Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

Todos somos pendejos

(una forma sutil de control)

El modo de dominación practicado en México (que tiene su origen en la colonia) integra un elemento  clave: todos somos pendejos. No es pendejo el gobernante ni el rico ni el famoso. El  prototipo de tipo listo es el gobernante. Ser rico es consecuencia de ser gobernante o de estar muy cerca de él, por tanto, ser rico es ser listo y mucho más. Por su parte, la celebridad ,el famoso, es listo por contagio, por su cercanía con el gobernante y el rico. El resto, somos pendejos.
Ser pendejo nada tiene que ver con ser tonto o estúpido, sino con la necesidad de avasallamiento que tiene el sistema, un sistema que, desde luego, no tiene vida propia, sino que discurre como un dejar hacer dejar decir en tanto se favorece un estado de cosas que permite la concentración de riqueza y poder en ciertas manos, limitando o excluyendo al resto de quienes participan en la formación de riqueza y sustento del poder (o sea al resto social)

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Es tan eficiente el mecanismo del pendejismo que nos pasamos la vida demostrando a todos y a nosotros mismos que no somos pendejos. El dicho aquel de que es mejor aceptar ser pendejo que demostrar no serlo parte de ese hecho y propone un buen remedio ante una estrategia que sobrecodifica nuestra conducta
Al estar tan entretenidos en no ser pendejos, el resto que no practica tal disipación juega a manos libres.

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Pero el pendejismo alcanza también a ricos y poderosos, pero ellos se saben bendecidos por dios, por la suerte y por su  superior naturaleza humana; razón por la cual su pendejismo discurre muy atenuado, mostrándose solamente en momentos de crisis.

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El pendejismo está dentro de nuestra cultura, dentro de nuestra subjetividad e induce conductas como la del deber y la del bien y el mal. Cumplir con el deber disculpa al pendejo. No es pendejo aquel que actúa de acuerdo con lo que debe ser, tampoco lo es quien cumple con su deber. Quién actúa bien o que en cumplimiento del deber falla, no es pendejo. Se actúa bien y si se falla se hace en función del deber, por ello no hay gobernante ni líder pendejo.

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También se escapa al pendejismo mediante la astucia que lleva a pequeñas pillería o actos cínicos mediante gracejadas al estilo Cantinflas. Se puede ser pendejo de manera abierta y cínica siempre y cuando se sea gracioso.

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También se puede ser pendejo legítimamente siempre y cuando se ostente algún título de poder, se ostente cierta riqueza o celebridad. De esa manera Octavio Paz no pasa por pendejo en el Laberinto de la soledad, sino como auténtico pensador. Estos pendejos lo son auténticamente, pero lo son en secreto, secreto que ellos mismos guardan celosamente con la complicidad del resto. Si admitieran su pendejismo no pasaría nada, pero el sistema quedaría tocado al perder esos pendejos su aura de infalibles.

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Todo sirve para demostrarle a la gente que es pendeja. El pendejo es pendejo como parte de sus características personales y por eso comete pendejadas. No es que haya tenido un desatino o error, no, sino que es un pendejo. Falla por pendejo, por inferior o por impotente,  entre otros epítetos filiados al pendejismo, no por un error natural, coyuntural, circunstancial o intrascendente.

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El indígena se sabe pendejo y el pobre también. Como tales actúan para defenderse. Saberse pendejo, reconocerse como tal ha sido un formidable mecanismo de defensa usado por todos.
No hay tal sensación de ser un hijo de la chingada. Hay solo un mecanismo de defensa que Paz no supo interpretar.

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El pendejo se defiende echando mentiras, haciendo afirmaciones temerarias, haciéndose el gracioso o simplemente agachando los cuernos. Todo vale menos la aceptación de ser pendejo o permitir la evidencia de serlo. Aceptar ser pendejo es aceptar ser vejado, agredido o excluido de asuntos importantes para la vida. Nadie contrata a un pendejo, a estos solo se les explota. O sea el grueso de la población somos los pendejos del sistema. Rehuir al pendejismo es la forma más económica de control y sumisión.

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El pendejismo es una trampa doble: si se acepta ser pendejo, entonces se acepta la humillación y todo lo que es legítimo hacerle a un pendejo. Si se le rehúye se queda atrapado en la huida. No obstante, un buen remedio ha resultado el “hacerse pendejo”, ese juego de espejos mediante el cual se evade la etiqueta de pendejo sin tener que ocuparse mucho de ella.

Jorge Luis Muñoz
Agosto de 2010