Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Consolidar un poder popular

Crear un Poder Popular

El poder popular que debe crearse no debe repetir lo mismo que el poder tutelar, no debe servir para imponerse a nadie, incluyendo a las clases que si lo hacen como las actuales oligarquías. El poder popular es un poder para hacer cosas, para crear, para seguir la tendencia de la humanidad de autoconservarse, a partir de esa capacidad humana de encontrar relaciones entre las cosas, tales que permiten hallar mejores resultados en el autosostenimiento de la vida. Esa es la tarea humana y no el fascista superhombre nietzscheano (que hace lo que su potencia le permite) o el engendro in vitro sloterdjiano fundado en la crianza.
El superhombre nietzscheano no es sino el maniático atrapado en la acción fortuita de sus sinapsis tal y como lo fue en el mejor de los casos Alejandro el macedonio,  el cual ojalá y fuese el más común. Por desgracia el superhombre nietzscheano no es sino el mediocre heredero de papá que nació parado en situaciones que ni entiende ni desea pero que le convienen y que además se sostienen por inercia. El superhombre nietzscheano es producto del azar, lo que le sobrevive es el heredero generalmente mediocre, por ello no pocos herederos llevan en poco tiempo a la ruina a las fuentes de poder de papá. Nietzsche nos propone la consecuencia de la mediocridad como norma, como proceso histórico; pero vamos, Nietzsche era un iluminado tratando de explicar lo inexplicable, al que habría que respetar su locura y aprovecharnos de ella.
Lo que propone Sloterdijk es verdaderamente lamentable. Identifica que el hombre es producto de la crianza, como un cerdo cualquiera. Procede como pedagogo: tanto de insumo, tanto de producto. Ciertamente, el hombre no es mejor ni diferente a una bestia, salvo su diferencia específica. Pero su capacidad craneal da para mucho más, su estructura neural da para más que para producir solo un cerdo, una bestia. El hombre es más que su crianza, su circunstancia y su entrono. El hombre es su posibilidad atada a su devenir; en el cual la crianza es solo un aspecto. El hombre no es un cerdo al cual se le ha de criar bien, es el producto de su todo corriendo en su devenir y es ese todo sobre el que hay que incidir.
El poder popular
Crear un poder popular es como construir una roca, que de pura dureza nada le entra en el tiempo que permanece. El poder popular no es invencible, pero si duro de pelar. No es enconchamiento, ni un cerrarse al mundo, es enlazar de tal manera a quienes lo integran, que la pérdida de algunas de sus partes no afecta a la totalidad.
Tal milagro no es nuevo, habría simplemente que recordar al citado Alejando y a tantos pueblos que se han congregado en torno a un líder, que han constituido rocas que sobreviven incluso a la muerte de sus fundadores como en el caso de los conquistadores. Pero no se piense en la necesidad de un líder, sino en lo que el líder hizo, carisma aparte, para construir la roca que en su momento fue casi indestructible. No es difícil dar con ello: en primer lugar garantías para la vida en niveles reales e imaginarios, Posibilidades de distensión, posibilidades de alcanzar escalones de las utopías imaginadas. Todo eso, que se ha hecho con fines de control ¿no podrá hacerse lo mismo pero en algún sentido autonómico? Fórmulas hay muchas, desde evitar la emergencia de nodos acumulantes de poder, que con el tiempo se erigen en poderes tutelares, o como practicaron muchos pueblos la fiesta, como forma de repartir la concentración de riqueza. Los soviets fueron otro experimento que habría que considerar entre otras experiencias como las practicadas por los macknovistas.
El poder popular encaminado hacia la consecución colectiva de objetivos para la vida es el poder que no trata de subyugar a nadie, que incluso intenta coordinarse con los poderes establecidos así sean oligárquicos, en tanto que son parte de una realidad (indeseable pero realidad al fin). El poder popular se construye a partir de lo que los colectivos buscan, en primer lugar la vida, sin admitir subordinarse a otros poderes como los oligárquicos (que por muchos siglos han hecho que otros poderes giren en torno a ellos, ya sea en combate o como referencia).
El poder popular debe evitar, hasta donde le sea posible, constituirse para pelear con otros poderes. En su momento tal vez sea obligado a pelear o a negociar, pero su prioridad no es la lucha, a no ser que sea lucha por la vida en el sentido en la que lo entienden los trabajadores: como un trajinar para conseguir lo que se requiere para vivir. En el momento en que un poder se erige para pelear con otro mayor, comienza a girar en torno a éste, a definirse en torno a su enemigo.
La prioridad del poder popular es coordinar esfuerzos para la construcción de una autonomía popular, es reunir poderes individuales y grupales para acometer empresas que los poderes individuales o grupales no pueden acometer. El poder popular es para sostener autonomías no para enfrentarse a otros poderes o para someter a la gente.
En un primer momento el poder popular no esta fundado en la voluntad, esto podría devenir como parte de la imagen que los colectivos se creen (autorepresentación); en tanto, la base del poder popular se funda en empresas y acciones que por ellos mismos significan acumulación de fuerza colectiva. La producción y control de alimentos, por ejemplo, da el poder de sostener la vida y de poder compartir ese don con otros colectivos. Todo acto creativo sostenido es poder. La creatividad del burro que toco la flauta no es poder en tanto que se diluye en el acto mismo.
La frase de construir un poder tan fuerte como una roca puede resultar en una alegoría inocentona por lo que conviene decir la idea de otra manera. Darle consistencia de roca al poder popular es hacer lo que se ha hecho en torno a y con los grandes líderes mundiales que han logrado satisfacer las necesidades más apremiantes de su tiempo y momento, esto como una construcción colectiva a la usanza de los pueblos mesoamericanos que poseían un alto grado de gregarización. Cierto que lo gregario no va a surgir espontáneamente, pero puede ser una de las metas de rehacer la vida colectiva, matizada con la intención de que tal vida colectiva no se convierta en una tiranía que ahogue al individuo.
Así pues, un poder sólido tiene cimientos sólidos y que mejor solidez que la construida sobe los cimientos de lo que motiva y soporta la vida como los impulsos primarios, como la necesidad de sexo, de placer desestresante y de todo tipo, el impulso a comer, beber, defecar, orinar, etc. Pero habría que poner mucha atención, ya que tales impulsos son relativamente fáciles de satisfacer y que, una vez satisfechos o medianamente satisfechos surgen otros impulsos asociados a esos impulsos primarios, con base en ellos o en ellos cimentados, que son más difíciles de satisfacer. Tales impulsos son los de libertad, movimiento, creatividad, amor, etc. Y que solo los colectivos van a poder satisfacer en tanto que también, dichos impulsos, tienen sus cimientos enclavados en las historias y devenires colectivos y solo en esos colectivos es posible satisfacerlos plenamente. Cada sociedad en cada tiempo tiene su forma de amar, de crear y en suma de ser y no solo de autorepresentarse.
Satisfechos esos impulsos de segunda generación surgen otros más complicados como la autorealización que, aunque tiene sus bases en los anteriores dos etapas ya es distinta en cada individuo. Un poder popular debe orientarse para articular acciones que lleven a satisfacer los impulsos humanos de primera, segunda y tercera generación más los que resulten. En cuanto surjan tendencias que intenten limitar los impulsos o controlarlos, se sabrá que ya se está en el camino de la desviación, del poder tutelar.
Ciertamente que los impulsos no surgen en orden, en tanto que hay grupos e individuos que no tienen como prioridad la satisfacción de impulsos de primero o segundo orden y se complica la satisfacción de sus impulsos. Ese riesgo de la emergencia de la otredad en la gregariedad es uno de los retos que los colectivos habrán de enfrentar y que desde esta tribuna alzada en medio del poderes tutelares y por una mentalidad forjada en ellos, es imposible vislumbrar pese a las consideraciones que se hacen, por tanto no puede decirse mucho al respecto salvo el desprendido lógico ya dicho.
En suma, construir un poder popular no es crear fuerza para dirigirla contra algo o alguien, un poder popular es fuerza para hacer, para crear.

Julio de 2012
Jorge Luis Muñoz