Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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Cultura y Subjetivación en la Autonomía

Si la cultura en términos generales se define como todo lo que un pueblo es capaz de ser y hacer, la subjetivación (término utilizado por Guattari) describe como los aparatos de dominación incardinan en nuestro cerebro implantándonos modos de percibir al mundo, de vivir, de conducirnos y de ser de la única manera que se puede ser en nuestro sistema para no ser tasado de demente, antisocial, resentido, criminal o negativo.
Si la cultura nos habla en general del hombre, la subjetivación nos habla de la forma de vivir del hombre. Es decir nos habla de una tragedia humana de nuestros tiempos, a saber: de la incapacidad que tenemos para ver al mundo y la vida más allá de como los aparatos de subjetivación nos hacen verlos.
La cultura en nuestros tiempos ya no es espontánea (y no lo es desde la aparición del poder tutelar), dejó de ser producto del hombre y pasó a ser producida por los aparatos que se conjugan en el juego de la dominación. Y no es que el hombre no produzca cultura, sino que esta se produce subordinada a las formas de dominación y con escasas posibilidades de proliferar de manera autónoma. Toda la cultura que de manera natural produce la gente, nace dentro de procesos de subjetivación que la reorientan, la limitan, frenan o someten a la lógica de dominación vigente.
Para nadie es noticia que los principales procesos de subjetivación se llevan a efecto en los medios masivos de comunicación, la escuela y el empleo. Ahí se efectúa un segundo proceso de hominización que nos moldea de acuerdo a lo que el sistema capitalista de dominación necesita. De esos procesos de subjetivación nace un individuo apático, consumista, saltando de un placer a otro tal y como lo describe Castoriadis. A ese hombre producto del capitalismo habría que agregarle una libido exaltada y los instintos más básicos también exaltados confluyendo en el consumismo, lo que le da a éste una poderosa base biológica difícil de superar.
Son de tal suerte eficaces los procesos de subjetivación que nos incapacitan para concebir al mundo y la vida de una manera diferente a la que sustenta el sistema. Nos la pasamos yendo de tonteras a estupideces que atentan contra nosotros mismos. Esquiroleamos a nuestros propios compañeros, conspiramos en nuestra propia familia, obstaculizamos acciones colectivas en nombre de nuestro individualismo (de hecho está de moda la alusión al “yo pienso”, “desde mi punto de vista”, “yo creo”  como si pudiera ser de otra manera. A ese grado de exaltación llega el egoísmo individualista), etc. y todo ello sin siquiera parar a reflexionar sobre la conveniencia o pertinencia de nuestras opiniones o acciones. El sistema, su forma de pensar y hacer se nos aparece e impone como si fuera natural, normal, lógico o deseable. De ese tamaño es la tragedia de nuestro tiempo.
¿Por qué son tan potentes y eficaces los procesos de subjetivación? Porque tiene una base biológica con millones de años de existencia.
A nivel biológico mostramos dos tendencias. Por un lado nuestros impulsos vitales alimentan un egoísmo exacerbado capaz de enceguecernos ante la cooperación humana y solo preocuparnos de nosotros mismos. El cuerpo procura su propia vida privilegiándola incluso en detrimento de la del otro. Por otra parte tenemos procesos bilógicos que nos orillan a la socialización. Las neuronas espejo y la socialización mediante oxitosina constituyen procesos que llevan directamente a la cooperación interhumana constituyendo lo que podemos decir que son procesos vitales extrabiológicos, o  procesos vitales de orden social. Esto último en tanto que sin la cooperación humana difícilmente el hombre podría sobrevivir a su entorno.
Esos dos procesos aunque parecen contradictorios en realidad son complementarios ya que si bien los impulsos vitales nos llevan al egoísmo, este constituye cierta garantía de vida; pero esto no sería otra cosa que mero impulso animal sin la parte socializante que implican las neuronas espejo y la acción de la oxitosina. Los impulsos vitales nos llevan a separarnos de la humanidad, los socializantes nos reúnen. Ambos son procesos biológicos que, partiendo de una garantía para la vida, la perfeccionan mediante la cooperación.
Los impulsos vitales que nos llevan al egoísmo son los primeros en aparecer en los primeros animales, presumiblemente los dinosaurios, y no es hasta la aparición de las emociones, en los primeros mamíferos, que hace su presencia la tendencia socializante como una forma de modulación de los impulsos vitales.
En los animales más simples como la ameba, originalmente las áreas motoras se conectan directamente con las áreas sensoriales originando las reacciones del animal en un proceso recepción-reacción. Esa es la base de los procesos vitales. De este proceso simple se pasa a otro cada vez más complicado cuya base es la recepción-proceso-reacción, que es la base del cerebro humano y de todo cerebro más o menos desarrollado. Los procesos pueden ser más o menos complejos como los del ser humano o más o menos simples como los de una hidra en la que apenas existen unas pocas neuronas como intermediarias entre las neuronas sensoriales y las áreas motoras.
Estos procesos nos permiten entender la naturaleza del egoísmo como proceso vital y la socialización como una modulación de los procesos vitales. Finalmente ambos procesos trabajan para la conservación de la vida. Desde la aparición de los poderes tutelares los procesos de hominización (dejando ya atrás el llamado proceso evolutivo) han tendido hacia la exaltación de los procesos vitales primarios propios del egoísmo y la individualización.
Esta etapa de hominización individualizante ha ido sustituyendo gradualmente a las formas de hominización colectivizante. Al ser la socialización también un proceso de orden biológico difícil de eliminar, el proceso individualizante se  ha orientado a subsumirlo y subordinarlo. Este proceso es claro en la actualidad en la que se exalta el primer lugar al “yo” del individuo, se privilegia la competencia y solo se rescata el trabajo colectivo subordinado a la competencia. Todos los medios del sistema trabajan en la construcción y reconstrucción de individuos egoístas. Si ese individualismo egoísta no se exaltara en el exceso en que se hace, sería rápidamente compensado por las tendencias biológicas colectivizantes.
En nuestro sistema en el que la matriz de hominización es el individualismo egoísta, son cuatro las formas con que el sistema subordina o subsume a las tendencias de socialización: la coerción (lisa y llana o mediante la ley), la manipulación (mediante los medios masivos de comunicación), la seducción (mediante la producción pro sistema) y el riadismo (iniciativas que reúnen y atrapan gente). Antiguamente la matriz hominizante era el colectivismo, en donde el individualismo era complemento de aquel, tal y como hoy el colectivismo es apéndice del individualismo.
La exaltación del individualismo egoísta es la clave para que el sistema mantenga subordinados a los potenciales biológicos socializantes. Esa exaltación es la clave de la dispersión humana que después agrupan los medios, el empleo y la educación e incluso la violencia. Hoy desde el sistema se ensaya cualquier medida que vaya en contra de la gente ya que ésta no responde. Sumida la gente en su exasperante egoísmo individualista, ya no se agrupa para defenderse. Las organizaciones que le guiaban y representaban han perdido sentido en el concierto que exalta placeres efímeros e instintos básicos. “Perseguir tus sueños”, “plantearte metas”, “ser alguien”, “tener un buen empleo”, “ser lindo”, etc. etc. son unos cuantos de los recursos de exaltación que se usan. Ni el colectivismo castrante, ni el individualismo dispersor debieran ser exaltados en una autonomía.
La familia, unidad colectivizante por excelencia, es separada de toda otra posibilidad colectivizante. Se exalta la unidad familiar pero no se mencionan las posibilidades de familias unidas ni mucho menos el papel socializante de la familia en comunidad. Lo mismo ocurre con otras expresiones socializantes: se mantienen separadas a toda costa para evitar tendencias gregarias. La caridad o limosna se mantiene como mecanismo incapacitante para que las personas no puedan resolver sus propios problemas. El subsidio a la educación es clave para evitar que la gente genere sus propios conocimientos. Los medios masivos de comunicación en gran parte se mantienen gratuitos o de fácil acceso para poder implantar la visión del mundo que le conviene al sistema.
Artistas famosos realizan epopeyas para ayudar a niños pobres. Existen multitud de fundaciones para ayudar a mujeres solas, niños con cáncer, ancianos con alzhéimer, o perros callejeros; pero a nadie de ellos se les ocurre fundar autonomías, crear redes de comercialización que impulse la vida autonómica, crear empresas que apoyen el despegue autonómico en comunidades y montones de etc. Todo ello sin disparar un tiro o plantear una revolución.  
A los políticos tampoco se les ocurre otra cosa que tomar el poder para que cuando lleguen al trono, cambiar al mundo. Todo mundo pensamos con malicia que Marcos falló porque no ha hecho suficiente para extender al ideal zapatista fuera de la selva, o que el PRD se corrompió con los chuchos o que todos los políticos solo buscan el hueso. Todo ello es muy posible, pero lo que verdaderamente ocurre es que no pueden pensar fuera de lo que piensan porque pasaron por un proceso de hominización individualizante como cualquiera de nosotros. Si volvieran a nacer en este sistema, volverían a pensar como lo hacen o de forma muy parecida.
Pero esto que parece un destino fatal no lo es. Nos lo muestran los problemas que tiene el sistema para mantener su equilibrio. La gente espontáneamente crea maneras de vivir y hacer que, aunque subordinadas o subsumidas al sistema, no encajan del todo en él. Esas tendencias o líneas de fuga del sistema eventualmente crecen, se transforman o desaparecen y son las que suelen dar al traste a los sistemas históricos (aunque estos se las han arreglado para mantener formas de dominación aún en el cambio).
Las autonomías crecen tras cultivar esas líneas que tendencialmente escapan al sistema. El propio sistema nos muestra el trabajo meticuloso de subjetivación que aplica a las líneas de fuga, habría que seguir su ejemplo en la creación de autonomías. Surge una revolución sexual, para ella los sex shop como modelo de negocio y de exaltación del sexo como modelo de placer. Surge la liberación femenina, para ellas plazas de empleos en las que se les explota al igual que al hombre, para ellas un mercado diferencial que atiende lo femenino y que amplía las posibilidades de ganancia. En la liberación sexual había un impulso que apuntaba a una verdadera liberación, pero en vez de cultivar esa tendencia, el sistema rescató solamente la parte comercial, la explotable, la que servía para fines de dominación. Lo mismo ocurre con la revolución femenina y con todas las revoluciones o cambios que ocurren dentro del sistema.
Finalmente tenemos que admitir que no todos los modernos procesos de hominización individualizante son iguales. En México ese modelo ocurre con rasgos de modelos hominizantes gregarios como los que practicaron los nahuas. En EU los modelos hominizantes gregarios casi desaparecieron pese al impulso que recibieron con el movimiento hippie. Esto es importante en la erección de autonomías porque no pueden ser creadas de la misma manera en cualquier país ni incluso en cualquier región del mismo país. La construcción de autonomías deberá desarrollar la parte de los sucesos que escapa al sistema y cultivarla.


Jorge Luis Muñoz
Julio de 2014