Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

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La revolución que viene

Cuando los señores del poder y del dinero dicen que hay una profunda crisis hay que creerles. No porque sea cierto o porque haya que confiar en su palabra; ni mucho menos porque haya alguna demostración contundente al respecto. Si los señores del poder y del dinero dicen que hay crisis hay que creerles porque eso que dicen es una queja de lo que están perdiendo o dejando de ganar. Y si dicen que hay una crisis profunda es porque no saben por dónde seguir para, precisamente, seguir siendo los señores del poder y del dinero.
Así que crisis tenemos y donde hay crisis se asoma una revolución. ¿Cómo sería la revolución que viene? En primer lugar hay que aclarar que las revoluciones no se hacen sobre pedido, llegan como los frutos cuando ya están maduros. Puede preverse una revolución con una amplia documentación y puede ocurrir o no ocurrir. Así que, aunque huela a revolución, nada la garantiza. Si ocurre o no una revolución es interesante solamente porque nos puede encontrar con los calzones abajo. Así que ante el olor a revolución hay que mantenerse alerta. No se puede hacer mucho más. Compras de pánico, construcción de bunkers o encomendarse al cielo solo alargan la agonía. La mejor receta para una revolución es ponerse vivo, tal cual el personaje de “Los de abajo”, de Azuela, que acumulaba joyas en medio de la revolución mexicana. Los vivos siempre salen adelante con revolución o sin ella y generalmente son los que fundan y sostienen sistemas. El resto, solamente servimos para someter a prueba la resistencia de la especie.
Resuelta la ocurrencia de una revolución y como generalmente se enfrenta, queda saber cómo será esa revolución que se avecina. Los de izquierdas más honestas, se prepararán como decía Pedro Castillo (viejo militante de la izquierda mexicana): “hay que mantenerse vigentes para cuando llegue el momento”. Esta receta de pretensiones leninistas, olvida que Lenin sin los Nazis no era nada. Cierto, Lenin decía que había que mantenerse preparado para responder en cualquier momento. Lo que nunca dijo Lenin es que sin el financiamiento alemán y norteamericano, nunca hubiera llegado el momento de los bolcheviques, quienes se hubieran quedado como novias de pueblo. Esa izquierda honesta se quedará babeando viendo pasar la revuelta (que de todos modos se llamará revolución), a menos que consiga un fuerte financiamiento para cosechar a gusto los frutos que resulten. En este caso, habrá nuevos amos, algunos como El General Cárdenas, más o menos bonachones, más o menos generosos que repartirán algún beneficio al populacho, mismo que durará hasta que otros nuevos amos no tan dadivosos se los arrebaten de una y mil maneras. Salinas por ejemplo, le dio para atrás al reparto de tierras cardenista. Fue el estoque final, porque el resto de los presidentes después de Cárdenas ya habían condenado a muerte al ejido al abandonarlo. El México de este siglo y el planeta entero son testigos del retraimiento de los logros populacheros (salarios, condiciones de vida, oportunidades, empleo, etc. etc.)
Pero hay otra izquierda, más pragmática, más hecha al sistema del que es producto. Esa izquierda que es la inmensa mayoría de la izquierda militante lucha en nombre del pueblo pero persiguiendo el beneficio personal. Esa izquierda se va a acomodar a lo que venga y solo desaparecerá si en el nuevo orden está de más, tal cual desaparecieron los partidos satélites (PFCRN, PPS, PARM, PRT, etc.). Esta izquierda leal al sistema solo triunfará si, como los bolcheviques, logra sorprender a la derecha en alguna coyuntura favorable, tal cual hizo Lenin. De ser así, ya la URSS nos modeló lo que podemos esperar: Una burocracia maniaca, ávida de poder y de dinero. Pero al parecer esa burocracia sería pasajera, porque ya demostró la URSS su inviabilidad, por lo que habría que esperar alguna sorpresa. Lo que está prácticamente amarrado con la izquierda leal es la continuidad del poder tutelar en cualquiera de las modalidades que puedan ocurrir. Esto ya lo mostraron China y la Rusia contemporáneas, en las que cambiaron muchas cosas menos la concentración del poder en pocas manos, con todo lo que resulta en explotación del hombre por el hombre y en el reparto desigual de la riqueza.
Si como es previsible, la derecha sale triunfante de la revolución (cualquiera de sus facciones), puede esperarse desde un retorno a la edad media hasta la más delirante de las sociedades descritas en la ciencia ficción. Ya hoy vivimos un mundo que nos recuerda al “Mundo feliz” de Huxley y al “1984” de Orwell juntos.
Vale adelantarse a los resultados de la revolución que viene porque no es de esperarse que cambie la situación de explotación e injusticia social que vivimos. El sistema capitalista es el resultado de un atractor que hace viable la vida con todo y sus injusticias. Ese atractor que dibuja el sistema capitalista surge del caos del derrotero histórico. Cierto que dicho derrotero ha sido empujado por ricos y poderosos y a veces por las masas. Pero hasta hoy no se ha encontrado, fuera de los delirios teóricos y las utopías, una forma de vida fuera del poder tutelar.
Pueblos nilotas, del matogroso, de Islandia y de aridamérica han tenido formas de vida fuera del poder tutelar, pero en todos los casos fueron barridos por sistemas fundados en el poder tutelar y, los que persisten, lo hacen como una curiosidad más bien didáctica. Esto último se oye un poco cruel, pero hay que recordar que en donde ya no son curiosidad, están siendo eliminados, acosados o absorbidos como en el caso de la selva brasileña.
Sistemas fundados en el poder tutelar han sido sumamente eficientes para la vida. En ellos ha prosperado la humanidad hasta rebasar los siete mil millones de humanos. Esto que para la vida es un éxito, es a la vez una amenaza, ya que la tierra no es muy grande y no hay alimentos, ni agua ni otros recursos para un número infinito de humanos. El éxito del sistema nos lleva al despeñadero.
Ese suicidio de la raza humana es la única posibilidad que tenemos de que se acabe la época del poder tutelar y con ella las injusticias que produce. Pero también será la pauta de los nuevos horrores. Hoy hay clara consciencia del exceso de humanos por lo que es de esperarse una revolución genocida gánela quien la gane. Los nazis ya ensayaron el genocidio, los turcos también y los EU han hecho experimentos exitosos en sus guerritas y en Hiroshima y Nagasaki. Gobiernos menores también tienen su mérito. Ahí están los chilenos de Pinochet y los gorilas de la Argentina. A nivel mundial hay una vasta experiencia exterminando humanos, pese a que no existían motivos tan altruistas como salvar a la especie de sus excesos El genocidio en la revolución que viene parece una acción de rutina, justificada y quizá hasta bien vista.
Cuando el sistema se desajuste por causa de la revolución, previsiblemente escasearán los alimentos y el agua. Los alimentos por la producción fabril hoy utilizada, que es la única manera de alimentar a la sobrepoblación humana. El agua faltará por los desajustes en la industria. Si ya hoy falta el agua, la falta de atención y equipamiento agravará el problema. Ya se mira el apocalipsis, nada que no haya ocurrido en la revolución. Contaba mi abuela que, durante la revolución mexicana, se comían las suelas de los zapatos y que las mujeres “para echar tortillas” tenían que medio ahogarse en cuartos cerrados a fin de no atraer revolucionarios que les quitaran el poco maíz y tortillas que tenían. Así que a la hambruna se sumará el genocidio. A las muertes “naturales” producto de la hambruna, se sumará el asesinato deliberado.
Es muy posible que la revolución no comience mediante un estallido, sino que posiblemente ocurran algunas revueltas planeadas para justificar la escasez. Se provocarían enfrentamientos entre sectores de la población y se ocultaría el genocidio. Quizá los gobiernos acuerden algunas guerras para infringirse bajas hasta que toda esa mascarada se salga de control y ocurriese la esperada revolución.
Lo importante, en todo caso, es entender que todo cambio que no ocurra desde las profundidades de la sociedad y de la percepción humana, solo será genocidio, hambruna y nuevos amos con sus delirantes caprichos de poder. La revolución que viene, cualquiera que sea su signo y justificación será en perjuicio de las mayorías. Pero por desgracia parece que las revoluciones son una de las consecuencias lógicas de los sistemas de poder tutelar. Este catastrofismo ingenuo yo mismo deseo que solo sea delirante. Ya habrá quien diga que no toda revolución es perniciosa. Eso no solo lo creo, también lo deseo.
Este panorama apocalíptico y genocida puede ser o no. Aquí lo importante es destacar que dada su ocurrencia solo las comunidades autonomistas tendrían alguna posibilidad de sobrevivencia ya que serían las más capacitadas para autoabastecerse y autodefenderse. Pero nadie debe espantarse, esto es pura teoría y, por tanto, puro chorizo en favor de la creación de comunidades autónomas.
Enero del 2013
Jorge Luis Muñoz