Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Consolidar un poder popular

Plan General

El trípode del sistema
Rehacer la vida colectiva solamente puede ser eficiente si se sigue lo que ha demostrado que es exitoso. Al sistema le funciona sostenerse en un trípode que se entrevera en la vida de la gente, la sostiene, la entretiene y alimenta sus autorepresentaciones individuales, grupales y sociales. Justamente ese trípode es el que hay que reproducir, cribándolo de sus tendencias de dominio. El trípode del sistema son el empleo, los medios y la educación. El empleo como dador de vida y organizador del tiempo, los medios como la generatriz de la idea de hombre y vida y la educación como complemento perfecto de medios y empleo capitalistas, dan al sistema una robustez que aparentemente solo sus propias crisis (predichas por Marx) podrán derruir.

El empleo
El empleo es la base de la reconstrucción de la vida colectiva, ya que ofrece la posibilidad de arrebatar físicamente a la gente de las garras del sistema. Con el empleo en comunidades (que no necesariamente comunitario) no solo se garantiza la sobrevivencia, sino que se recupera el tiempo de transporte, se sustrae a la disciplina capitalista y se ahorra dinero. Todo esto es la base que serviría para el desarrollo de medios comunitarios y la educación comunitaria.
En otras partes he tocado las posibilidades de desarrollo de empleo en comunidades, por lo que adelante solo se tocarán las otras dos partes del trípode sistémico.

Los medios masivos de comunicación
Los medios configuran la autorepresentación personal, grupal y social que tiene cada individuo, conformando con ello la visión cosmogónica individual; por ese medio se conforma una verdadera matrix que rige la vida del individuo. Es lo que anteriormente se llamaba manipulación, pero que ahora sabemos que en realidad es incardinación neural, es palabra hecha carne en el cerebro, de la cual solo se escapa volviendo a nacer o creando nuevas redes neurales capaces de mandar a la obsolescencia a las redes en que está incardinado el sistema.
No todo es impostación de la realidad, los medios proporcionan placeres, saberes y sobre todo entretenimiento. Todo eso es indispensable para el funcionamiento orgánico del individuo dentro del sistema, ya que este es traumático, productor de estrés, ansiedad, miedos, inseguridad e inestabilidad emocional. Los medios con su producción de placeres, saberes y entretenimiento logran que el individuo no estalle (en la mayor parte del tiempo), que alcance a llegar al sicólogo, la cárcel, al hospital o a sus vacaciones. Cualquiera que quiera inventar un nuevo mundo, debe considerar la acción actual de los medios y producir algo similar para sustraerse al sistema.
Una vez que el empleo logra arraigar al individuo en su comunidad, éste debe atraerse con actividades que ya ahora se practican en los barrios, los pueblos y prácticamente todo centro comunitario con una vida colectiva mínima. Me refiero a los cursos de baile, guitarra, idiomas, oficios, clubes de futbol, de ejercicio, etc. en los que la misma gente son quienes los imparten y crean las agrupaciones. Toda esa actividad contiene la clave para contrarrestar la labor de los medios de comunicación: el ser humano. El hombre mismo es más entretenido que las ficciones de los medios y proporciona más conocimiento que el internet, el cine y la TV juntos. Pero eso se descubre hasta que las relaciones humanas son restituidas. Entonces las telenovelas, las series, los documentales, el cine e incluso el internet pueden pasar a un segundo plano.
Por otra parte, crear posibilidades de hacer cine de vecinos y con los vecinos, programas interactivos, juegos, etc. es hoy posible y con ello es posible contrapesar a los medios. Pero esto no es asunto de recetas, en el acto mismo de la convivencia se resuelve lo que cada colectivo hará para dotarse de su propio entretenimiento sin necesidad de que el sistema se ocupe de eso.

Educación
Desde la perspectiva de la educación, la principal coartada de las escuelas es aliviar el trabajo femenino en la custodia de los infantes y mantener entretenidos a los jóvenes en tanto son incorporados a las redes de explotación. Contrapesar esos beneficios que ofrecen las escuelas del sistema es una tarea dura. Sin embargo con imaginación se puede lograr. Algo podría lograrse cerrando los perímetros de las comunidades para alejar los peligros de la calle, tal cual se hace en colonias residenciales. Si hay desentendimieto parcial de los hijos la madre puede ver a la escuela como un accesorio y ya no como algo esencial. Precisamente ahí puede entrar como alternativa a la escuela la educación creada en los colectivos. La medicina alternativa podría acompañar a la educación comunitaria. Tendencias como la naturopatía y el biomagnetismo médico (que no requiere de medicamentos) constituirían verdaderas alternativas a la alopatía dominante y un desprendimiento de las farmacias consumidoras de recursos familiares y fuente de males para la población.
La creación de empleos en comunidades y la actividad colectiva en torno a la educación, el entretenimiento y la salud, necesariamente van a plantear el tipo de educación que requiere cada colectivo, y con ello la educación oficial puede resultar rápidamente obsoleta.
Del sistema no se puede escapar ni yéndose al desierto o a la selva ni mucho menos por el camino de las armas. Harto está demostrado que todas las revoluciones las ganan las oligarquías. El camino armado no es camino. Es necesario conocer el sustento de las oligarquías. Sustrayendo a la gente de ese sustento, los poderes establecidos tienden a desestructurarse, a entrar en crisis como ocurrió en la revolución mexicana. Pero no hace falta que de nuevo un ejército de intelectuales se dediquen a elucidar el funcionamiento del sistema, actividad que acaba necesariamente en consejos para la explotación que el sistema ni agradece (o lo hace convirtiendo a sus críticos en intelectuales orgánicos coadyuvantes en el sostenimiento del sistema). Lo realmente necesario es que ese ejército de “creadores de conciencia” se dedique a actividades de promoción en torno a la autonomía; ahí si que hace falta la creatividad del trabajo intelectual. Hacen mucha falta propagandizadores autonomistas.

La revolución mexicana como ejemplo de descomposición del poder
La revolución mexicana nos brinda el claro ejemplo de como las oligarquías logran rehacerse después de la lucha armada y organizan al país que les conviene en base a la dominación de los pobres de siempre: La manera predominante de sobrevivir en el sistema capitalista es mediante el empleo subordinado, quedando la sobrevivencia por limosna, el exilio campesino o la mini-explotación como alternativas de vida ante el empleo subordinado. De hecho el mendigo no es otra cosa que el sinvergüenza derrotado, el cínico que no se quiso someter a un empleo, el que intenta la autoexplotación que acaba en un mendigar disfrazado. El mini-explotador no es otro que el émulo del patrón, el imitador de los poderosos que aspira algún día a la riqueza y que de momento se conforma con extraer alguna ganancia del trabajo ajeno, en tanto que disfruta y se engarza a la cadena de control y reproducción social del sistema de los poderosos. Del exilio campesino, que también ocurre en la ciudades, ni hablar: refugiados en algún pedazo olvidado del país, sobreviviendo de lo que puede, a veces a orillas de la carretera o en un rincón de internet, ven pasar la vida arrancándole los mendrugos de una obra de teatro, de una higuera o de lo que puede.
Como mendigos, mini-explotadores y exiliados es lo mejor que se puede vivir bajo el poder tutelar, o al menos lo es para quienes no han aprendido a tomar gusto al yugo que se carga al cuello. Esa organización del trabajo es la que prevalece desde la revolución y es el modelo que campea por el planeta. Con Villa y Zapata las opciones eran otras, pero fueron derrotados. Por cierto, tales opciones desafiaban al modelo occidental al plantearse desde los hechos y no desde la teoría, pero no hubo mucha oportunidad para construir desde los hechos. Esa oportunidad hoy se tiene sin disparar un tiro.
El porfiriato comenzó a entrar en crisis a partir de que Díaz manifiesta su intención abrir elecciones. Había muchos esperando a que el viejo líder muriera para entrar a la plana mayor del sistema. No solo eran políticos, sino miembros de familias ricas locales que esperaban cambios que les beneficiaran. Cuando Madero llama a la revolución la oligarquía no le responde, lo hacen los pobres de siempre, oprimidos y reclamando la tierra para sobrevivir. Las oligarquías porfiristas, activas desde la conferencia Díaz-Creelman, se van radicalizando conforme queda vacante la presidencia. Con la lucha interna de las oligarquías comienza la rápida desestructuración de los controles que tenían atada a la gente. Ese es el dato importante de la revolución mexicana y que por cierto no ha sido estudiado desde la perspectiva de la descomposición del sistema.
La base del control del pueblo eran los hacendados, quienes eran señores absolutos en sus haciendas. Los favoritos de Díaz aglutinaban el poder que el dictador coronaba. En general, todo poderoso constituía una instancia de control para con sus subordinados. La pirámide la coronaba Díaz en un arreglo de poder del que era difícil escapar. Durante el porfiriato la pirámide de poder se consolidó con los logros económicos de la dictadura. Se pudo conectar por ferrocarril a las regiones más importantes del país, aumentando las importaciones y cancelando la deuda con EU. La prosperidad se tradujo en un aumento de la población pasando de 9 a 15 millones, pese a que los únicos beneficiados fueron el puñado de ricos que mantenían el control de la población y el poder. Crecen las condiciones que favorecen la reproducción de mano e obra, pero no crece el bienestar de la población.
Los rurales eran el brazo de los hacendados, brazos férreos que actuaban a discreción. El clero los complementaba. Pese a ello, antes y durante el porfiriato hubo levantamientos y movimientos, lo que habla de que solo la ruptura del control de la gente puede motivar una revuelta o revolución. Descontento popular siempre hay y por los más variados motivos, pero la gente no se levanta si no ha habido una ruptura o laxamiento de los mecanismos de control como ocurrió durante la revolución.
Ya para las elecciones de 1910 hay una importante oposición interna encabezada por Bernardo Reyes, pero no hay todavía ruptura de controles sociales importantes. Estos devienen con el ascenso de Huerta, que es cuando se fortalece la percepción de poder o deber reclamar más poder y beneficios. La posibilidad de acceder a los poderes vacantes o vacilantes torna laxos los controles que se tenían de la gente, y la gente misma vislumbra alguna oportunidad en el levantamiento. Bandidos y pueblo ya no perciben a los poderosos como invencibles o insuperables, capataces y administradores ya no son capaces de proyectar un poder seductor y atontador sobre la gente; todo lo contrario, se conciben tomado el papel del patrón. Es decir, solo cuando se desestructura la idea de dominio-sometimiento los caudillos son capaces de reunir grandes contingentes. El resto, lo decide el apoyo económico y militar (principalmente pertrechos) que obtienen las fuerzas beligerantes.
Al igual que hoy, los caminos del ascenso político y económico se habían estrechado y aún cerrado, lo que impulsaba a las oligarquías y a los oportunistas de toda la vida a buscar cambios que les abrieran puertas. No solo era la búsqueda de mayores beneficios para las oligarquías, sino la búsqueda de oportunidades para los operadores de las oligarquías, tal cual ocurre con los funcionarios bancarios actuales. Esto se ve claramente en las zonas de apoyo de los ejércitos. Mientras que Villa y Zapata destrozaron a las oligarquías en sus regiones de influencia (norte y una pequeña porción de territorio en el sur), el resto fue recompuesto por Carranza, en donde las oligarquías rápidamente recuperaron sus controles y lograron que Obregón armara un ejército que casi dobla a los 60 mil hombres de Villa y Zapata. Si a todo eso se le agrega el apoyo de EU a Carranza, se comprende la derrota de los caudillos del pueblo.
Carranza monta un doble discurso desde Veracruz, con el que se continúa con la ficción de la ley como imperio de la nación y la realidad en la que los poderes oligárquicos son los verdaderos dirigentes de la vida nacional. Esto fue suficiente para aglutinar a las oligarquías locales que zapatistas y villistas no destruyeron. De ese modo, se monta el primer sistema de entretenimiento de la gente en la modalidad de la defensa de sus derechos y el del poder real capaz de postergar leyes indefinidamente, tal cual se hizo con las leyes agrarias carrancistas.
La revolución es resuelta por la geopolítica estadounidense que ve en Carranza a alguien afín a su forma de ejercer el poder. Villa y Zapata son entidades exóticas que apuntan hacia una reconstrucción social distinta a la que, ya para ese entonces, impera a nivel mundial. Eso prevalece hasta el día de hoy, por lo que no debe desestimarse el juego geopolítico; al contrario, hay que conservar una representación nacional coordinadora e intermediaria entre la geopolítica y el pueblo y entre las oligarquías y el pueblo sustentado en un poder propio. O sea, conviene conservar el formato democrático no solo para ganar tiempo en la erección de autonomías sino para que estas puedan ir conformando el tipo de nación que desean. No es el caso de hablar aquí de “Democracia, Justicia y Libertad”, que ya ahora suena fuera de lugar, es el caso de construir autonomías y estas ya decidirán por donde andar. Menos es el caso de grandes discursos revolucionarios ni de grandes despliegues teoréticos, tan propios del capitalismo, es el caso de plantear los problemas de las autonomías construidas, su camino y como resolverlos.
Las autonomías deberán arrebatar la gente al sistema, sustraerla de sus seducciones vitales (el empleo) de su embelasamiento (el entretenimiento) y de su matrix (educación y medios), ello laxará controles y abrirá posibilidades de que las autonomías federadas y confederadas puedan tener algún papel distinguido en la erección de una nueva nación.

Jorge Luis Muñoz
Agosto de 2012