Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

Los peleles del sistema

En un documental en el que se narra la intervención del congresista estadounidense Charly Wilson en la guerra de Afganistán, se ilustra muy bien el juego del sistema y como éste atrae a toda clase de lacayos, idiotas y sinvergüenzas.
Todos sabemos que mediante el empleo burocrático o dependiente de gobierno se logran adhesiones al sistema, pero la paga llega a generar descontento, por lo que difícilmente se puede encargar a estos empleados tareas que no sean rutinarias y más o menos fáciles. El sistema se beneficia ampliamente de la ejecución de estas tareas porque son el soporte del mismo. Eso permite que puedan ausentarse dirigentes, directores, etc. y que el sistema pueda funcionar “solo” incluso por un tiempo considerable. El sistema funciona por inercia más allá de lo que solemos imaginarnos. No solo los burócratas lo sostienen, sino aún la misma gente sostiene al sistema sin necesidad de dirigente alguno.
El funcionario es el otro gran sostenedor del sistema.  El funcionario normalmente no se ocupa del funcionamiento del sistema, ya que este lo hace por inercia. La preocupación del funcionario es orientar al sistema hacia sus propios intereses y hacia donde conviene a los intereses que lo cooptaron y que le sostienen, lo cual hace mediante la aplicación de las llamadas políticas públicas. En primer lugar, el funcionario y su correlato independiente, el líder, para seguir siendo sostenidos por el sistema, deben ser capaces de captar puntos de tensión y conflicto dentro del sistema o que estando fuera de él, pudieran afectarlo. Enseguida deben saber implementar soluciones de todo tipo, desde la simple manipulación y mediatización hasta el uso de dinero y programas asistenciales, dentro de los cuales destacan los generados por  los poderes centrales (empleo, obra pública, etc.).
El burócrata es un mero ejecutante, un sicario del sistema que solamente sigue órdenes a la usanza de los antiguos mercenarios. En rigor, el burócrata o empleado dependiente del gobierno es el mercenario moderno o el sicario anónimo al servicio del sistema. Esto puede parecer una exageración, pero ¿acaso el empleado gubernamental se tienta el corazón al realizar un embargo o cobrar impuestos que dejan en la calle a la gente? ¿No acaso el muerto por hambre está tan muerto como el muerto asesinado por un sicario?
El funcionario ya no solo ejecuta órdenes, él ya es un líder. Debe ser creativo, propositivo y eficiente. Pero eso no basta, debe ser un perro fiel. Normalmente suelen ser pendejos con iniciativa, idiotas, cínicos y ante todo, serviles. El pendejo con iniciativa del tipo del científico, suele creerse que trabaja por el bien de la humanidad y se lo autodemuestra cotidianamente. Esta clase de pendejos cuando les llega a caer el veinte de su triste situación suelen volverse un tanto cínicos y justificarse en su familia o en la imposibilidad de otras posibilidades.
El funcionario idiota simplemente hace su trabajo porque así se lo mandan o porque así se requiere. No se pregunta por nada, no se conflictúa, simplemente trabaja lo mejor que puede. Estos idiotas son los idolatrados del sistema, los que tienen estatuas en algún instituto o aparecen en las páginas secundarias de los libros de texto. Suelen evocarse para impulsar políticas públicas, para publicitar al gobierno, para satisfacer ciertas necesidades de héroes emergentes y casi para todo lo que se necesite de un idiota destacado por su eficiencia.
El funcionario o el líder cínicos suelen ser más folclóricos, se lanzan contra el sistema pero se meten a negociar en lo oscurito. Una vez intervenía yo en una reunión para modificar los estatutos del PRD, evidentemente nadie me hizo caso, ya se había negociado lo que se reformaría, pero yo, un mucho idiota, no me percaté de eso. Estaba yo en lo mejor de mi intervención proponiendo que los representantes populares debían comprometerse por escrito y que si no cumplían que el partido los expulsara, cuando del fondo surgió una voz que afirmaba “ese quiere hueso”,  no era yo ni líder ni funcionario, así que lógicamente debía estar buscando hueso. Me hice el desentendido y me guardé la lección.
Los funcionarios o líderes cínicos suelen ser expertos en todo. Alguna vez, un miembro del PRD, líder de comerciantes, llevó a unas mujeres gruesas y agresivas  a cerrar la delegación de Xochimilco, serían unas dos o tres docenas de mujeres muy fieras que gritaban consignas parientes de las de democracia, justicia y libertad. Su líder, perredista como los que estaban en el gobierno local y estatal, con una firmeza a toda prueba exigía entrevistarse con el delegado. Le corría fama de borrachín y corrupto, no obstante, tiempo después apareció como director del hospital infantil siendo un simple maestro normalista. Para esto ya había pasado por varias oficinas, de las cuales no tenía ni idea y ni falta que hacía. Al cínico no le importa hacer el ridículo con tal de permanecer en el poder.
¿Hay algún funcionario que no sea pendejo con iniciativa, cínico o idiota? Al parecer la lucidez está peleada con el poder. El poder no necesita a nadie lúcido, al revés, lo  lúcido estorba. Así pues, solo hace falta cierta eficiencia al servir al sistema y una lealtad probada en hechos, servida a quien sostiene al funcionario en el poder. No obstante esa certeza, pudiera ser que en algún rincón del sistema yazca algún funcionario ajeno a esos epítetos. En desagravio hay que aclarar que si bien es cierto que funcionario es sinónimo de pendejo con iniciativa, cínico o idiota, a la inversa esto no se verifica, en tanto que tales propiedades le vienen por su filiación al sistema.  Al contacto con el sistema una persona honesta torna imbécil, si no lo hiciera no cabe en el sistema y si se llegase a colar conservando su honestidad, o es expulsado o renuncia. De manera similar, una persona lista, inteligente, operando para el sistema se vuelve cínica, ya que percibe injusticias, corruptelas, abusos, crímenes, masacres, etc. y debe callar si es que quiere conservar su puesto. Por otra parte, las personas activas al contacto con el sistema se hacen torpes porque su iniciativa debe responder al que lo puso, por tanto deben convertirse en verdaderos pendejos con iniciativa, funcionarios que proponen planes de gobierno, que se saben los procesos burocráticos al dedillo, consejeros, etc. Son toda una pléyade de pendejos por obligación, no por naturaleza. No es el poder el que corrompe, es el sistema, es la propia estructura del sistema la que vuelve infame a la gente.
Pero funcionarios y burócratas son piezas menores en el juego del poder, piezas mayores son los tipos como Charly Wilson que aparecen como Altos Funcionarios. Estos también suelen ser del tipo de los funcionarios idiotas como Bush hijo, pendejos con iniciativa como el tal Charly o cínicos como Kissinger. Este tipo de políticos suelen ser los “grandes líderes”, en tanto que mueven destinos de países e incluso planetarios. Aparecen como dotados de inteligencias brillantes, astucias supremas y son los que pueblan nuestros panteones de héroes, verdaderos dioses invocados una y otra vez en el sistema.
Estos héroes y personajes aparecen como sostenidos por el pueblo, por su propias habilidades o por su propio poder. La historia de Charlie Wilson nos muestra que no es así, que son tan lacayos como cualquier funcionario de medio pelo, de ahí que se comporten de forma idéntica. En el documental de referencia basado en el libro del mismo nombre, Charly aparece como el héroe que ganó la guerra de Afganistán y prácticamente la guerra fría. En el documental no se menciona para nada los intereses petroleros en Afganistán ni los intereses de la industria de guerra estadounidense, que podemos inferir que eran los verdaderos sostenedores de Charly. En efecto, en la elección del 83 se menciona que Charly iba perdiendo, y ya se iba a declarar derrotado cuando de pronto la tendencia cambió y acabó ganando su elección y con ello su lucha por armar a los rebeldes afganos que combatían a los rusos. Su caso recuerda al fraude informático que hizo Calderón en México, en donde contra toda lógica se revirtió la tendencia de la votación.
Ese caso y otros más recientes (como el del caso de Jeff Bush en el estado de Florida), evidencian que desde hace mucho se sostiene a congresistas y políticos en general que resultan útiles a los factores de poder, los cuales inyectan dinero para revertir tendencias o para crear personajes y héroes o de plano manipular resultados electorales.  En el caso de Charly es apenas obvio que la industria de la guerra lo sostuvo (logró la fabricación y venta de los misiles que derrotaron a los rusos) en conjunto con los intereses petroleros (promotores de ductos petroleros afganos). De ahí que los congresistas norteamericanos se perpetúen en sus puestos al igual que nuestros políticos que saltan de una diputación local a una federal y de ahí a algún gobierno o al senado y, si ya no dio para más, se mantienen como funcionarios en los puestos más inverosímiles.
Las declaraciones de Charly en torno a su gusto por el alcohol y las mujeres y a su odio contra los rusos lo hacen aparecer idiota. Quiere pasar por patriota pero la verdad es que su interés anda en el placer. Pronto encuentra patrocinadores que lo perpetúan en el congreso pese a los escándalos que protagonizó y a su mala fama pública. Charly fue un buen pendejo con iniciativa que incluso jugó al cínico y ahora se busca investirlo de héroe para el consumo popular y la generación de ganancias.
Los grandes poderes que actúan en el planeta y que pueden hacerlo solos o aliados son, entre otros, la industria de la guerra, la de alimentos, la del petróleo, la informática, la financiera, los conglomerados comerciales, los media y las cadenas mundiales, sin dejar de mencionar la industria del narco y del crimen organizado. Estos factores de poder son los verdaderos patrones de los héroes y de nuestras luminarias, son los que los hacen grandes, famosos, ricos o poderosos. Estos factores de poder llegan a enfrentarse o a aliarse persiguiendo sus intereses. Ese famoso que conoces, ese líder, ese artista o ese personaje no es más que un pelele de los poderes que lo sostienen.
A esos poderes es a los que hay que hacerles contrapeso, aunque sin definirse en referencia a ellos. Los políticos y los personajes solamente son lacayos.

Jorge Luis Muñoz