Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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El Cerebro Plano y sus Atractores

Los seres humanos nos comportamos como si tuviésemos un cerebro plano. Es decir, un cerebro que no da para nada extraordinario y ocupado solamente en tareas “simples” de sobrevivencia realizadas a partir de la intuición o el instinto. El grueso de los seres humanos nos ubicamos entre el individuo veleta, que no opone nada al devenir de su vida y el maniaco que pretende imponer su sello a la vida.
Normalmente dirigimos nuestra conducta y nuestro hacer en torno a unas cuantas obsesiones conformadas por redes neurales dominantes que surgen desde el nacimiento y a lo largo de nuestra vida. De esa forma se puede hacer toda una vida en torno  la construcción de una vivienda, de lograr ciertos triunfos o de realizar el ideal del hacendado como dueño de todo.
De acuerdo a como la vida nos golpea o impresiona con choques traumáticos o conmociones emocionales se nos conforman circuitos neuronales que se constituyen en el referente de casi toda nuestra actividad neuronal y su reflejo en nuestras trayectorias de vida, pensamientos, actitudes y conductas. Pocos son los que de manera “natural” llegan a obsesiones de tipo artístico, delincuencial, político o de otro tipo. Los seres humanos somos en general ordinarios sin mayores preocupaciones que la de conservar la existencia.
Pero la virginidad humana se pierde rápidamente ante la presencia de poderes despóticos, los cuales se encargan de conducirnos hacia la ideología que les conviene, la educación que a ellos sirve, el empleo que les acomoda y en general a construir el mundo que ellos prefieren. Los poderes dominantes procuran construir un sistema que se produzca y reproduzca en automático aun en contra de la mayoría de la gente. De no ser por la intervención del sistema capitalista haríamos nuestra vida al seno de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestro barrio o colonia y seguramente de nuestra región. Inventaríamos nuestras formas de trabajo, nuestras maneras de divertirnos, de educarnos, de amar y de todo lo que sintiéramos “necesario” (1) Valido de nuestros impulsos biológicos el sistema se encarga de que lo anterior no ocurra.

El sistema se incardina tan profundamente en nosotros que es difícil darnos cuenta de la medida en que nosotros mismos lo producimos y lo reproducimos. Esta realidad se refuerza con la ideología del sistema que nos indica que es imposible escapar de él. Existen sin embargo experiencias ajenas al capitalismo (y a otras experiencias despóticas) como las de los pueblos indios y los clásicos de la antropología (Nuer, dowayos, rarámuri, etc.). Cada día nacen tendencias que escapan de la lógica capitalista, pero muchas de ellas nacen muertas o sin posibilidad de prosperar. Otras más son tan débiles que no se sostienen. Las más de esas tendencias mueren por abandono, porque no existe nadie que las produzca, reproduzca y conserve.
El capitalismo ha sido exitoso al menos para los poderosos que lo sostienen y para su cohorte de beneficiarios. Pero aún a sus beneficiarios los agobia, a los menos favorecidos los sumerge en la miseria y por todos lados campea el terror de la sobrevivencia amenazada por la falta de empleo, la inseguridad y la angustia. Sin que reparemos en ello, la publicidad nos crea necesidades que van a aflorar como frustraciones y angustia por no satisfacerlas. Se nos educa en asuntos ajenos a nuestra vida y para aspirar al poder y a la riqueza que nunca alcanzaremos. Se nos empuja al consumo ganando sueldos de hambre y a reproducir vidas que nunca tendremos.

¿Qué hacer ante el agobio capitalista, los males que produce y la mala conciencia (cuando se tiene) de producirlo y reproducirlo? Hay al menos tres maneras de resistir:

  1. Impacto traumático
  2. Consciencia crítica
  3. Procesamiento “inconsciente” (2)

Un impacto traumático físico o emocional suele provocar recableados neurales de importancia, al grado de modificar conductas, ideas, actitudes o modos de ver y vivir. Después de un impacto traumático se suele ser una persona distinta aunque no se haya suscitado un cambio radical. Muchos jóvenes con conductas agresivas o groseras suelen cambiar cuando enfrentan las miserias de los empleos mal pagados, golpizas en las calles o frustraciones ante proyectos, planes o deseos incumplidos.
Aunque un impacto traumático nos pone en posibilidad de resistir mejor al capitalismo no es recomendable por obvias razones, es mejor experimentar con los otros métodos.
La consciencia crítica no es otra cosa que reflexionar sobre todo aquello que nos aqueja, es preguntarnos cosas como: ¿De dónde sale mi malestar? ¿Realmente necesito lo que deseo, me trae más beneficios que perjuicios? ¿Existe alguna otra alternativa? ¿A quién sirve o a donde me lleva lo que hago? Al preguntarnos sobre cosas como esas que correspondan con lo que nos preocupa o aqueja, poco a poco desaparecen nuestros malestares e incluso llegan a desaparecer de golpe.
Esto desde luego no es magia, es simplemente que mediante la crítica creamos en nuestro cerebro nuevos rizomas reticulares (redes neurales) los cuales ponemos en uso, dejando sin uso o en planos secundarios a las redes neurales que nos crea el sistema. Esto ocurre así porque mediante la reflexión provocamos un recableado neural que es por el que ahora fluyen la mayor parte de nuestras sinapsis (como pensamientos, deseos, emociones, etc.) cuando queremos cambiar. Parece magia, pero con solo llevar al consciente nuestros problemas, nuestro estrés o nuestras inquietudes, comenzamos a cambiar, resistimos mejor. Con ello no hemos cambiado, solo hemos comenzado a cambiar.
Ese camino, el de la reflexión, es largo y dificultoso. El cerebro solo, consume alderredor del 20% de los nutrientes del cuerpo, por eso se niega a pensar. Pensar no es fácil por ello hay que forzar a la reflexión. Quien quiera seguir ese camino debe hacer de la reflexión una costumbre, la cual se construye poco a poco.
Una tercer posibilidad de resistir al agobio capitalista y por tanto de alejar ciertas angustias, frustraciones y malestares en tanto tenemos posibilidad de una vida mejor (sea al seno de alguna autonomía o de nuestra propia vida) es la de procesar lo que nos estorba mediante la intuición. La meditación es la mejor manera de activar a la intuición pero es muy difícil de lograr, aún para quienes nacieron dentro de una cultura de la intuición. Por tal motivo aquí no nos referiremos a la meditación, sino a eso que todos conocemos como intuición.
Es muy simple activar la intuición y por ese medio provocar recableados neurales favorables a nosotros: basta llevar al consciente lo que nos aqueja. No es necesario reflexionar sobre ello, basta tenerlo presente y recordarlo seguido. Con ese simple acto consciente, motivamos la activación de la intuición, es decir, provocamos procesos “inconscientes” que poco a poco o de golpe dan con las soluciones que necesitamos. Científicos como Ramachandran (3) o Damasio (4) han encontrado que gran parte de nuestras decisiones las toma el “inconsciente”. Por ello se nos cuela tan fácilmente el sistema y se nos incardina (hace carne) aún contra nuestra voluntad. Los medios masivos de comunicación hacen su agosto en nuestro “inconsciente”, continuamente nos bombardean con datos, notas, imágenes, etc. De pronto nos asaltan deseos que ni sabíamos que teníamos u odios que ni nos hacen falta. Hay frustraciones o situaciones estresantes cuya aparición nos sorprende. Todo se lo debemos al trabajo que hacen sobre nuestro “inconsciente”.
Si el sistema trabaja sobre nuestro “inconsciente”, nosotros podemos contrarrestar ese trabajo activando nuestra intuición. El sistema asocia sus intereses a nuestros instintos, nuestra cultura, costumbres y apetitos. Para contrarrestarlo nosotros podemos seguir el camino inverso mediante la intuición, que es una manera de dirigir nuestra vida utilizando el “inconsciente”.
No se entienda esto como LA SOLUCIÓN para vivir dentro del capitalismo. No, de ninguna manera. Esto no acabará con las miserias que produce el capitalismo, ya que nos las toparemos a cada paso y a cada paso nos afectarán. Esto solo es una forma de resistir la acción nociva del capitalismo en nosotros. Es resistencia pura en tanto somos capaces de construir autonomías u otras formas de vida que no se funden en la miseria de las mayorías.

Para entender un poco más lo expuesto atrás, veamos lo siguiente:
Sabido es que el cerebro humano se comporta como una grabadora abierta la cual capta todo, si bien no todo lo que capta puede ser percibido. Esto es así porque todo lo que se percibe cae dentro de una estructura neural conformada por la herencia genética, la vida social y la experiencia personal. El conjunto de sensaciones y percepciones modifica continuamente nuestro cableado neuronal. Lo que no se percibe se capta modificando también las redes neurales en un continuo recableo neuronal que nos permite una interacción más o menos exitosa en el medio en el que nos movemos.
De acuerdo con Bargas (5), la estructura perceptual estaría integrada por redes neurales (rizomas reticulares) que se activan, al activarse cualquiera de los módulos (redes neurales) a las que se extiende o potencialmente puede extenderse. La activación de un rizoma reticular inhibe la activación de otras redes neurales con lo que se logra la dominancia de ciertas zonas cerebrales, privilegiándose cierta actividad cerebral (ideas, conductas, costumbres, actitudes, actos, etc.) en detrimento de otra. Aquí es dado interpretar que al reforzarse las sinapsis de ciertas redes neurales, estas se activan con mayor frecuencia, activación que correspondería con la visión del mundo, ideología, ideas dominantes, credos, etc. de una persona determinada.
Se desprende fácilmente que la labor de la publicidad, la educación y la política es impactar el mal llamado cerebro inconsciente para inducir un recableo neural acorde con sus intereses. Es decir, la publicidad, la educación y la política hacen carne en nosotros al integrarse como nuevas sinapsis dentro de nuestra estructura neuronal.
En otras palabras, el sistema capitalista se nos integra como carne, de ahí que lo reproduzcamos consciente o inconscientemente. Sin embargo eso no garantiza la producción, reproducción y permanencia del sistema; ya que la estructura perceptual humana se conforma en series neurales similares a los atractores que postula la teoría del caos (6). Los rizomas reticulares (redes neurales) conformarían atractores extraños en cierto equilibrio dinámico que es capaz de alterarse o permanecer inalterado de acuerdo a las experiencias que sufra el individuo. De ahí que el sistema capitalista deba de inventarse y reinventarse continuamente.
La historia nos ha mostrado que el límite de conservación de un sistema despótico es otro sistema despótico. Al viejo sistema esclavista le sucedió el régimen medieval al cual sucedió otro despotismo: el capitalista. O sea, cuando los atractores que integraron sistemas despóticos se desequilibraron, se recompusieron en otro tipo de tendencias pero conservando los principales parámetros que los orientarba hacia la dominación.
De lo anterior se desprende que para no pasar del despotismo capitalista a otro despotismo es necesario no solo deshacer el equilibrio dinámico de los atractores capitalistas, sino cambiarlos por atractores favorables a la gente. Aquí ya se han tocado algunos: Cambiar organización por gregarización (lo cual ejemplifica ampliamente la actividad de CECOSESOLA), experiencia por educación, autonomía por gobierno entre otras que hay que ir descubriendo. En tanto que eso ocurre, es necesario resistir antes que entregarse en brazos del sistema.

Jorge Luis Muñoz
Enero de 2015

NOTAS

(1) Quizá en el sentido en que lo maneja Baudrillard en la "génesis ideológica de las necesidades" (Crítica de la economía política del signo, Siglo XXI Eds. México, 1977.

(2) Las comillas son para indicar que en las neurociencias el concepto “inconsciente” no es útil, por lo que vale más usar los términos de “consciencia” y “resto cerebral” para indicar donde ocurren los procesos cerebrales

(3) Ramachandran V., Blakeslee, Sandra. Fantasmas en el cerebro. Ed. Debate. Madrid, 1999.

(4) Damasio, Antonio. El error de descartes. Ed. Andres Bello. Chile, 1999.

(5) Bargas, José. “Cómo funcionan los circuitos cerebrales”.  Suplemento: “La jornada de la ciencia” del diario “La Jornada”, www, enero del 2015

(6) Wikipedia. “Teoría del caos”. WWW, 2015.