Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

¿A dónde vamos?


Muy de moda se ha puesto entre la izquierda y demás contestatarios, además de algunos pensadores de derecha la pregunta de ¿A dónde vamos? una vez que fracasó el socialismo y que el capitalismo se está desplomando. Rusia nos ha puesto el ejemplo claro de que tal pregunta es la pura ingenuidad. Las clases en el poder tienen claro a donde van, aunque les gustaría conocer los detalles. Van precisamente como en Rusia, a donde no pierdan el poder. Si para ello deberán ser socialistas, anarquistas, etceteristas no importa, el chiste de a dónde van es que no van a dejar el poder. El resto son detalles que llenarán con un buen guionista.
El problema no es pues el adonde del sistema, sino a donde queremos ir nosotros transitando por una vía que no reproduzca la diada de dominadores y dominados. Ni Marx ni los utopistas del siglo XX podían saberlo, pero hoy sabemos que un sistema se agota en la percepción y justamente el capitalismo, que teniendo como base una revolución permanente en todo orden, revoluciona también la percepción manteniendo entretenida a la gente, dándole sueños de opio como desprendidos lógicos de esa percepción. Pero la revolución de los sentidos ha concluido. Se podrá derivar hacia un sistema de castas, uno monárquico o de cualquier orden despótico. De hecho, ya estamos en sistemas despóticos en los que solo perteneciendo a alguna familia real (de cualquier ismo u orientación) se puede llegar a las cumbres del poder. El resto de la humanidad es parte de la servidumbre más cercana o más lejana a cualquier miembro de la clase divina o alguno de sus segundones.
Las clases en el poder podrán compartir poder, pero no dejarlo. Toda una cosmogonía está detrás de ellos y mientras no se cultive otra forma de ver el mundo, otra subjetividad, no se podrá abandonar el paradigma del poder. Ya Guattari adelantó que la producción de subjetividad es incluso más importante que la producción de productos tan importantes como el petróleo, por ello es de esperarse que se sigan produciendo más y mejores subjetividades que apuntalen al poder.
Una nueva revolución tendrá que tomar cabezas de playa en donde pueda generar una subjetividad capaz de competir con la del sistema, pero no podrá crearse tal subjetividad si no se cuenta primero con un soporte material y este, no será financiado por el sistema. En su momento Gramsci previó que la guerra contra la burguesía tendría que ser de trincheras. Hoy son otros tiempos, pero parece que las trincheras de que hablaba Gramsci son los territorios autónomos capaces de autosustentarse, capaces de que su producción de subjetividad no dependa del sistema.
De nueva cuenta, los barones del poder podrán construir un mundo que les acomode, ahora que el sistema luce agotado. En contraparte no parece haber fuerza alguna capaz de construir un mundo competitivo como el que construiría el poder. La izquierda sigue atascada en la marcha, el mitin, el plantón y la protesta, otras fuerzas apenas aparecen en el mapa de la política o de la sociedad civil o aparecen dispersas (ambulantes, torteros, chicleros, taxistas, etc.). Ahora que debería iniciarse la construcción de islotes de autonomía no parece nadie querer ni poder hacerlos. ¿Herencia genética, imposibilidad neural de imaginar la autonomía, mera corrupción de valores, desarrollo natural hacia una sociedad de castas? Difícil saberlo

Jorge Luis Muñoz
Mayo 3 de 2009