Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

resistencia
Resistir ¿Para Qué?

Jorge Luis Muñoz
FAD-UNAM, México
Los sistemas despóticos, como el capitalismo, generalmente tienden a conformar dos campos en los que recluyen a los dominados: sometimiento y rebelión estéril. Estos campos a su vez se subdividen ofreciendo engañosos submenús que crean la ilusión de pertenecer a ellos por decisión propia.
Sea por seducción, manipulación, integración o imposición, el sistema de dominación actual ofrece el paraíso del consumismo como forma de sometimiento, dejando la protesta o la movilización estéril como válvulas de escape para las contradicciones del sistema. Sometimiento y rebelión estéril son partes integrantes del sistema sin los cuales ningún despotismo podría sobrevivir.
Sometimiento y rebelión estéril conforman toda una cosmogonía que llena de contenido la vida de los dominados arrastrando a las capas menos maliciosas de los dominadores.

Imagen de Yehu Romero FAD-UNAM, 2016

Por el lado de quienes viven sometidos al actual sistema tenemos:

  • Los clásicos arribistas que creen que imitando a los dominadores, llegarán a ser como ellos
  • La servidumbre de cuello blanco, empleados de alto rango que se resisten a darse cuenta de su condición
  • Maestros e intelectuales que hacen coro al sistema
  • Celebridades que deben su celebridad a los medios, o se acomodan a ellos
  • Científicos tributarios de instituciones
  • Empresarios y emprendedores buscadores de éxitos
  • Los políticos de alto o bajo rango
  • Burócratas y oficinistas
  • Masas consumistas adictas a la TV y espectáculos
  • Ladrones y pequeños y grandes delincuentes
  • Curas, ratones de iglesia y arrepentidos
  • Arrabaleros (de barrio, escindidos y consolidados: los que negando su origen miran hacia el progreso consumista)

Por el lado de los rebeldes estériles tenemos:

  • A toda la izquierda
  • A la intelectualidad crítica
  • A los extremistas de derecha o izquierda
  • A los revolucionarios
  • Los grillos (los satélites de los políticos)
  • Artistas vanguardistas y revolucionarios
  • Gurús y santones laicos y religiosos
  • Buscadores de luz interna y paz
  • Borrachos de fin de semana, adictos y escapistas de toda laya (hipies, punketos, hip poperos o roqueros)
  • Contestatarios de todo tipo

Suena exótico que críticos, contestatarios, inconformes y revolucionarios sean tratados como rebeldes estériles. Ocurre que de la crítica a la revolución lo único que han logrado es advertirle al sistema sus fallas y este, sabe si las toma en cuenta o no, cuando y como lo hace. Los rebeldes estériles finalmente actúan como sometidos ya sea autoñimitándose para no estorbar al sistema o desahogando ansias en movimientos extremistas que operan como válvulas de escape de la opresión.
De la crítica a la revolución solo han logrado que el sistema se fortalezca y que las oligarquías hoy estén más sanas que nunca pese a la crisis económico-social que vive el capitalismo. De la crítica a la revolución son empleados involuntarios del sistema. En mi paso por las izquierdas revolucionaria, social y partidista solo vi resentidos por haber quedado al margen de las delicias del sistema.
Cada categoría de sometidos a su vez se divide por matices o diferencias, así tenemos a quienes solamente llevan su vida “sin problemas”, sea viviendo de su pensión o pequeña actividad como ambulantes o microempresarios, sea viviendo de milagro y aspirando que alguna vez cambie su suerte y puedan acceder a las recompensas del sistema.
El común denominador de estos campos sociales de servidumbre es su vida miserable, no exenta de tragedias. Un día un ex empleado de la TV o burócrata de cuello blanco se encuentra despedido y vendiendo CDs en Tepito, arrastrando su miseria y suspirando por aquellos puestos que les facilitaban “buenos” niveles de consumo. Otro día un raterillo se encuentra preso por robar los pesos que le darían el placer de alguna droga o alcohol para escapar de su mísera existencia.
Las expectativas que crea el sistema y que las implanta mediante sus aparatos de control (educación, medios y leyes) no siempre se hacen conscientes, por lo que la mayoría de la población arrastra deseos y frustraciones que ni siquiera saben que las padecen pero que se les manifiestan como inquietudes, malestares, malos humores, estrés y enfermedades llevaderas o mortales.
Así la vida transcurre de forma miserable, deseando que llegue la noche, el fin de semana o las vacaciones para ver si ahí existe algo que corresponda con aquel decir que reza que “solo borracho o dormido se olvida lo jodido”.
Solamente se sale del sistema y del sometimiento mediante una autonomía, pero eso planteado desde el sistema no es sino una estafa, una ingenuidad o mala leche mesiánica. Una autonomía se construye piedra a piedra, aprovechando incluso las que aporta el sistema. Una autonomía se construye al igual que se construyen los sistemas despóticos: girando en torno a la subsistencia y las motivaciones humanas de esparcimiento, placer, imaginación y libertad. Pero desde el único lugar desde el que se puede plantear la creación de autonomías es el sistema actual y ello no es otra cosa que parte del sistema. Las autonomías surgirán solas, pero no como manifestación espontánea, sino tal cual surge una planta, abonándola, regándola día a día y cultivándola. En tanto, solo nos queda resistir.
Resistir es en primer lugar, tributar al sistema para sacarle recursos, ideas y posibilidades para seguir resistiendo y, si se puede, para intentar construir autonomías. Es incluso meterse en los rincones más recónditos del sistema con los mismos propósitos. Si hemos de vivir atrapados por el sistema, saquémosle provecho para construir otras posibilidades de vida.
Resistir es evitar caer en alguna de las categorías de las listas, o al menos no caer de bruces en ellas. Resistir es resistirse al consumismo, quizá guiados por Francisco de Asís, quien para vivir necesitaba poco y lo poco que necesitaba lo necesitaba poco.
Resistir es dejar de simular y de fingir felicidad. Resistir es vivir la vida de uno y no la que se imita de la TV. Resistir es amar a los nuestros y demostrarlo, resistir es acudir a los placeres del sistema (emborracharse, ver TV, drogarse, etc.) para cargarse de energía cuando nuestra resistencia está fallando. Resistir es reconocer que caímos en las tentaciones del sistema y saber cómo nos atrapó para voltearle la jugada. En fin, resistir es como dicen en la CDMX: navegar con bandera de pendejos pero atentos a como nos manipulan, seducen u obligan; es usar sus propias armas en favor nuestro. Más llanamente, es sacarle dinero al sistema para financiar autonomías.
Más profundamente: Resistir es resistirse al trabajo de equipo, trocándolo por trabajo en comunidad, es resistir a organizarse y a crear organización buscando la integración orgánica en la familia (que parcialmente se hace), con los amigos, con los vecinos, en nuestro barrio o colonia. Resistir es crear nuestro propio empleo, nuestras propias diversiones para no tener que optar por lo que nos ofrece el sistema. Resistir es abrir campos a la imaginación y la libertad para que la vida comunitaria no acabe asfixiándonos.
Hoy por hoy, muchos tenemos nuestro mayor campo de resistencia propagandizando la posibilidad de crear autonomías por vía de atender a los impulsos básicos del ser humano. Muchas comunidades y pueblos del planeta han avanzado en la creación de autonomías, pero aún el campo mayor dentro del cual tendrán que crecer estas, es la ciudad capitalista. Ahí las autonomías serán como árboles que invaden la selva, plantas que crecen entre el eriazo pero que gracias a su vitalidad resisten. Lo mejor es que esa vitalidad se desprende de la satisfacción de los impulsos vitales del humano que son sobrevivencia, ocio, placer, entretenimiento, imaginación y libertad. Todas ellas son administradas y dosificadas por las oligarquías que encabezan despotismos de todo tipo (actuales e históricos), una autonomía procurará su propio manejo sin déspotas u oligarcas como intermediarios.
Xochimilco, CDMX
Noviembre de 2017