Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Consolidar un poder popular

La Eficiencia del Poder
Jorge Luis Muñoz

El gran reto de las autonomías es saber reconocer
la eficiencia de los poderes pastorales,
procurando dotarse de esa eficiencia

Esta teoría del poder no es para enriquecer la ya amplia bibliografía sobre el tema. Su intención es dar algunas ideas a las autonomías que se formen o que ya existan, sobre la naturaleza del poder, si es que se desea trascender a esta era de poder tutelar[

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Imagen de Anónimo. FAD-UNAM, 2016

En primer lugar, el poder tutelar no aparece de golpe ni resulta ajeno a nuestra constitución biológica. El poder tutelar es el reflejo del accionar vital de nuestro cuerpo, particularmente de nuestro sistema nervioso. El cerebro se inventa la realidad, pero la está continuamente sometiendo a crítica bajo la guía de su utilidad para la sobrevivencia. Un sistema hace lo mismo, pero reduce la crítica o la anula y solamente tolera la crítica que deja intocados a los poderes establecidos. El poder pastoral tiene pues base biológica pero la tuerce y redirige de acuerdo con sus intereses. Nada nuevo hasta aquí.
Francisco Rubia (1) postula que el cerebro está hecho para el movimiento y que ahí en donde el movimiento cesa, el sistema nervioso desaparece. Tal es el caso de la ascidia que, naciendo con un sistema nervioso, este se reabsorbe cuando la ascidia se arraiga como planta en un solo lugar. El movimiento implica cambios continuos de los medios que rodean al individuo, situación que el cerebro enfrenta con un continuo escaneo de su entorno y un continuo recableo neuronal. No obstante, el cerebro por cuestiones de nutrientes, suele fijar ciertas “percepciones” del mundo inventándose su propia realidad (2). Tal invención no le resulta problemática al cerebro debido al continuo escaneo que realiza de su entorno. Si la realidad que se inventa resuelta inadecuada para sus imperativos vitales, simplemente la corrige o reinventa de acuerdo con su cableado neural principal (no con la realidad ya que aquella es su propia realidad).
Es decir, el cerebro, todo el sistema nervioso y por ende el cuerpo del individuo, buscan perennemente condiciones de sobrevivencia de acuerdo con su entorno y con su propia percepción de realidad. Es este proceder del cerebro lo que aprovecha magistralmente el poder pastoral o tutelar para inducir realidades que le convienen. Aunque habría que aclarar que, en realidad ni el cerebro ni el sistema nervioso ni el cuerpo buscan nada, su proceder es solamente un arreglo bio-físico-químico y social sensible a su entorno o, como diría Maturana, es un arreglo autopoiético.
Los poderes pastorales propician condiciones para la sobrevivencia biológica (así sea con el recurso de perdonar la vida). Su eficiencia al respecto los sostiene, crea y recrea. Claro, su eficiencia se resume en hacer que los subordinados hagan el trabajo que los poderes demandan.
Los poderes pastorales suelen ser ágiles, al contrario de muchos arreglos comunitarios que adolecen de lentitud ante el reclamo de sobrevivencia instaurado en nuestros sistemas vitales. No obstante, habría que reconocer que si los amos se sostienen es porque logran que sus esclavos los mantengan y se mantengan.
Los poderes pastorales comienzan casi siempre con una etapa de terror o de manejo de la imaginación; luego se institucionalizan por otros medios como la religión, la tradición, la cultura o la ley. De esa forma logran que los dominados trabajen para ellos. A Alejandro le bastó convertirse en dios para dominar a los egipcios cuando ya había masacrado a otros pueblos. A Salinas de Gortari le bastó maicear al pueblo con vacas, puercos, becas, ayudas y gallinas para superar su elección fraudulenta. Siempre la eficiencia después del robo, después del asesinato o de la masacre.
La imaginación que tan magistralmente manejan los poderes tutelares, tiene su origen hará unos 75 mil años cuando aparecen marcas en piezas de ocre que delatan el despertar de cierta imaginación. Pero no es sino hasta hace unos 35 mil años, con las pinturas rupestres, cuando la imaginación se muestra capaz de competir con la realidad. La aparición de comunidades rurales en el oriente medio hace unos 12 mil años muestra ya la madurez de la imaginación que con el tiempo será capaz de sustituir a la realidad.
Los poderes pastorales se consolidan con el nacimiento de la agricultura cuando son capaces de hacer soñar a sus dominados con tierras de las que brotan leche y miel y con los favores de los dioses que traerían abundantes cosechas. Es cuando el poder tiene ya un inmejorable apoyo en la imaginación. Con el poder de la imaginación los déspotas rápidamente se imponen a las comunidades.
Por otra parte, los poderes pastorales aprovechan la creciente capacidad cerebral de prospectar para ser cada vez más eficientes, lo que acaba imponiéndose incluso a comunidades con culturas encarnadas en el ensamble principal del cerebro (3). A lo anterior habría que agregar que las comunidades exentas de poderes pastorales llagan a convertirse en un infierno tal y como nos lo narra Laurette Sejourne en San Mateo del Mar, Oaxaca, México (4). Otras comunidades como las que nos narra Clastres (5), que incluso no tienen ni dios ni ley ni rey, suelen ser arrasadas por esa capacidad prospectiva de las sociedades despóticas. Aquí claramente se adelanta que las autonomías deben ser tan eficientes como las sociedades despóticas, tanto en el manejo de la imaginación como en su eficiencia para la sobrevivencia humana.
¿Qué hay antes de que los poderes pastorales se apoderen de las comunidades? Al parecer lo que existe en una cierta convivencia o integración con el medio y una imaginación al servicio de la colectividad. Pero la creciente capacidad craneana de prospectar lleva directamente a la aparición de poderes pastorales que andando el tiempo torcerán los modos de sobrevivencia de las comunidades. Ya no es necesario el consenso, basta crear ciertas expectativas de sobrevivencia para que instintivamente se sigan. El manejo expectativa-realidad es algo que las autonomías deberán manejar eficientemente.
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Imagen de Anónimo. FAD-UNAM, 2016

Es decir, los poderes pastorales son un medio natural de resolver la subsistencia y su concentración es parte de su eficiencia. Que los poderes pastorales deriven en despotismos no es sino una entre otras posibilidades que tiene el desglose de la concentración de poderes. Hasta ahora lo que hemos visto es que la concentración de poderes favorece a las élites que lo encabezan y que son las encargadas de controlar a los subordinados. Por ello puede inferirse que ninguna concentración de poderes tutelares es sana para las mayorías.
Hoy estamos en capacidad de reconocer los impulsos vitales del hombre. Resolviendo estos es como puede ahorrarse el paso por las formaciones sociales bajo la tutela de poderes concentrados. No necesitamos el crecimiento del lóbulo frontal para lograr una mayor eficacia en la sobrevivencia. Basta aprender a utilizar dicho lóbulo para hacer más potente la prospección. Pero su utilización no puede establecerse por decreto por la natural oposición cerebral al consumo excesivo de nutrientes. Tampoco puede establecerse de manera doctrinaria como nos lo han demostrado los movimientos marxistas, cristianos y budistas. Quizá lo único que pueda ayudar a mejorar las capacidades prospectivas de la especie es la armonización de dos de los impulsos vitales básicos como son el impulso egoísta y el gregario. Uno garantiza la sobrevivencia y el otro equilibra los naturales excesos del primero. El primero se funda en la sobrevivencia individual. El segundo en la imposibilidad de la sobrevivencia humana aislada. Ambos impulsos tienen fundamento biológico. El impulso egoísta responde a la autopoiesis del organismo, mientras que el impulso gregario tiene como soporte mínimo a las neuronas espejo y a la acción de la oxitosina.
Aunque el impulso gregario tiene fundamento biológico, su conformación es fundamentalmente social. Sin el refuerzo social, el impulso gregario termina sometido al impulso egoísta que es exactamente lo que logran los poderes pastorales. El impulso egoísta funciona de forma automática, mientras que el gregario responde solamente a ciertas situaciones en las que la cooperación entre individuos es indispensable. Es por ello que dicho impulso debe ser cultivado evitando que llegue a opacar al impulso egoísta que es el responsable de la sobrevivencia y de los motivos últimos para la existencia.
El éxito mundial de la cultura estadounidense, de su música, de su cine y de muchos otros aspectos culturales, se cimienta en el manejo de los impulsos básicos de sobrevivencia. ¿Qué es el cine hollywoodense sino una buena mezcla del sexo, muerte, amor y en general de elementos asociados con la sobrevivencia? La fácil respuesta humana a los impulsos vitales puede aprovecharse en la construcción de autonomías tal cual lo hace el capitalismo.
Con su eficiencia para la sobrevivencia, el capitalismo estimula el impulso egoísta y lo convierte en individualismo consumista. A la vez abandona a su suerte al impulso gregario, aprovechándolo solamente en acciones como el trabajo en equipo segregado de las comunidades o manteniéndolo a raya en formaciones comunitarias espontáneas como es la familia; pasando por retorcer en su favor conceptos como la lealtad, la solidaridad o el amor que son componentes del impulso gregario.
La capacidad prospectiva de la especie crecerá estableciendo riadas que arrastren a la gente hacia acciones colectivizantes, estimulando así al impulso gregario. Considerando que es la intuición la que finalmente norma la conducta humana, habrá que crear riadas capaces de activar una intuición tal, que capte que los problemas de la subsistencia tienen otras soluciones además de las que nos ofrecen los despotismos. Estos nos muestran que el camino de la eficiencia para subsistir es a lo único que respondemos espontáneamente. Aprender de la eficiencia capitalista (por ser lo de hoy), tal es la cuestión.

Noviembre de 2016
Xochimilco, Cd Mx

(1) Impactante conferencia del Dr. Rubia sobre la actividad del cerebro. Ver en: https://www.youtube.com/watch?list=PLfSLKP0_BMD-eW8nw_8B2VnNKMTAx46Mo&v=lND1NwinK8c

(2) Ídem

(3) Bargas, José. “Cómo funciona el cerebro”. Artículo en el diario La Jornada, sección ciencia.

(4) Sejourne, Laurette. Supervivencias de un mundo mágico. Ed. FCE, La ciencia desde México. México, 1984

(5) Clastres, Pierre. La sociedad contra el estado. Monte Ávila Ed. 1980.