Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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La Educación Desde Abajo


Si se va a hacer una revolución desde abajo, deberá pensarse en la educación. Una auténtica revolución deberá, en primer lugar, dejar de pensar en la educación tal y como hoy se ejerce y aceptar que la gente tendrá las mejores propuestas de lo que quiere para ella y para los suyos. ¿Qué tipo de educación o su lejano equivalente surgirá en comunidades autónomas? No podemos saberlo, aunque si podemos saber cuál sería la educación resultado de una revuelta.
En primer lugar una revuelta seguirá entendiendo que educar es adiestrar, amaestrar, encerrar en aulas. Una nueva educación no solo debe surgir de las propuestas de los propios estudiantes, de sus mayores y de sus comunidades; sino que debe abandonar su premisa básica que es el pensamiento. En una nueva educación deberá dejarse de pensar como se hace ahora. El pensamiento deberá ceder su lugar de privilegio a la función cerebral y mental que haga falta.
El primer soporte para lo que resulte después de la educación es la participación de las comunidades en los programas y planes de estudio. En segundo lugar, la educación como trasmisora de conocimientos, deberá ceder su lugar a algo en lo que se privilegie el intercambio de experiencias, dentro de las cuales puede ir implícita cierta carga de conocimiento.
En tercer lugar el conocimiento deberá ceder su lugar de privilegio en favor de la experiencia vívida y ya no de la experiencia narrada, propia del conocimiento. De hecho, el conocimiento debería desaparecer en tanto que lo que hoy conocemos como tal se ejerce mediante el pensamiento y, si se utilizan íntegramente el pensamiento la intuición y la experiencia interior, entonces necesariamente el conocimiento desparece o se reduce al papel que pueda jugar el pensamiento en cada acción.
Las bases de la educación actual que son el pensamiento y el conocimiento, deben desaparecer, diluirse en el todo de las capacidades del hombre. Con ellos desaparecería la educación misma. Pensamiento y conocimiento han sido privilegiados por el ejercicio del poder que requiere fijar, inmovilizar al mundo en imágenes. Podar al hacer de sus conexiones con el todo, eso es el conocimiento. Entender al mundo en conceptos es propio del conocimiento, pero el mundo no se entiende sino en el acto. En la experiencia que involucra tanto al pensamiento como a la intuición y a la experiencia interior. De hecho yo mismo recurro al abuso de utilizar al entendimiento como forma de interactuar con el mundo, pero al mundo no se le entiende, se le vive y esa experiencia se comparte en la interacción misma. Por ello el conocimiento está de más.
La lengua deberá a su vez ceder el paso al habla. A la lengua la inventó el poder al igual que inventó al conocimiento privilegiando el uso del pensamiento. Por ello la lengua tenderá a fungir como auxiliar en la interacción humana. La lengua como motora del pensamiento tenderá a ser sustituida como expresión del cuerpo y del todo que la rodea. Una guturación suele decir más que un concepto, pero hemos excluido a las guturaciones en favor de las expresiones del poder mediante el habla. Pueda ser que digo todo esto de manera apresurada, superficial, pero hay que recordar que esto no es el futuro ni lo que hay que hacer, por más que utilice la referencia del “deber”. Las propias comunidades “deberán” (entendiendo al deber como resultado natural del hacer, de lo que deviene sin la urgencia de la imposición, lo que resulta como parte de su multiplicidad) resolver que hacer y si desaparecen a la educación o no, o la sustituyen por lo que mejor les parezca.
En otro lugar de esta misma web he planteado las posibilidades de uso de las funciones cerebrales principales, las cuales serían la posible base para ir más allá de la educación. Desde luego, estos son ejercicios mentales nacidos desde el sistema capitalista y por tanto solo tienen función ilustrativa que pretende alimentar la imaginación a partir del presente; pero ni es ningún futuro ni algo a realizar en el futuro: eso lo decide la gente.

Jorge Luis Muñoz
febrero de 2012