Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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La Revolución desde Abajo


Cuando estudié marxismo se entendía que la revolución hecha desde abajo era aquella que hacían los trabajadores, los oprimidos y explotados. Algo no me cuadraba en ese concepto. ¿A que horas un jodido puede hacer nada que no sea trabajar y reponerse para volver a trabajar? Los marxistas lo resolvían autonombrándose abanderados de los trabajadores, cosa era conseguirse algún grupo de apoyo de trabajadores y ya se tenía la investidura. Incluso no era necesario el contacto con trabajadores, bastaba su invocación para ser su representante, luchar por ellos, legislar por ellos, decidir por ellos y todo por ellos. El resultado fue la URSS de todos conocida.
Hoy, ya no podemos decir que la revolución desde abajo sea una revolución hecha por “los de abajo”. Incluso el término resulta ofensivo porque es entender a quien se dice defender, en los propios términos de los dominadores. Una revolución desde abajo no es otra que la que se hace cambiando hasta el modo de andar.
Por desgracia se entiende por revolución lo que en realidad es una revuelta, una pelea por la dominación, por desplazar a alguien del mando. Ni las costumbres, ni el modo de ver la vida, ni la forma de trabajar, de hacer el amor o de disfrutar los placeres se pueden cambiar con una simple vuelta, con una revolución.
Todo está entreverado con todo, de tal modo que si algo revoluciona, altera todo el resto y en una situación alterada los ganones son los que acumularon más poder y con ello las cosas que posibilitan la existencia. Es por ello que de toda revolución solo ha surgido un nuevo grupo de déspotas, nuevas oligarquías que desplazan a las existentes. El truco de la revolución lo asimilaron muy bien los grandes empresarios, los cuales reclaman libre mercado sabiendo que nadie puede competir con ellos y de esa manera, en plena libertad de mercado se apoderan de este. En una revolución se desajusta la forma de se hacer y mirar al mundo y en ese desajuste entran los poderosos a reimplantar sus reglas y a dirigir al mundo por donde mejor les parece. Por ello no hay movimiento más reaccionario y nocivo para los jodidos que una revolución.
Una revolución desde abajo debe entenderse como un proceso al que le toma su tiempo para crear nuevas formas de relación, proceso en el que se avanza y retrocede, en el que se ensaya a base de errores y aciertos. Una revolución desde abajo lo es porque comienza por lo mínimo, por lo más elemental y de ahí se eleva cambiando todo a su paso.
Una revolución desde abajo emerge sin que nadie se dé cuenta de que lo ha hecho. Una tal revolución nace en una época y emerge en otra, nace en un sistema (como el nuestro) y emerge en otra cosa. Si una revolución nace y emerge en el mismo sistema, solo ha sido una revuelta.
Sin embargo el proceso suele ser engañoso. Por ejemplo la revolución cubana solo fue una revuelta, nada cambió aunque se dijo que se estaba ya en un sistema socialista. O sea, se había transitado de un sistema capitalista a uno socialista. Hoy sabemos que jamás se salió del capitalismo, solo se transitó a una modalidad de capitalismo de estado, en el que ahora el estado decidía por todos. Con castro se hacía las cosas de distinta manera, pero la gente no decidía las cosas importantes, eso era un claro indicio de que no había revolución.
Se argumentaba que si Cuba hubiera actuado de otra manera, hubiera sido engullida por el capitalismo norteamericano y tenían toda la razón. La revolución cubana al igual que otras revoluciones, no eran más que revueltas dado que nunca se concibieron para cambiar la cultura, las costumbres, la cosmogonía, el trabajo ni nada de las cosas importantes que dirigen la vida. Se pretendía ingenuamente que cambiando ciertas cosas desde arriba, se iban a entrelazar armoniosamente de forma automática con el resto. Cosas de la época y del pensamiento burgués centrado en el dinero y la ganancia. Pensamiento elemental: si tengo dinero (poder) puedo cambiarlo por lo que sea y lo que sea abarca a todo. Si tengo el poder y cambio ciertas cosas, el resto se va a acoplar a eso que cambié, tengo el poder lo tengo todo, puedo cambiar todo. Pensamiento claramente infantil producto de la época.
Pero esa época puede disculparse, en el presente ese pensamiento barbárico ya no cabe. La revolución desde abajo debe atender primeramente las cosas de la vida, debe devolver primeramente la palabra perdida de la gente por vía de asegurar la subsistencia. No es posible que se esté depositando en otros la creación de las cosas de la vida. Las comunidades deben crear su propio empleo sin esperar que el gobierno o los empresarios lo hagan. Asegurando la subsistencia ya se puede pasar a cosas de la cultura, del arte, de la sensibilidad. De ahí surgirá una revolución de la que no se puede decir como será. Si hoy podemos hacerlo, si hoy podemos decir hacia donde se debe dirigir la revolución, si hoy decimos lo que hay que hacer, entonces solo preparamos una revuelta que nos traerá a nuevos déspotas.
Rehacer la vida colectiva es solo un comienzo, generar las condiciones materiales de subsistencia de las comunidades solo es un soporte, un medio y de ninguna manera un fin. Tampoco lo es el devolverle la palabra a la gente. De hecho todo lo que podamos proponer desde este sistema no pueden sino ser medios para los fines que las propias gentes decidirán con su palabra recuperada.
Hacer una revolución desde abajo es dotar a las comunidades de medios para que crezcan y engrandezcan, no es dirigirlas por el buen camino, no es proponerles lo mejor. Se puede comenzar sembrando empresas de orientación colectiva (no cooperativas, no comunales sino estrictamente capitalistas orientadas a la comunidad) y luego creando puntos de socialización. Las más fuertes sobrevivirán, el resto serán reabsorbidas por el sistema.
Quien emprenda una revolución desde abajo debe saberlo: no vivirá para mirarla (en caso de éxito), ni siquiera tendrá reconocimiento alguno, se perderá en el anonimato más oscuro. Si espera algún pago o recompensa ese es. Por ello es tan poco atractivo hacer verdaderas revoluciones, es mejor hacer revueltas y después ponerse a escribir memorias como Fidel Castro. Una revuelta puede elevar a nivel de una divinidad, tu palabra será oída y te dirán lo bueno que eres, lo fuerte, lo decidido y lo buen ser humano y de primera que eres. Tu dinosaurio será satisfecho. Solo un detalle, en ti habita no solo un dinosaurio, sino que también lo hace un mamífero y un humano.
Para hacer una revolución desde abajo hace falta fuerza y sobra la necesidad de reconocimiento. Esas revoluciones se hacen porque se pueden hacer, porque se tiene la capacidad, la gana y porque se ha decidido hacerla como parte de una manera de vivir. Se hace una revolución desde abajo como un ejercicio de decirle sí a la vida y no por ayudar a nadie, aunque el querer hacerlo no estorba.
En esta nuestra época en la que la limosna se entiende como un ejercicio altruista y no como una más de las maneras de degradar a un ser, es difícil emprender una revolución desde abajo. Es difícil reconocer que la gente no necesita trabajo, ni necesita comida ni necesita nada, en estricto rigor, a la gente solo le hace falta vivir, por ello es capaz de soportar la esclavitud con tal de poder vivir. Hacer una revolución desde abajo es inventar posibilidades de vida sin las actuales trampas del sometimiento.

Jorge Luis Muñoz
febrero de 2012