicidad contemporánea que lanza ideas que los individuos completan en el mal llamado inconsciente que no es otra cosa que la intuición (o sea, el resto cerebral fuera de la conciencia). Es por ello que la primera acción en la construcción de autonomías es su pubicitación y las de sus posibilidades de ser. Paso que pretenden ahorrarse movimientos como los zapatistas, los de CECOSESOLA y otros movimientos autonomistas con el beneplácito de los poderes dominantes que siguen moldeando la intuición de la humanidad sin mayor oposición.
La conciencia “debe” volver a su uso primigenio como simple auxiliar de la intuición. No se trata de despreciarla sino de reorientarla, de quitarle los cercos que la limitan y expandirla hasta los límites en que ya solo se percibe mediante la intuición.

Enero de 2017