Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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Resistir al Tiempo

Bajo el capitalismo solemos vivir en el tiempo, pero lo hacemos solo porque la generación de ganancias así lo requiere. El tiempo como marco de ocurrencia entre sucesos se ha hipostasiado e independizado como si existiera. La física lo retoma como tal delatando el mundo fantástico que nos ha construido.
Nuestra noción del tiempo proviene de otra manera de ubicación de la vida, misma que se orientaba en la ocurrencia de eventos. De esa manera alguien nacía en el año en que apareció cierto cometa, o el día en que había muerto alguien. Las citas se hacían “por la mañana”, “al atardecer”, etc. Si se quería más precisión se decía “en la mañana temprano o tempranito” “al atardecer, ya tardecito” etc. El tiempo no existía, solo lo existían los eventos que marcaban la experiencia. El tiempo surge como una medida entre dos eventos. Se inventa y ya inventado se buscan los mejores eventos para su ocurrencia, ya sea la rotación de una estrella de neutrones, el desprendimiento de partículas radioactivas, etc., etc. Pero es claro, el tiempo no existe.
Obviamente que no siempre hubo eventos ni mucho menos tiempo e incluso aún hay pueblos en que el tiempo no existe como los Dowayos en el áfrica actual. Antes de la aparición de la vida eventual y temporaria, la vida se desglosaba en un continuo-cotidiano en donde los eventos estaban fundidos en el todo, aún pueden saborearse esos pueblos en los que se muere de aburrimiento, esos estados (que no momentos) en lo que todo aparece suspendido, incluso el aire. Marshall Shalins nos narra la vida de los llamados primitivos, los cuales no sufrían por comida. La conseguían deambulando y cuando se cansaban o aburrían se dormían. No es una historia de novela, basta recordar algunas vacaciones en las que se suele vivir en la indefinición, sin motivo alguno, prisa u obligación.
Habría que distinguir un estado antes del continuo-cotidiano. Un estado en el que el humano está confundido con el todo, es parte indistinguible del todo. Existe como parte específica de éste sin más diferencias con el resto que su diferencia específica. La vida discurre entonces en medio de la divinidad que es el todo, se es dios y se está dentro de dios. Se aparece y desaparece como un todo tal cual ocurrió con los dinosaurios, se es y no se es. La vida es entonces una unidad del todo. Hablamos del resto de la creación fuera del hombre.
Antes de ese todo solamente hay luz-oscuridad. Solo hay un universo plano en el que la luz u oscuridad son indistinguibles. Aquí quizá deberíamos de hablar de los microorganismos.
Pero obsérvese no estamos hablando de una secuela temporal ni de como debieron ser el mundo y la vida en tiempos pasados. En realidad hablamos del ahora.
Tampoco importa como pretendida descripción del decurso de la vida, solo importa por el uso que se le da a ese discurrir. Tal cual se dibuja abajo, la forma de medir la vida sea por tiempo eventos o cualquier otra forma ocurre en el ahora. En este mismo instante están ocurriendo todas esas formas, solapándose entremezclándose, algunas sobreimponíéndose, entre otras formas inimaginables de entrecruzamiento.
¿Qué ocurre para que predomine una forma de vida u otra o se mezclen? En estricto rigor cada forma de vida coincide con las formas socioculturales vigentes. Es decir, las formas ocurren de acuerdo a lo que cada pueblo inventa en su devenir histórico o en su discurrir cotidiano.
Al capitalismo le es indispensable el tiempo por razones tan obvias que ni vale la pena detenerse en ellas. Pero no a todos nos va bien el tiempo porque no tenemos capitales invertidos ni procesos productivos que atender. Tenemos ciertamente cosas que hacer, realizamos eventos de todo tipo pero vivimos modos de vida distintos a los del capital. Se nos impone el tiempo y a la usanza antigua hay marcadores de ritmos y tiempos por todos lados: relojes, procesos, tiempos de cobro del sueldo, días de celebración, etc. etc.
Sin quererlo resistimos, nos sumergimos en borracheras sin tiempo ni propósito en donde acabamos en medio de la luz-oscuridad después de haber pasado por la integración con el uno. Nos perdemos en la dejadez integrados al continuo cotidiano apenas percibiendo la inmovilidad de todo. Nos dejamos arrastrar por el evento en cumpleaños, festejos, manifestaciones de protesta, etc. Por desgracia esas maneras de vivir resultan efímeras cuando pudieran ser una norma de vida resistente a la temporalidad-eventualidad del capitalismo,
Podemos resistir al capitalismo instalándonos y defendiendo nuestras formas de vida fuera del tiempo y de los eventos tan caros al capitalismo. De hecho, vivimos en aquellas pero dejamos que se nos imponga lo que al capital interesa.
Podemos resistir al dar la máxima importancia a nuestros propios eventos y solo atendiendo los eventos capitalistas (en general, despóticos, tales como fechas patrias conmemorativas, de días oficiales, etc.) cuando de plano no podemos eludirlos. Movernos en el tiempo solo para checar y divagar el resto de nuestra permanencia en el empleo tal cual hacen involuntariamente los burócratas. En general, dejar que nuestra propia experiencia familiar, personal y colectiva marque los ritmos de lo que hemos de hacer y no nuestra necesidad de dinero o recursos. O sea procurar pasar de la luz-oscuridad a la integración con el todo y el desglose la vida en el continuo-cotidiano, escogiendo los eventos que nos simpaticen o convengan y de ninguna manera dejarnos atrapar por esa invención perversa que es el tiempo.
Desde luego, no es en ejercicio de la individualidad egoísta del capitalismo en donde resistiremos al tiempo. Al tiempo se le resiste contrariándolo y, en su momento, de acuerdo a la vida colectiva que se ha construido o se desea construir.

Agosto de 2015 
Jorge Luis Muñoz