Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Consolidar un poder popular

Tesis sobre el placer del poder


¿Qué pasaba en la cabeza de nuestra ilustre maestra Elba Esther Gordillo cuando miraba al mar, sintiendo la brisa marina en el rostro e impartía órdenes irrecusables por el celular (que le cargaba el esclavo de turno) en medio de los lujos que su liderazgo le permitía?

  1. Ante los signos del poder, la riqueza y la celebridad, se activa el cerebro de dinosaurio
  2. Ante esos signos ocurre una cierta descarga de dopamina la principal responsable de la sensación de placer
  3. En ese y otros momentos en que el cerebro detecta una vida garantizada, las descargas de dopamina se hacen frecuentes
  4. Los placeres frecuentes, lo son perennes porque reverdecen ante las infinitas variaciones de los signos que los motivan. Su característica principal es su alta intensidad pese a su frecuencia. Ante los placeres perennes, los de la vida cotidiana (fuera del poder, la fama o la riqueza) aparecen como pálidas imitaciones, salpimentadas con ocasionales accesos de verdaderos placeres cercanos a los perennes.
  5. Poner en línea redes neurales asociadas a la conservación de la vida, la alimentación, la satisfacción de la sed, las necesidades básicas (orinar, defecar), etc. al parecer induce cierto estado de lucidez (meditación o experiencia interior) al activar grandes áreas del cerebro.
  6. Al parecer la lucidez alcanzada mediante el poder, la fama o la riqueza es de orden puntual (atisbo) o a lo más, de orden intermedio (intensidad), por tanto producen puntuales o medianos accesos de experiencia interior que son fuentes frecuentes de placer.
  7. La explicación del poder antes que sicológica es biológica y su fuente es el placer frecuente. Es similar al placer que se obtiene mediante las drogas o los deportes extremos, solo que el obtenido mediante las fuentes del placer “perenne” (poder, riqueza y fama) es infinitamente renovable. Se verifica cada vez que se comprueba que se tiene la vida asegurada.
  8. Caso similar es la búsqueda del sexo, que otorga placer siempre. Lo hace porque es cada vez una verificación de que la reproducción está en marcha. De nuevo es mecanismo biológico (aparte del cultural y social) la base que lo impulsa.
  9. Ocurre lo que en el experimento del simio cuyo cerebro segregaba dopamina cada vez que la información de su entorno le permitía deducir que venía la comida. Si el mecanismo cerebral premia lo que favorece a la vida, cada dato que desde el poder, la fama o la riqueza afirma la vida, motiva la segregación de dopamina.
  10. Los tres vicios actuales: poder, riqueza y celebridad tienen su origen en el placer. En efecto, la dopamina responsable del placer, se libera desde la base del cerebro que es la parte más primitiva del mismo.
  11. Se activan los instintos más básicos, por eso los tres vicios seducen a cualquier gente, sea del rango o clase social que sea.
  12. Pero el placer que afirma a la vida convive con la angustia de perderlo todo, característica de políticos, artistas y ricachos de todo tamaño (quizá exceptuando a aquellos “demasiado grandes para sucumbir”).
  13. Quién ha superado sus ansias de poder, riqueza o fama, es porque ha alcanzado la máxima garantía de la vida, es decir, ya satisfizo sus instintos básicos. Si esto es cierto, cada sabio es una bestia satisfecha.
  14. Ricos, políticos, famosos y sabios quizá debieran considerarse entre las bestias más peligrosas, por estar cebadas con el placer perenne.
  15. ¿Ni político, ni rico, ni celebridad, ni sabio?
  16. Se podría alcanzar más fácilmente el rango de humano, si alcanzásemos la meditación en medio de una vida ordinaria. Ello nos daría acceso al placer perenne sin montarnos en nadie.
  17. Desde la perspectiva biológica, al parecer la conservación de la vida y la reproducción son los motores de la existencia, lo que hace parecer ingenua a cualquier pasión o propósito en la vida por más sublime que parezca. Si el plato mayor es la vida de la bestia, habremos de conformarnos con sus aderezos.
Jorge Luis Muñoz
Marzo de 2013