Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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La Micro Autonomía
La vida en pareja es prácticamente imposible bajo el capitalismo, todo la separa; solo incidental y temporalmente algunas cosas la unen. La unen el deseo sexual y la necesidad de protección mientras duran. La unen los hijos en tanto no muestran voluntad propia, la llegan a unir temporalmente algunos proyectos o actividades y desde luego las parejas se unen por amor mientras dura.
Las parejas también suelen permanecer unidas bajo el manto de algo trascendental que se comparte. La religión posibilita la vida en pareja aún más allá de lo que temporal o coyunturalmente la pueden llegar a unir. Más allá de la religión compartir un ismo o alguna creencia posibilita la permanencia de la pareja. Suele también mantener unida a una pareja el compartir algún interés económico como mantener alguna empresa o inversión.
Esas cosas que unen a la pareja nos muestran indicios de sus posibilidades más allá de las casualidades y coincidencias temporales. Desde luego, hay que descartar a los Romeos y las Julietas que solo ocurren raramente. Todo lo que mantiene unida a la pareja se desprende de rasgos biológicos y/o sociales. En primer lugar tenemos a todo lo que alimenta el impulso gregario o la tendencia a vivir y actuar en grupo. Así tenemos que el amor, la crianza de los hijos, el deseo sexual y la tendencia a la conservación de la vida, entre otros, son factores que acercan a la pareja y la mantienen unida mientras duran. El estatus, la facilitación de la vida mediante la cooperación, el entretenimiento con el otro (no necesariamente sexual) y el intercambio de ideas y acciones, entre otros, también acercan a la pareja cuando ocurren.
Por desgracia la tendencia biológica a construir percepciones del mundo únicas (individuales) es uno de los motores principales que separan a la pareja, pero este factor solamente es fuerte en ausencia de un colectivo que aporte motivos trascendentales que unan a la pareja. En efecto, en el capitalismo en el que la condición humana enajenada de la colectividad es la condición ineludible, la pareja solamente se sostiene mediante coincidencias de orden económico, de necesidad o de estatus. Eventual y coyunturalmente participan condiciones trascendentales como la religión o la ideología.
Recordar que Foucault nos señala que desde inicios de esta época, el capitalismo construyó una sociedad disciplinaria en la que reunía a personas con diferentes visiones del mundo, costumbres e incluso lenguas y las disciplinaba bajo las condiciones del capital. De esa manera muy temprano se ensayó el encierro en fábricas y se instituyó el encierro en general como norma capitalista en escuelas, hospitales y cárceles. Una de las condiciones vitales para la existencia del capitalismo es la destrucción de la vida colectiva y el reordenamiento de la gente  acorde a las condiciones del capital. En el capitalismo la vida colectiva solamente existe bajo los conceptos de equipo competitivo, familia nuclear (subordinada) o aglomerado de gente (que puede ser una turba o masa, una colonia o simplemente un agregado de gente).
El capitalismo subsume real o formalmente a toda manifestación colectiva que surja en su seno. De esa manera la familia nuclear opera gregariamente durante la crianza de los hijos, pero al alcanzar estos la mayoría de edad, comienza la dispersión familiar. Caso dramático es el de las familias norteamericanas que tienen el principio echar a los hijos del seno familiar apenas cumplidos los dieciocho años. Este fenómeno responde a las condiciones de vida del capitalismo que hacen depender la manutención de la familia del ingreso obtenido mediante el empleo. La crianza de los hijos no requiere de muchos gastos, por más que el consumismo nos los infle, de ese modo el gregarismo familiar ocurre de acuerdo con nuestras tendencias biológicas, lo que no ocurre con hijos ya mayores que exigen gastos que llegan a superar a los ingresos familiares. El empleo capitalista hace estallar a la familia naturalmente gregaria, la cual termina por ser la fábrica de mano de obra del capitalismo. De esa manera, el gregarismo familiar queda subsumido formalmente al capitalismo mientras que la familia lo hace de forma real. Esto es así porque el gregarismo no es parte del capitalismo y porque la familia si depende del empleo capitalista (que es sustancialmente enajenado y enajenante).
Bajo las condiciones de vida capitalistas se refuerzan las tendencias egoístas presentes naturalmente en el ser humano, haciendo la vida en pareja imposible. Esta se sostiene precariamente haciendo infeliz la vida de la pareja u obligándola a una sempiterna simulación o falsa tolerancia. En realidad las parejas ejercen un mal disimulado odio o recelo mutuo mientras permanecen juntas.
Todo esto nos revela pautas para resistir dentro del capitalismo y para crear micro autonomías en su seno. En primer lugar la lección norteamericana es clave, nunca se debería alcanzar la mayoría de edad en la familia. Todo individuo no importando ni su edad ni sus actos siempre debería de ser hijo de familia, tal cual lo practican muchas madres proletarias y no proletarias que jamás abandonan a sus hijos ni aún en situaciones de delincuencia grave. Sé que esto suena raro, pero se ejerce en México y en muchas partes del mundo sin mediar teoría alguna. Si suena raro es porque la lógica capitalista, que es sustancialmente antigregaria, nos ha impuesto nociones deformadas como la de “deber”, la “responsabilidad”, “la obligación” y la de “mayoría de edad” las cuales el capitalismo las ha reinterpretado en su favor.
Pero si la familia puede encontrar motivos que la unan más allá de las mayorías de edad, también puede construir micro autonomías participando todos sus elementos en actividades que además de comunes sean vitales. Esta posibilidad nos la ilustran los micro negocios como torterías, puestos de comida, venta de tamales, etc. en los que participan toda una familia y más. Ahí se realiza una actividad de supervivencia que obliga a mantenerse unidos y a desarrollar toda una actividad gregarista. Se evitan (aunque no siempre se logra) los pleitos y todo lo que enemiste a los miembros de la familia que participa, esto es así porque la sobrevivencia individual depende de la actividad colectiva. La crisis capitalista que ha llevado a la incapacidad de generar empleos ha abierto la posibilidad de crear micro autonomías que imponen su propia lógica de sobrevivencia. Por desgracia estas micro autonomías se subsumen formalmente al capitalismo al no haber nada que las una y las haga fuertes proyectándolas más allá del capitalismo. Por ello estas micro autonomías suelen vivir dentro de la histeria para acabar estallando en la diáspora.
Más allá de la resistencia y de las micro autonomías, tenemos claro que la creación de empleos gregarizantes son la clave en la construcción de autonomías. Es decir, empleos que permitan la convivencia en la comunidad, empleos en los que lo que se hace tiene un significado claro para la colectividad, es decir que lo que hago no me hace ajeno con mi entorno ni con mi gente. Desde luego, no se trata de ser conscientes de nada, se trata de que los empleos, la gente y el entorno formen una misma unidad, no que sean partes de una unidad sino que sean la unidad misma tal cual mi brazo y mis pies conforman mi yo y no solamente una parte de mí. Mis brazos y mis pies son yo a la vez que una parte de mí. El que pueda distinguirlos en su especificidad no los hace independientes o ajenos a mí.
Las autonomías deberán ser el nicho ideal para el cultivo de las partes biológicas que nos unen y de las partes sociales que nos agrupan. Cultivando esas partes la vida en pareja ocurre por default porque la unión ya no llega solamente por voluntad sino porque compartimos cosas y acciones a los que respondemos automáticamente bien. Por ello, lo que nos agrupe debe ser de orden vital o si se quiere instintivo. Se puede compartir un auto, pero una cosa como el auto fácilmente se convierte en factor de desunión. Unirnos a través de la empresa que nos da empleo es de orden vital porque de ahí sale lo necesario para la vida. De ahí el éxito del capitalismo al controlar la generación de empleos pese a ser enajenantes.  
Generar entretenimiento gregarizante cumple la misma función del entretenimiento enajenante, es decir propiciar momentos de ausencia mental indispensables para el recableo y recentrado de la actividad cerebral. No por nada la historia del capitalismo nos muestra paso a paso lo que hay que hacer para lograr autonomías fuertes, solo que en vez de fortalecer las naturales tendencias egoístas, habría que insistir en lo gregarizante.
Finalmente, una autonomía aporta un móvil trascendental que motiva la unión en pareja y la acción colectiva. El mal llamado “inconsciente” que no es otra cosa que el resto cerebral fuera de la consciencia, rápidamente capta que la garantía de la vida emana de la colectividad, de una colectividad conscientemente inasequible pero perfectamente percibida de forma intuitiva. Todo lo socialmente gregarizante es claro en tanto que cosas como el estatus o la acción colectiva solo tienen sentido en grupo. Lograda una autonomía se logran motivos trascendentes que unen a la pareja y a la gente toda en sentidos diversos.
Ya no es solo el amor, el deseo sexual o el estatus los que unen. El amor romántico entonces se expande y se enriquece con el amor al trabajo, a los compañeros, a la familia, etc. El deseo sexual ya no solo es instinto de reproducción ni búsqueda de placer, es un acto que refuerza al amor en todas sus expresiones. Igualmente el deseo de estatus llega a expresarse como auténtico deseo de servir a los demás: ser más como reconocimiento del otro y ya no por imponerme al otro ni por ser pretendidamente superior. Cada una de las cosas humanas que el capitalismo reinterpretó a su favor, pueden reinventarse en favor de la vida colectiva y de la autonomía.

Jorge Luis Muñoz
Octubre de 2014