Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Consolidar un poder popular

Se Trabaja Para el Presente


Hay que admitir que se trabaja para el presente. Decirle sí a la vida no es para esperar frutos de futuros inciertos o tan solo para distraerse de una vida aburrida. Por ello, trabajar en la constitución de comunidades autónomas es para lograr aquí y ahora contrapesar a los poderes oligárquicos constituidos mediante la creación de poderes populares.
No se trata de eliminar al otro, al que piensa cómo aprovecharse de las situaciones, cómo quedarse con nuestro esfuerzo. Esa es nuestra naturaleza animal y ni como evadirla. La idea es construir instancias de poder capaces de competir con los poderes constituidos. Competir en todos los órdenes, tanto en el político como en el económico y el social.
Los poderes constituidos suelen disponer de grandes recursos que bien pueden destinarse a empresas mayores. Los poderes comunitarios pueden dedicarse a cubrir las necesidades básicas de la gente, mismas que las grandes empresas demuestran ya no poder hacerlo.
Las megafábricas de alimentos lo son también de bacterias como la E coli y son además grandes contaminantes del ambiente. Todo ello por perseguir la eficiencia que se retrate en ganancias. Si dejan de hacer las cosas como las hacen es muy posible que quiebren. Por ello alimentan a los animales con maíz, pese a que ese alimento no es el más adecuado. No es el caso repetir aquí la historia de Monsanto como productor de alimentos genéticamente modificados y sus consecuencias económicas y de control, más las que están por verse a nivel de la salud y la alimentación. Tampoco es el caso repetir los procedimientos industriales y agrícolas de todo orden y sus nefastas consecuencias político-sociales y contaminantes. Unos cuantos clicks en los buscadores y se tiene información a pasto.
Produciendo los básicos en las comunidades, la ganancia puede pasar a segundo plano si bien podría no perder su importancia. Lo cierto es que ya no estaría presente el fantasma de la quiebra que siempre amenaza a la IP y la mueve a realizar lo que sea para su sobrevivencia. Asegurada la sobrevivencia de sus operarios, una empresa comunitaria podría pararse y funcionar de acuerdo a las necesidades  de las colectividades. Si hay mucha oferta, parar; si hay mucha demanda, acelerar la producción.
Funcionando la economía de manera elástica ya sin la presión de la ganancia a toda costa, la gente tendría tiempo para ella. La propia fábrica, el comercio o los servicios pueden tornarse agradables, pero sustancialmente, dejarían tiempo para que la gente lo invirtiera en ella misma. De tal manera que al trabajar para reconstruir la vida colectiva se trabaja para mejorar la vida presente, se trabaja para mejorar los salarios y con ello las posibilidades de satisfacción de la gente.
 Al no trabajar contra el gobierno o la IP, la gente concentraría su esfuerzo en la erección de comunidades autónomas. Cuando el gobierno o las oligarquías atacasen se les podría responder de acuerdo al poder acumulado. Para ello, se debería contar con gente en el congreso, en los partidos, en el gobierno y en las grandes empresas. Con esa sola fuerza, aunque las comunidades federadas y confederadas no fuesen muy fuertes, se alcanzaría a parar gran parte de los ataques perpetrados.
Desde luego, en todo este planteamiento hay mucho de utopía y sueños guajiros, pero no debe perderse de vista que todo lo que hacemos responde a utopías y sueños guajiros que es precisamente eso que llamamos realidad. El problema no es el carácter de lo que se dice, sino su potencial para motivar a que las cosas que se dicen, se hagan. Al final es asunto de suma de voluntades.

 
Jorge Luis Muñoz
Febrero de 2012