Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

revolucion

 

El Desafío Gay

Jorge Luis Muñoz

Ser gay está de moda. Decidirse a serlo no necesariamente ocurre de manera consciente. Se sabe que la mayoría de nuestras decisiones ocurren subconscientemente y en muchas ocasiones ni siquiera nos damos cuenta que han ocurrido. Ser gay puede resultar de un arreglo perceptual en la más tierna infancia o de una decisión consciente posterior.
Ser gay es un desafío que llena de contenido a toda una vida, particularmente si se proviene de una familia heterosexual. Ser gay implica motivaciones similares a ser revolucionario, mesías, genio o cualquier cosa que escape de los estándares de los sistemas, las culturas, las tradiciones o las formas usuales de subjetivación. Ser gay es un modo de ser. Modo cargado de suplicio pero modo de ser con todos sus pros y sus contras.
Ser gay es todo un desafío por más que en la actualidad sea en gran parte un subproducto del sistema capitalista. El sistema capitalista para sobrevivir implanta estándares en el empleo, la diversión, el arte y en todo lo que lo sostiene y en torno a esos estándares se mueve su creatividad. Pero esa creatividad llega a aburrir por más extrema que resulte, ya que a lo más roza los límites de los estándares. Por más que el actual sistema se empeña en una creatividad desbocada que logra engañar al cerebro consciente, no lo hace así con el subconsciente el cual cae en el hartazgo ante más de lo mismo.
Existe toda una producción cinematográfica que año con año bombardea a todo el mundo, pero todo es lo mismo según su género, lo mismo ocurre con los videojuegos, el arte, los libros y toda novedad que se produce: todo es más de lo mismo que acaba aburriendo. No obstante, lo anterior parece que la producción de más de lo mismo logra una buena aceptación, la suficiente para producir las ganancias que sostienen al sistema. Su éxito se explica con el éxito del Chavo del 8, el cual siempre era y es más de lo mismo, pero con pequeñas variaciones de lo mismo. El Chavo del 8 fue y es tan exitoso porque no había que esperar sesenta minutos o más para detectar las novedades ni había que recorrer todo un juego o leer todo un libro para lo mismo.
Aburrir con más de lo mismo no es propio del sistema, porque este se empeña en una gran creatividad. Tampoco es producto de la cultura ni de la tradición ni mucho menos de las formas de subjetividad. El aburrimiento es producto de nuestros impulsos biológicos vitales. La búsqueda de dopamina es incesante dentro del funcionamiento el cerebro, el cual parece más empeñado en descubrir los caminos que llevan a la dopamina que en la dopamina misma, según se desprende de los experimentos de Wolfram Schultz de la universidad de Cambridge. En experimentos con monos, Schultz encuentra que la vida cobra sentido en el incesante camino de la búsqueda de dopamina. El cálculo del error de predicción llena de contenido a la existencia, por ello cuando al ser se le priva o reducen al mínimo las posibilidades de ese cálculo, deviene el estrés, el desequilibrio y la inanidad.
Ejemplos típicos de lo anterior son el burócrata y el ejecutivo, los cuales ya no tienen que preocuparse por los errores de predicción fuera de los que el jefe o patrón imponen. De hecho, los problemas que pueblan su vida provienen del jefe o del patrón dejando muy escaso margen para los propios. A estos pobres desgraciados el sistema les inventa la TV, el cine, la vacaciones todo pagado, el Facebook, el doctor, la escuela y en general el consumo como ismo. No obstante, los niveles de estrés, cáncer, diabetes y la ansiedad general son indicadores del fracaso del sistema en su intento por llenar la existencia del individuo.
El neurodiseño y las más variadas expresiones del diseñó (gráfico, industrial, de interiores, etc.) constituyen la más novedosa forma del sistema de llegar hasta el subconsciente el individuo. El neurodiseño activa subconscientemente al sistema dopaminérgico dotando de placeres y recompensas automáticos. Pero ese esfuerzo va dirigido a la consecución de ganancia, por lo que no consigue inducir un sentido de la vida fuera del consumismo. De hecho, el sentido de la vida del sistema es ese, el consumo intensivo y perpetuo. El individuo propio del capitalismo es como dice Castoriadis: “un individuo saltando de placer en placer, apático y consumista”. La búsqueda del error de predicción de este individuo gira en torno al consumo excluyendo al otro y sus posibilidades de relación. El resultado es patético, en medio de baños de dopamina producto de la droga, de placeres sexuales, de festividades y un sinfín de formas de entretenimiento destaca una sociedad viviendo en la infelicidad.
El consumismo sería un buen sistema para la búsqueda de los errores de predicción (asociados a la producción de recompensas dopaminérgicas), pero falla porque no hay posibilidad de dotar de un auto del año a todo individuo, ni satisfacer a todos con la modelo exuberante de moda en la TV, ni existen 7 mil millones de todas las cosas para satisfacer la sed de consumo que induce el sistema. El resultado: la infelicidad dominando todo espacio, toda expresión y a todo individuo.
Cada individuo implica un único e irrepetible sentido de la vida y el sistema falla en su afán de estandarización. El reto gay llena de sentido la vida de quien lo escoge. Cada gay tiene que resolver el mundo de discriminación que lo rodea, el rechazo social, las malas miradas, las burlas y todo lo propio de un mundo machista. Ser gay es todo un reto que responde al sin sentido capitalista que quiere imponer la búsqueda de la ganancia (y el consumismo que implica) como única posibilidad de vida.
En tal sentido el gay es más un producto de la decadencia del capital y menos de una percepción el mundo que elige un cierto modo de vida. Esto hay que reconocerlo, sin embargo, alguien podría reclamar al gay su elección en vez de elegir ser revolucionario, artista, científico o algún otro reto menos apostólico que el lidiar contra la discriminación y el maltrato. Aquí cabe la paráfrasis cristiana: “el que este libre del capitalismo que tire la primera piedra”. Aún los indios montados en lo más recóndito de la sierra están influenciados por el capitalismo. Señalar a un gay por haber elegido o resultado en ese camino es escupir para el cielo.

Uno de los puntos fuertes de una autonomía consiste en que el sentido de la vida ocurre solamente de manera social, en tanto que “el otro” es impredecible. Como humano, “el otro” plantea enigmas humanos, más o menos profundos, pero al alcance de los procesos neurales humanos o como se diría en filosofía: el otro solamente plantea problemas de dimensión humana.
Tradicionalmente se asocia el sentido de la vida con algún hacer religioso, político, artístico o social, entre otros. Hoy sabemos que esos posibles sentidos obedecen a la búsqueda de optimización de procesos cerebrales, dentro de los que se encuentran los procesos dopaminérgicos, fuentes de placer y recompensa. El capitalismo nos muestra que esos procesos se cubren deficientemente con el solo entretenimiento o la novedad. “El otro” es el que es entretenido, es la fuente de pequeños y grandes enigmas de orden humano que, a su vez son fuente para la búsqueda de recompensas como la dopaminérgica.
Fuera de lo humano solamente existen problemas triviales o inconmensurables. Los primeros son de obvia resolución y los segundos simplemente están fuera del alcance de la comprensión del hombre (tales como el magnetismo, las partículas materiales, etc.) y que solo llega a integrarlos a su hacer mediante fantasías teóricas. Todo sistema, cultura o modo de subjetivación falla al pretender dar sentido a la vida mediante esquemas más o menos elásticos, más o menos rígidos. De ahí la importancia de la comunidad como generadora del sentido de la vida y del hacer humano.

Julio de 2016