Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

El amo como dotador de Unidad y coherencia


El amo da unidad, el amo permite coherencia, por eso todo gira en torno al amo. De otra manera los esclavos vuelan sin rumbo muchas veces hacia su propia ruina. Lo malo de esto es que no a todos cae la unidad que brinda el amo, y el amo para serlo no puede permitir la dispersión, vamos, ni un solo pliegue que de matices a la unidad que brinda.
Se pueden tolerar ciertos pliegues, pero siempre y cuando no contradigan la unidad esencial que aporta el amo, de hecho, solo se tolera aquello que fortalece al amo, el resto es eliminado, segregado o nulificado, aunque estos últimos solamente si contienen cierto potencial para ser reciclados. ¿Quién determina si algo puede ser reciclado o no? Nadie, sino su composición rizomática que lo adhiere al sistema. De esa manera la izquierda aunque extraña al sistema, conserva raicillas múltiples que lo atan a este y que ayudan a su sostenimiento. La izquierda es la consciencia del sistema y como tal opera en su sostenimiento. El anarquismo es la superconsciencia del sistema, pretende estar radicalmente contra este, pero solo es la ensoñación del mismo. Reduce el problema del sistema a un problema de poder y dominio, al problema de la libertad. Pero estos son constructos sostenidos por el sistema, por lo que la extrapolación anarquista no es otra cosa que el sistema ensoñado.
El amo es para ser odiado o amado, de ahí su papel como referente para que individuos y colectivos encuentren el necesario equilibrio biológico para subsistir. Ese equilibrio sostén de la vida se intenta alcanzar mediante el amor, la autoestima, la guerra, etc. Los orientales lo intentan mediante la meditación que resulta sumamente eficiente pero que no alcanza a competir con la voz del amo. La meditación para ser eficiente se pierde en el individuo y resulta naturalmente incomunicable. Solamente la voluntad de captar lo que es la meditación puede llevar a ella. La meditación antes de darse, es fe, pura fe. Es exactamente lo que ocurre con el amo, para amarlo hay que tenerle fe. Por eso los amos son solitarios, porque cuando se les conoce rápidamente se les ubica en su vulgaridad y son abandonados.
El amo para ser amado o al menos respetado o tenido en consideración, no requiere de ningún esfuerzo extraordinario de fe como lo pide la meditación o experiencia interior, con ofrecer un botín, un puesto burocrático, algún lujillo e incluso la posibilidad de una vida medianamente satisfecha, tiene para dominar. Todo girará en su entorno mientras sea capaz de dar esos mínimos, que por cierto él no los da, pero aparece como si lo diera.
Si los esclavos se levantan, no es por su descontento con el amo, sino porque captan la inestabilidad de su situación. El descontento perenne de los burócratas y las clases medias se debe a que viven instaladas en el terror de cuándo los correrán o cuándo perderán sus canonjías. Todo esto agregado a que muchos aspiran al papel de amo, por eso la democracia ha triunfado pese a ser una farsa. Reparte trozos de poder, mimipapeles de amo que permiten acallar cierto descontento. La raíz de este desmade es el imperativo biológico de subsistencia desatado en la masa cerebral como un concierto caótico de impulsos nerviosos sin más orden o concierto que lo que el instinto guía. O sea, los cúmulos neurales dominantes por donde necesariamente pasan los impulsos neurales más frecuentes y que, precisamente, son los que sostienen la vida, tales como el cerebelo, la medula oblonga instalados en el tallo cerebral y que sostienen las principales funciones vitales del cuerpo a fuerza de ser continuamente activadas.
Esta historia comenzó hace unos 70 mil años, cuando el hombre separa la realidad de su vida mediante representaciones. Comienza entonces la carrera por ocupar la imaginación humana que cobra gran fuerza en nuestros días. Antes de esas representaciones enajenantes, el hombre vivía acoplado perfectamente a la naturaleza de la cual había sido producto. Podría decirse que de hecho no había tal acoplamiento, sino un funcionamiento en unidad. No hay desde luego ningún accidente, fue solo que en sus posibilidades de despliegue el cerebro creció creando a su vez posibilidades de corridas neurales que escapaban a las rígidas secuencias animales producto de millones de años de permanencia. Se pierde el centramiento y empieza la carrera del amo y múltiples intentos por establecer algún orden coherente de corridas neurales que ayuden al sostenimiento de la vida. En Mesoamérica se sabe que ese orden se buscó mediante el otorgamiento de la preeminencia a los cantos y a las flores, sin menoscabo de ayudas como la guerra florida, los sacrificios y la definición colectiva del ser.
La definición colectiva del ser fue y es un ejercicio de centramiento que excluye al  jefe, al amo por razones obvias. Ha sido tan eficiente como el sistema del amo, pero ha hablado mejor este por su eficiencia tecnológica. De nueva cuenta, el amo tiene posibilidades de innovación mediante los hilos que le quedan sueltos, o sea los inconformes en espera de ser reciclados en beneficio del sistema. Por esa vía el amo se renueva mientras que la dictadura del colectivo es más lenta y depende más del accidente, del salto o del surgimiento de alguna singularidad de entre la capa homogénea que es el colectivo. Ese brote maligno, ese tumor puede ser extirpado (lapidado, asesinado, etc.) mucho antes que pueda convertirse en posibilidad de cambio de un colectivo.
¿Cómo funcionar en torno a un referente sin que surja el despotismo? ¿Cómo referenciar la actividad neural (y por tanto la actividad y la imaginación) en un colectivo sin que devenga el anquilosamiento? ¿Cómo lograr un referenciamiento en donde quepan mil mundos? El capitalismo lo ha logrado pero a costa del despotismo y una gran ineficiencia que mantiene a la mayoría de la humanidad en la pobreza (referentes que atentan contra la vida). Por ello el capitalismo se ha convertido en un volcán que amenaza con destruir la propia existencia.
Referenciar al individuo, darle identidad sin anquilosarlo en la cultura o en la subjetivación de los grandes poderes, es la misión contemporánea del hombre.

Jorge Luis Muñoz
Junio 16 de 2011