Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

El hacendado como prototipo de hombre


La fusión del déspota europeo y el cacique mexicano dieron con el hacendado.


…No tengo trono ni reina
Ni nadien quien me comprenda
Pero sigo siendo el rey
José Alfredo Jiménez


Si el hacendado se convirtió en el prototipo de humano para el mexicano, esto no se debió a la pura imitación, sino al hecho de que el hacendado es la fusión del déspota europeo y el señor indígena. Del déspota europeo hereda el carácter absolutista de su poder, del señor indígena hereda su carácter divino.
De esa manera el hacendado es el soberano europeo poseedor de un poder absoluto sobre sus dominios a la vez que es una deidad tal y como los indígenas se ejercían al incorporar las esencias de los dioses a sus cuerpos, sustancias que se encontraban en los corazones de los guerreros y en los productos que los dioses brindaban al hombre mediante la naturaleza. Un hacendado era un déspota divino, no un descendiente de dioses, sino uno más del panteón de dioses que poblaban la cosmogonía indígena.
En efecto, de acuerdo con López Austin, las sustancias de los dioses permeaban las cosas y por vía de la ingesta los indígenas incorporaban sustancias divinas a sus cuerpos. Es por ello que los sacrificios humanos habían tomado asiento natural entre la población indígena, por más que se hubiese llegado a excesos. Los corazones de los guerreros eran devorados en un ritual de incorporación divina al cuerpo huésped.
Pero no solamente los sacrificios humanos dotaban de esencias divinas a los indios, los dioses del maíz dotaban de ese alimento a los mesoamericanos y con él venía la esencia de esas deidades. No había un solo dios del maíz (ni de otros elementos), sino que había varios. Cada comunidad podía adoptar una deidad que se convertía en su protector, esa deidad habitaba, según su naturaleza, alimentos, cosas, sembradíos, etc.
Los dioses mesoamericanos suman miles, al menos unos dos mil, su proliferación se debía al carácter autónomo de las comunidades, lo que propiciaba el omniteismo o panteísmo que cita León Portilla. Las esencias de los dioses incorporados a los cuerpos indígenas los divinizaban, no como en el caso de los soberanos europeos que se asumían divinos por herencia o descendencia. Los mesoamericanos eran dioses por contacto y así se ejercían.
Una cifra conservadora ubica a la población indígena precolombina en unos 16 millones a la llegada de los españoles, lo cual hace que no sea exagerado el número de dioses del panteón indígena. La existencia en Mesoamérica y Aridoamérica de pueblos autonomistas es un indicador de la proliferación de dioses, cada pueblo adoptaba a la deidad que le era favorable. No había un poder central que impusiera uno u otro dios, ni los propios mexicas pudieron hacerlo, de hecho tenían culto por un panteón extenso que incluía dioses propios y extraños. En el templo mayor había al menos una habitación dedicada a un conjunto de dioses, y  estaba  cercana a los templos de Tlaloc y Hitzilopochtli, lo que hacía que tales dioses no resultaran tan ajenos.
Estos caracteres se heredan en la colonia. La iglesia se vio precisada a retomar parte de la cultura indígena y en la etapa independiente la cultivó como forma de dominación. Es hecho sabido que los españoles compartieron el poder con los señores indígenas y que gracias a ellos, y a las devastadores pestes que aniquilaron a la mayoría de la población, fue que España pudo dominar a las principales naciones mesoamericanas. La participación indígena en el poder afianza al poder del hacendado en el proceso de mestizaje.
Ya para la etapa independiente del México decimonónico, el hacendado es incuestionable en su territorio. En esta etapa nace el hacendado ya con una personalidad e independencia propia. Ya no depende del soberano español. Sin ser nombrado rey actúa como tal en su hacienda. Su poder llega a ser tan grande, como en el caso de Antonio López de Santa Anna que puede financiar revoluciones para impulsarse en la política.
El hacendado mexicano se transformará en el político paternalista (macho, todopoderoso y benévolo) que fundará a los partidos políticos oficialistas (PRI, PNR y PRM) que durarán más de 70 años en el poder y que amenazan con volver en el 2012. Todavía en la actualidad la figura del hacendado tiene vigencia pese a que sus principales émulos han desaparecido. María Félix, Jorge Negrete, Jose Alfredo Jiménez y Pedro Infante ya no están para recordarnos que somos muy machos y que todo lo podemos, pero el hacendado ahí seguirá mientras que un nuevo prototipo de hombre se cocina entre el intelectual, el empresario y el héroe sin capucha. No tendremos trono ni reyna, ni nadie que nos comprenda pero seguimos siendo reyes

Abril de 2010
Jorge Luis Muñoz