Autonomía

Notas Sobre Autonomía y Resistencia Para el Siglo XXI

Trayectoria

La Grilla Ciudadana


Mi paso por la grilla ciudadana comenzó con la CND. Me entusiasmé tanto que incluso fui a Querétaro a una de tantas reuniones estériles de la misma. Era asiduo concurrente al sindicato de costureras en donde nos reuníamos una serie de individuos y organizaciones independientes para discutir maneras de participación. Incluso, desprendido de esas reuniones fui a parar a unas que organizaba el PRT de Pedro Peñaloza (en aquel entonces).
Las reuniones que tutelaban los perretistas eran desoladoras. Me animaba cuando llegábamos a la parte de la formulación del plan de trabajo, siempre esperaba algo que fuera trabajo o lo que yo entendía como tal, pero siempre era pura grilla. Los planes consistían en movilizaciones y fechas. Que si un mitin, una marcha, un volanteo o algo parecido. Todo su accionar consistía en una imitación de la movilización bolchevique, pero sin el dinero de los alemanes ni la inteligencia conjugada de un Lenin o un Trotsky para aceitarlo, así que todo era fracaso, o pura acción estéril.
Al principio me desconcertaron los planes de trabajo, no daba crédito a lo que oía, por lo que pensé que no había entendido. Pero después de algunas reuniones, todos los planes eran lo mismo: fechas y movilizaciones grilleriles. Nada de trabajo entre la gente, nada de intervención en comunidades, nada de construir algo para sustentar la vida, nada de nada, pura grilla. Además como me miraban con desconfianza, deje de ir y concentré mi presencia en el sindicato de costureras. Ahí conocí a Pedro Castillo que nos echaba unos choros que no entendía, pero el tipo parecía bien intencionado y eso me bastó para acercármele.
En costureras nos considerábamos parte de la CND, y nos reuníamos con la vaga intención de hacer “algo”. Pero había puros generales, ningún soldado, así que nunca llegamos a nada, salvo algunas reuniones a las que asistieron algunas organizaciones, mucho espectáculo pero no salió nada.
No se como pero terminé ligándome a Pedro Castillo, fui un tiempo a sus reuniones pero como no surgía nada, me concentré en la CND de Xochimilco. Pedro en ese entonces andaba con Tomás Mojarro, quien entonces tenía un programa de radio en que se la pasaba echando chorizo, que a mi me gustaba pero que me parecía estéril. Así se lo insinué a Pedro, aunque sin efecto alguno. Con pedro coincidía casi en todo, juntos compartíamos la idea de que había que crear un movimiento en el que todos cupiéramos. Que si alguien podía participar dos horas, que en esas dos horas hiciera lo que le pareciese, ya sea ligándose a un proyecto o creando el suyo. Pedro venía de crear cooperativas, tiendas de abasto y algunas otras intervenciones comunitarias aunque nunca supe de bien a bien cuáles ni en que consistían.
Pedro le hacía la lucha por incorporarse al gobierno para sacar dinero y financiar sus ideas, pero nunca pudo hacerlo, le decían (no en su cara) que ya estaba viejo y pendejo.
Como nunca tuve claro qué onda con Pedro, me alejé de él y me concentré en la CND de Xochimilco. Ahí tampoco hubo nada salvo la fecha de la próxima reunión. Románticamente propuse que hiciéramos trabajos de carpintería para financiar el movimiento, poco pego. Tuvimos incluso gente del ejército como infiltrados, pero ya no volvieron, así de pendejos nos consideraron.
Nos visitó Marcos. Filiberto, uno de nuestros compañeros se echó un rollito en el deportivo al lado de Marcos, ayudado por su novia que en ese tiempo andaba de catarsis y se le pegó a Marcos, incluso fue a Chiapas (hoy ya hizo su maestría y nada sabe ya de militancias ni grillas) y pudo convivir con el mismísimo Dios.
Poco a poco se fue deshaciendo el grupo hasta quedar unos cuantos integrantes: un lanchero, dos guerrilleros, el fili, la lola, uno con cara de menso, mi esposa y yo. Los dos guerrilleros (una parejita de hechuras bolcheviques) desaparecieron y nos corrieron a mí y a mi mujer; por terciar
yo en la idea que me había excomulgado de la cabeza de Marcos, consistente en que en la organización que creásemos deberían caber todos, que lo importante era tener proyectos y que todos, incluidos los orejas del ejército, gobernación y demás bichos priístas o panistas, trabajaran en los mismos, que el trabajo mismo los integraría o excluiría. Yo desde luego le había mandado algunos escritos a Marcos, e incluso en alguna de sus declaraciones creí que rescataba mis ideas de autosuficiencia comunitaria, ideas que ya no siguió promoviendo.
Era perredista y activista ciudadano, así que cuando me corrieron de la CND que se había transformado en zapatista me fui a fundar el MTS con Marco Murueta y regresé con Pedro Castillo, con Marco no hubo nada y me concentré con Pedro. Estuvimos en el gran plantón de reforma, al cual yo asistí poco. Unos compañeros habían sido diputados, funcionarios y mujeres que habían trabajado en el gobierno. Todos buscaban que después del plantón les dieran chamba. Pedro era el único que buscaba más que eso. Pasado el plantón le prometieron a Pedro un huesote que nunca llegó, con él pensaba Pedro armar un movimiento ciudadano. Pero se peleó con Rojas y todo quedó en el aire, incluso rompió con los buscachambas. Todavía le hizo la lucha con dos exsenadores bajacalifornianos que se trajo Ebrard, pero nada. Poco a poco los buscachambas se fueron alejando y los grillitos ilusos también lo hicimos.
Por ese tiempo Marcos se descolgó de nuevo al DF, y lo fuimos a ver a Milpalta, para eso nos habíamos juntado individuos y organizaciones del sur. Estaban comuneros de San Pablo, chavitos activistas, alguna organización zapatista de San Pedro Mártir, hasta llegó algún español y desde luego, los infaltables enviados de Marcos tocados de luz divina. Nos reunimos varias veces y cuando empezó a haber serias desavenencias, el grupo se deshizo. Había una idea general de autonomía, pero los enviados de Marcos insistían que no, que las reuniones solo deberían juntar gente y definir cómo recibir al famoso subcomandante.
El grupo se recompuso y abandonó San Pablo para reunirse en una casa del grupo zapatista que me había corrido. Sorpresas que da la vida. En la primera reunión como los enviados de Marcos insistían en lo mismo, me fui y me aplaudieron.
Surgió entonces el movimiento del Peje de 2006, me sumé gustoso y cambié mi columna del “Ahuejote”, periódico local, por una relativa al movimiento. Lo más destacado fue que logramos reunir mediante llamadas telefónicas a varios grupitos de gente. En Santa Cecilia logramos dos reuniones consistentes en un grillo de pueblo, varias amas de casa despistadas y un dirigente enviado por el Peje medio imbécil. Era un tal Eduardo, que al igual que los enviados de Marcos, solo iba a imponer los lineamientos del peje consistentes en organizar a la gente para que llamara a votar en su momento o para que acudiera a los llamados del Peje. Nada más podía hacerse. Externé mi opinión de que había que impulsar la “organización” autónoma pero no, había una línea clara que el tal Eduardo no transigió. Obvio, me fui. Dejé de escribir al poco tiempo y aquí estoy, en esta web, una vez que no cupe en ningún lado. Ni modo, será en la otra vida porque ya estoy viejo.
Aprendí que todos andan en el negocio de conseguir la papa, la fama o el poder. Ahora me queda claro, el sistema está bien hecho. No están mal los que dicen que hay que esperar movilizado a que el sistema muestre debilidad. Es solo que parece que nunca aprenderemos que el movimiento bolchevique lo pudo hacer mientras la burguesía aprendía. Ahora ya sabe como deshacerse de los resentidos o como integrarlos o neutralizarlos. De los otros, los no resentidos o que quieren que el resentimiento no gobierne su vida; de esos, se encargan los resentidos que dicen pelear por el pueblo.

Jorge Luis Muñoz
Febrero de 2012