Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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La Empresa Social Como Campo Militante

Organismos como ASOKA, buscan emprendedores sociales definidos como “Una persona que busca resolver los problemas sociales más apremiantes, de una manera innovadora y con un enfoque de alto impacto. Tiene el temperamento, espíritu, creatividad y determinación de un emprendedor de negocios; sin embargo, aplica estas cualidades para solucionar problemas sociales en lugar de buscar una ganancia económica.”
Hay ejemplos de ellas en todo el mundo, como CAMBOLAC, empresa social en Camboya con fines parecidos a los de ASOKA. Estas empresas, de generalizarse, constituirían un mal menor frente a las empresas meramente lucrativas típicas del capitalismo, sin embargo no se plantean nada más allá de la solución de problemas específicos dejando para el largo plazo y el azar un eventual cambio del modelo capitalista. En tal sentido se constituyen como una válvula de escape para los problemas que ahogan al capitalismo y que provocan estallidos sociales de envergadura (narco, protesta callejera, guerrilla, migración, etc.). Son como el marxismo y la izquierda en general, coadyuvantes en el sostenimiento de un sistema que ya hace agua. Aquellos como consejeros involuntarios indicando dónde anda mal el capitalismo y la izquierda nutriendo ilusiones de democracia, paralizadoras y mediatizadoras de la acción social que busca soluciones de fondo.
De los principales problemas que atienden las empresas sociales son el desempleo, la educación, la sanidad y el medio ambiente. Justamente son esos problemas a los que la lógica económica capitalista no ha podido dar solución o de plano estructuralmente no puede hacerlo. Las empresas sociales buscan la solución de esos problemas dejando intocado el sistema capitalista comandado por las grandes empresas trasnacionales.
Mejor que crear empresas sociales es no hacer nada, dejando que el sistema implote para dar paso a otra forma de vida fuera del inoperante capitalismo. Sin embargo, al parecer el capitalismo está evolucionando hacia un sistema despótico fundado en el despojo directo, sin despreciar las sutilezas del mismo (por ello el desenfrenado financiamiento de las neurociencias). Nada parece oponérsele: marxistas e izquierdistas están ocupados en teorizar el desarrollo del capitalismo cuando lo que hace falta es crear empresas sociales orientadas hacia la autonomía. Las buenas consciencias burguesas se la pasan proponiendo salarios mínimos para todos, empresas sociales o paraísos autosustentables cuando de lo que se trata es, aparte de todo ello, de un problema de poder. ¡Hacer todo eso, sí! pero buscando crear un poder autonomista que lo sustente.
No obstante parece que las empresas sociales son un buen campo de acción militante, en las que dicha acción consistiría en llevarlas a una concepción autonomista, consistente en lograr federarlas y confederarlas con fines de negocios y sobre todo, de construcción de un poder autonomista capaz grandes emprendimientos y de respaldar negociaciones con los poderes establecidos y las grandes empresas para lograr los fines de las comunidades en que se respaldan las empresas sociales. Sería como lo que practicábamos allá por los años 70-80 del siglo pasado en que nos incrustábamos en empresas capitalistas intentando la revolución marxista; error que habría que corregir, buscando la creación de autonomías en vez de promover revoluciones que resultaron fortaleciendo al capitalismo.
La “infiltración” (que en estricto rigor no lo es porque se trabaja en el mismo sentido pero con distinta orientación) en empresas sociales supone trabajar en fortalecerlas, pero poniendo lo mejor del militante en acercar la empresa a las comunidades mediante acciones educativas, de asesoramiento, programas culturales, de salud (como el biomagnetismo que no cuesta) y de todo lo que signifique rehacer la vida colectiva. Por otra parte el militante debe buscar acercar su empresa a otras empresas sociales locales y de otras comunidades para ir construyendo lazos que posibiliten acciones conjuntas.
Estos dos tipos de acciones, en el conjunto de otras que la práctica sugiera, podrían ir orientando a la empresa social en que se participa hacia la creación de cierto poder con base en las empresas sociales y en las comunidades en que se asientan. Ese poder puede utilizarse para frenar leyes que limiten a las empresas sociales, impulsando otras que las ayuden y en fin, poder para participar socialmente en decisiones y acciones que afectan a empresas sociales y comunidades.

Julio de 2015
Jorge Luis Muñoz