Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

El sistema

El sistema

Generalmente los diccionarios definen sistema así: Conjunto de reglas o principios sobre una materia racionalmente enlazados, o como conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto. Los términos utilizados de inmediato delatan que sistemas solo hay uno: el nuestro. Esto es así en tanto que se habla de entrelazamientos racionales y de reglas, lo cual no existe fuera del hombre, entendido que el único hombre existente es el occidental. En América hasta hace relativamente poco tiempo, no éramos hombres, sino bestezuelas. Fuimos hombres por asuntos de orden político, ya que de no habérsenos reconocido ese estatus, uno de los poderes medievales de Occidente se hubiera quedado sin materia de intervención en América. Es decir, somos hombres por casualidad o por coyuntura, pero no nacimos hombres. El mismo caso aplica para cualquier “hombre” no occidental.
En la naturaleza no hay nada que se parezca a una regla, ya que todo son tendencias entrelazadas que eventualmente producen efectos parecidos a las reglas. Del mismo modo, no hay nada que ocurra racionalmente, esa es una forma de mirar Occidental, no exclusiva, pero si con una enorme carga de prioridad a la hora de entender/construir al mundo.
Sistemas solo hay uno: el sistema en el que nos movemos, en el resto no hay sistemas, pero vistos desde el sistema si lo parecen. De hecho lo son, en tanto que si se mira desde el sistema no hay otra perspectiva que la del sistema. Podemos decir que fuera del sistema lo que hay son sistemas, muchos sistemas tal y como dice Morin y antes Bergson. O sea, no hay un orden, sino muchos órdenes, lo cual apenas rescata sentido.
El problema del sistema no es su existencia ni su inflexibilidad instantánea (a la larga suele ser flexible, aunque esto solo ocurre en la memoria histórica), sino sus aspiraciones excluyentes. El sistema no acepta otra realidad que la suya. Puede partirse en variedades diversas de si mismo, pero no tolera a lo que no es él, en cualquiera de sus versiones. Ese es su problema y el nuestro. Problema de él en tanto que vive constantemente amenazado y problema nuestro en tanque que nos ahoga.
El sistema es lo que podríamos decir (no sin un fuerte abuso del lenguaje) el orden humano (de hecho no hay otro tipo de orden), es cuando lo humano se separa del universo. O sea es cuando nace el humano. La misión del humano es reintegrarse al universo sin cargar con él al sistema. Hay que integrar el juego de la inteligencia al juego de las percepciones, o sea, ahí en donde la inteligencia no se piensa al pasar por los sentidos como cuando el orgasmo, o cuando la brisa pega en el rostro de la inteligible mañana.
El sistema no es más que la expresión del despotismo animal. El sistema nos regresa a nuestra condición de bacterias.

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El sistema es el sistema de control, pero para poder inteligirlo es necesario conocer los sistemas que opera y que tienen cierto grado de autonomía dentro de los múltiples puntos de contacto que conservan.
El sistema, esa palabra inasible, huidiza que más evoca a la demagogia que a un término con significado concreto. El sistema es inasible, ininteligible porque convivimos con el de manera necesaria. Al sistema comúnmente se le identifica con lo peor del mismo, o sea, con los aparatos represivos y de gobierno, el resto permanece oculto, como algo necesario para la existencia, algo que no podría ser otra cosa distinta de como es; algo que podría mejorarse pero que definitivamente se conservaría como es, sin perder su esencia, su ser.
En efecto, el sistema está ligado a la vida, a la subsistencia y a la mínima convivencia, necesaria y obligada entre los humanos. Pero el sistema que caracteriza a nuestra época es el sistema de control, cuando hablamos de sistema, hablamos de control. Nuestro sistema se llama control.
En cualquier conglomerado humano necesariamente habrá de existir un sistema, un subsitema o alguna forma de satisfacer necesidades hídrico-sanitarias, el cual no necesariamente tendría que ser un elemento de control. En nuestro sistema las necesidades hídrico-sanitarias son un elemento de control, y por esa vía se integran al sistema. Al igual que el sistema hídrico sanitario, todos los subsistemas y sistemas están atravesados por el sistema de control, el cual procede como pastor de ovejas: lleva a sistemas y subsistemas por caminos que convienen al sistema para seguirse perpetuando. No importa la forma, la perpetuidad del sistema es la importante. Se puede ser comunista, autonomista, capitalista o cualquier otro “ismo” sin que el sistema sufra apenas cambios de forma. La sustancia se conserva, de ahí que el sistema lo sea.
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Jorge Luis Muñoz