Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

Nuestra Era

Vivimos la era del poder caracterizada por el estímulo de la imaginación. Se cede el poder propio por mendrugos de imaginación. Esta era habría comenzado hace unos 70 mil años con la aparición de las pinturas rupestres que inauguran la realidad representada. Pero no es sino hasta hace unos diez mil años, con el comienzo de la agricultura, que la era del poder  emerge en todo su potencial con el manejo del prestigio.
Las famosas revoluciones como la que acurre ahora en Egipto, no paran sino en versiones más o menos sofisticadas, más o menos diferenciadas de la misma enajenación del poder encarnada en el estado. El poder como sistema.
La era del poder casi es planetaria, con excepción de algunas tribus en el África y en Sudamérica y en una que otra porción planetaria, el poder como estado dominado por unas pocas pandillas es el que domina el panorama mundial. Esto lleva menos de mil años. De hecho podríamos decir que no es sino hasta el advenimiento del capitalismo que el poder se hace mundial. Antes del capitalismo el gran poder despótico conocido se ubicó en China, en donde el despotismo data de más de cuatro mil años. Fuera de ese país, el poder enajenado se localizaba por manchas planetarias como Mesopotamia, Mesoamérica y el Perú. El resto del mundo vivía otra era, una mucho más antigua en la que el poder solamente se concentraba en acciones colectivas como la guerra o las obras públicas.
Sin embargo, habría que admitir que la principal presencia del poder no enajenado continua apareciendo en la cotidianidad, manifestándose mediante líneas de fuga que tienden a desestabilizar a sistemas bien consolidados con poderes perfectamente  enajenados en el estado. Esos poderes que podemos llamar de fuga, son presencias del pasado, remanentes de un tiempo pasado muy largo muy posiblemente más largo que esta era. Esa manifestación no enajenada de poder viene al parecer integrada en nuestro cableado neural, de ahí su sobrevivencia. En cambio la plena madurez del poder despótico es muy reciente y apenas estaría integrándose como herencia genética, por lo que estaríamos padeciéndola en tanto acaba de sofisticarse.
No parece haber manera de saltarse esta era de poder, al revés lo que sí parece es sofisticarse aún más integrando elementos más bien propios de la anterior edad, como parece ser la figura de la democracia que nada tiene de demo pero si mucho de cracia. Los modelos despóticos que mejor integran elementos de la anterior edad son los que mejor sobreviven en esta era, pero no parece que por ello se vaya fuera del despotismo, antes bien nos dirigimos en el sentido de su sofisticación.
De la edad en que los pueblos compartían sus colectivos se pasó a colectivos rondando a un poderoso. Es esta la edad de círculos de círculos que asemejan una configuración cósmica tendiente a concentrarse en derredor de un gran poder mundial. Se tienen desde pequeños sistemas solares hasta galaxias y cúmulos de galaxias. Se gira en torno al líder el que a su vez gira en torno un líder mayor y así sucesivamente. No existe la posibilidad de participación social si no es a través de uno de esos círculos que están acotados a lo que diga el líder, ni existe posibilidad de ningún rumbo distinto al que el líder establezca. Toda acción gira en torno a conseguir ser líder, a concentrar poder. Se persigue al poder por el poder mismo o la dádiva que el líder pueda otorgar, directamente o por su intermediación o influencia.
Un líder es un sol, un partido u organización, una galaxia. En ese cosmos no falta el hoyo negro del sinvergüenza que solo busca beneficios personales o la enana blanca que resplandece de ingenuidad.
¿Es posible pasar a otra era? Desde luego, en su momento aunque ahora no se tenga a la vista. Es cosa de buscar. Si esta era está dominada por la imaginación tutelada, ahí en donde todo es posible, habría que ensayar la experiencia interior como función dominante, en donde la imaginación tutelada ya no es la dominante. Habría que intentar salir de la palabra y del concepto para dar paso a la intuición, a la premonición y a la experiencia interior.  Quizá abandonando el pensamiento se abra otra vía que desde luego no puede ser la oriental, ya que allá los déspotas aprendieron del camino espiritual para dominar. Habría que abandonar también ese camino para concentrarse en los hechos, que mediante los hechos se entrelazaran las vidas. Oriente nos muestra el grado de sofisticación que ha alcanzado el despotismo, por lo que nada garantiza que lo que se intente no sea en provecho de la concentración de poder.
Lo que sí parece seguro es que el advenimiento de otra era iniciará como inició esta, mediante un inocente dibujo en una caverna y miles de años de crecimiento y maduración. ¿Sabía el cavernícola que su dibujo iniciaba una era de poder? ¿Las cuatro reglas del Tao de hace apenas unos cuatro mil años y el avance de las neurociencias moderno, han inaugurado lo que vendrá?
Las neurociencias apuntan hacia el encierro del hombre en su propia mente. Ya hoy solo se mueven ojos y manos frente al computador, de ahí al encierro en la mente no hay mucho trecho. Ya no parece ser suficiente que nos encierren en nuestro propio cuerpo. El narciso será superado por el “ente”. Por suerte ni los orientales han podido ser encerrados pese al amplio desarrollo de la meditación como fenómeno “aislado”, lo que da pie a algunas esperanzas, estas andarían por el desarrollo conjunto del pensamiento, la intuición y la experiencia interior.

Jorge Luis Muñoz
12feb2011